México.- Luis Armenta Malpica nació en la Ciudad de México en 1961 y radica en Guadalajara, Jalisco desde 1974. Es fundador y director general de Mantis Editores, sello especializado en poesía desde 1996, con un catálogo superior a los 420 títulos impresos, quince en ePub y algunos audiolibros.

“La poesía mexicana debería ser considerada como tal, mientras provenga de la tradición que parte de Ramón López Velarde (por considerar solamente la poesía moderna) y alcanza un punto cumbre con Los Contemporáneos. Pero este grupo no realizó, como lo hicieron los Estridentistas, una manifestación común; cada uno de los enormes poetas que formaron Los Contemporáneos tiene un sello distinto, incluso en temas y lenguajes compartidos, así que me quedaría corto. Octavio Paz y Jaime Sabines representaron durante unos años la dicotomía de los lenguajes poéticos en nuestro país y, sin embargo, ninguno puede considerarse un poeta mexicano nada más por representar una corriente opuesta y popular en su momento. Paz ha sido el más universal de nuestros grandes poetas, así que, por ahora, diría que no encuentro una línea a la cual denominar ‘poesía mexicana’ que vaya más allá del discutible punto inicial e inexacto: la geografía nacional”.

De unos años a la fecha, Mantis Editores ha incursionado en la traducción y promoción de autores mexicanos en otros países e idiomas, principalmente con las muestras de poesía reciente tituladas Caravansary, preparada por Luis Alberto Arellano, traducida al árabe por Ghadeer Abusneineh y al portugués por Paulo Ferraz, bajo el título de Versiones acústicas/Versões acústicas o Le pays sonore. 9 poétes mexicains (Le Temps des Cerices, Écrits des Forges, Mantis Editores, Quebec, París, 2008), selección preparada en especial para el Salón del Libro de París y el Salón del Libro de Montreal. Al alemán con Trece mantis en un jardín germano / Dreizehn Mantis in einem deutschen Garten (Mantis editores, 2013), el cual obtuvo el premio al mejor libro de poesía publicado en 2013 durante la V Feria del Libro Independiente de la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI) en las librerías del Fondo de Cultura Económica (FCE).

-¿Quiénes son los protagonistas contemporáneos de la poesía mexicana?

-No es fácil determinar el protagonismo de la poesía actual. Las redes sociales han cambiado mucho el panorama de quien aparece con frecuencia y aquellos poetas importantes que, por discreción o por edad, no se asoman nunca o casi nunca a foros de discusión, plataformas, Facebook, IG, etc., lo que ocasiona que muchos más poetas jóvenes den charlas, escriban en revistas y blogs y reseñen o presenten sus libros en medios digitales que los poetas de más edad.

Digamos que se hacen famas más o menos veloces entre la gente joven o de cierta generación en adelante, y en cambio no vemos en el Facebook la intervención directa de Eduardo Lizalde, nuestro poeta vivo más importante, o de Coral Bracho, David Huerta, Óscar Oliva o Gloria Gervitz: aparecen porque los citan, suben sus lecturas y su participación en festivales, pero hasta allí. Por otra parte, están los poetas reconocidos (que la gente o el gremio ubica), o los prestigiados (más allá de la fama), o los más citados y leídos entre los jóvenes. Y en estos tres casos (por mencionar unos pocos) encontraría enormes diferencias. No siempre el famoso es el que tiene más premios y, por supuesto, tampoco está implícito que sea el más influyente entre un público distinto al de su generación o círculo de contacto. Me da la impresión de que entre las poetas hay una creciente necesidad de tomarse en cuenta entre ellas, de rescatar a otras poetas olvidadas o no tan reconocidas en la actualidad; así también ocurre entre los colectivos como el lgbt o los movimientos underground, los poetas de corte social, quienes difícilmente acudirán a los poetas que consideran burgueses o snobs.

Conocí a Luis hace algunos años en Hermosillo y su participación en aquel Encuentro me pareció sobresaliente, muy por encima del nivel de sus compañeros de mesa. Desde entonces le seguí la pista. Es un autor mucho más discreto de lo que algunos piensan. Debido a su trabajo editorial, su nombre va emparejado con la edición independiente de poesía, en la publicación de traducciones de poetas extranjeros en México y de mexicanos en otros países. Como poeta considera que no tiene el mismo protagonismo. “Una vez lo hablamos José Ángel Leyva y yo. México es tacaño con sus artistas y el propio gremio es mezquino: si eres un poeta que no hace más que poesía, incluso si sólo buscas tu provecho, estás mejor visto que si realizas la doble labor de escribir poemas y editar poesía. Les resulta sospechoso y hasta creen que eres editor para beneficiarte, como si preocuparte por el trabajo ajeno estuviera más cerca de su explotación comercial que de la complicidad del oficio”.

Cree ser una persona difícil, por franco, orgulloso y arrogante, pero también por timidez, “entonces mi trabajo les puede parecer pretencioso, hermético o complejo”. Sin duda, la narrativa es un terreno de mayor difusión, las instituciones mexicanas privilegian en las ferias y salones extranjeros a los narradores. Las editoriales comerciales los prefieren. “Pero me mantengo fiel, escribiendo narrativa desde la poesía. Ensayando el poema propio y los poemas ajenos. Si esto lo ve la crítica (si hay crítica) tampoco me interesa. No escribo para los amigos, pero resulta confortante que a algunos les interese mi obra, incluso que les guste”, nos platica Luis, desde algún rincón de Guadalajara.

-¿Qué aporta la poesía mexicana a la poesía hispanoamericana?

-Este tema es más sencillo: en el panorama latinoamericano (para excluir a España, que me parece todavía muy tradicional en sus propuestas generales), junto a la Argentina, Chile y Perú (Uruguay en menor grado), México tiene las apuestas más arriesgadas y los discursos más amplios del continente. Es decir: lo mismo conservamos una vertiente convencional en algunos lenguajes y tratamientos, el manejo lírico o emocional del hablante principal, que la deconstrucción de formas, la hibridación de géneros (narrativa, ensayo, crónica, etc.) en el contexto poético y una curiosidad cada vez más rica por otras tradiciones más allá de la española. La inglesa (Estados Unidos, principalmente), los poetas polacos, daneses, lo que ocurre con ciertas minorías (poetas vietnamitas en EU) y, por supuesto, los discursos de género que han ampliado sus vertientes más allá del erotismo, la posición social, la crítica al patriarcado y demás referentes de los años 80 y 90.

El aporte no es por cierta “mexicanidad”, es por los poetas mexicanos que participan de maneras novedosas en el abordaje del discurso poético, enriquecido por los aprendizajes del hermetismo italiano, el neobarroco trasplantino, la experiencia directa, coloquial, fragmentaria, incierta y desenfadada de la poesía norteamericana y esas mixturas que se adentran cada vez más en la poesía continental y viene de la mano de ciertos canadienses angloparlantes: Anne Carson, Mark Strand, Margaret Atwood, Leonard Cohen, etc. El toque latino radicaría en que no son lenguajes o acercamientos tan fríos hacia la experiencia personal, propia, sino que hay un rasgo más orgánico en la poesía hispanoamericana. Para muestra, algunos poetas que radican en Estados Unidos, como los venezolanos María Auxiliadora Álvarez o Adalber Salas Hernández, el uruguayo Eduardo Espina, el chileno Enrique Winter y otros. De México (aunque va y viene de EU al país) Cristina Rivera Garza.

En 2014, Mantis Editores obtuvo el premio Nichita Stànescu por la promoción de la literatura rumana contemporánea, durante el Salón Internacional del Libro de Chisinev en la República de Moldavia y fue la primera editorial, no institucional, en aparecer en el boletín del Conaculta y la Feria Internacional de Minería le otorgó el “Metro de Oro” como una distinción especial. Recientemente resultó única finalista del Premio Caballo Verde de Poesía 2018, que se concede a la mejor editorial independiente de México y obtuvo el Premio Internacional de Literatura Ileana Espinel Cedeño a la Trayectoria Editorial, concedido a Luis Armenta Malpica, en Guayaquil, Ecuador, en 2019.

Sobre las consecuencias del encierro durante esta pandemia y el efecto que esto podría tener en la manera de concebir y escribir poesía, Luis cree que todo cambio, por mínimo que sea, puede modificar la manera de pensar la poesía. “Para algunos ha sido presenciar un relámpago (Gonzalo Rojas) o la manera de observar un mirlo (Wallace Stevens). Los grandes acontecimientos sociales (Raúl Zurita), la enfermedad (Abigael Bohórquez), la forma en la que cambia el mundo (Hart Crane), pero también los actos más pequeños (Szymborska). Por supuesto, una pandemia como la del coronavirus, un encierro forzado que lleva varios meses, nos va a obligar a repensar el mundo. Y el poema es el vehículo de dicha percepción. No es gratuito que circulen tantos poemas y muestras de poesía, por incipientes que sean, en los blogs y en las redes. Todos queremos manifestar qué ocurre con el ser humano frente a este 2020 tan caótico. Habrá quienes, de manera optimista o por sublimación, por desacralizar los temas o alejarnos de lo más inmediato sigan compartiendo versos leves, chistosos. Esto no significa que no sufran la pandemia o tengan hambre. No se responde con un texto por cada preocupación social. Yo no creo que sea así”.

-¿Qué piensas de los poetas de tu generación? ¿Están escribiendo a la altura de la demanda de los lectores jóvenes?

-Los poetas no escriben para un público específico. Si lo que dicen las encuestas es verdad y Elvira Sastre es más leída que Cristina Rivera Garza, espero que no se le esté ocurriendo banalizar su escritura para acercarse a esos jóvenes. Me entiendo mucho mejor con la generación inmediata anterior a la mía: José Javier Villarreal, Jorge Esquinca, Ricardo Castillo, o las siguientes: Luis Vicente de Aguinaga, Luis Aguilar, Christian Peña. Así que hablar de mi generación me costaría trabajo. Hay poemas como “Hoy que murió Jacques Derrida (octubre 8, 2004)” de Óscar David López (1982) al que los jóvenes que aclaman a Yuya no van encontrarle sentido. Así que estar a la altura del lector hipotético, del lector cómplice, inteligente y curioso, sí es importante, no la edad del lector.

Este día de junio no llovió, pero el cielo estuvo siempre amenazante, con hermosas nubes que transpiraban luz, entonces le pregunto a Malpica, con cierta nostalgia, sobre su infancia y su familia: “Nadie habita una ciudad como Guadalajara sin confundirse en otra, más íntima y oscura: la remota ciudad de la poesía. Yo venía del ballet, de expresar con el cuerpo la emoción y mis dudas. Entonces me di cuenta que el cuaderno servía para lo mismo, que una revelación y alguna rebeldía siempre le vienen bien a la palabra y el cuerpo escritural estaba allí, latente, esperando por una disección más minuciosa. Mi padre puso a mi alcance tantos libros de viajes (Salgari, Verne y Swift) y de cuentos (de la Biblia a Andersen y Perrault), que la poesía fue una magia que quise recorrer con todo el cuerpo. Esto fue de pequeño, porque en la adolescencia y juventud leí más de filosofía que de literatura. Pero jugué futbol, tuve un grupo de teatro e hice muchos amigos. El cambio del DF a esta ciudad me hizo buscar en la expresión artística mi propia vocación de ser humano”.

“Yo era un joven con la diversidad al descubierto y sin un sitio cómodo en el mundo. Imaginen a ese Lobo estepario, a ese fiel Barrabás que no tenía un cuaderno (sino un cuerpo) para lograr su escape”.

-¿Qué piensas de que los jóvenes poetas incorporen soportes alternativos como video, música, stickers, etc?

-Como editor estoy obligado a leerlos y como lector persigo de manera obstinada lo que se está escribiendo. Me cuesta trabajo separar la poesía de su soporte básico (la escritura, el libro) cuando se arropa con música o video. La disfruto como experiencia aparte, si acaso no me estorban algunos distractores: la imagen, que siempre estará encima de la voz, la música de fondo o acompasada a un texto (que trae su propio ritmo), la danza, la pasarela o ciertos movimientos al rapear un poema, etc., todavía me distraen. Lo que hago es regresar a la escritura del poema: leer la obra, si es posible, de aquellos que pusieron el video o hicieron la performance. Y entonces, con más calma, reconocer, o no, si le llamo poesía.

Luis Armenta Malpica pertenece a la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y obtuvo la beca de edición Juan Grijalbo, el Estímulo a la Producción (EPRO) de Obras Literarias en 2013 por el proyecto “Poesía mexicana en lenguas del mundo”, cuyo objetivo fue la traducción al portugués y publicación bilingüe de diez poetas mexicanos, cuyos libros se promueven y distribuyen en Brasil y Portugal, programa coordinado por el Conaculta e INBA. De igual modo, se concluyó satisfactoriamente con la emisión 2013 del Programa de Apoyo a la Traducción (PROTRAD) para la traducción al español y publicación bilingüe de los autores quebequenses Paul Bélanger (Recovecos. Morada del agrimensor), Denise Desautels (Sepulcro de Lou) y Louise Dupré (Más alto que las flamas), todos traducidos por Silvia Pratt.

 

-Como escritor en la diversidad, ¿sientes que ha habido alguna diferencia entre tus compañeros y compañeras heterosexuales, en tu andar por el mundo literario?

-Cada vez menos. En Guadalajara, en la de antes, era muy notoria la homofobia. No la sentía o se disfrazaba, no estoy tan seguro. Pero los comentarios siempre iban en esa dirección denostativa, hiriente.

Mantis Editores proyecta la participación de sus autores y títulos dentro de importantes ferias nacionales e internacionales, como la FIL Guadalajara (en todas sus ediciones), la Feria del Libro de Minería, UANLeer, las Ferias del Libro de Barcelona, Colombia, Ecuador, Costa Rica y Cuba, entre otras, y el Festival Internacional de Poesía de Trois-Rivières, Quebec.

-¿Consideras que hay una renovación en la poesía mexicana o sigue siendo, como decía Cuesta, una buena adaptación de poéticas extranjeras?

-En un mundo global, ya no podemos permitirnos fronteras geográficas y menos culturales. La dificultad radica en mantener el tono individual, la rareza de una voz (como la de los contratenores) en un mundo en el que todos cantan lo mismo o de una manera similar. Adaptamos tradiciones y mecanismos distintos a una corriente (que puede ser tradición, a su vez) que será nutricia para otros y que, inclusive, puede revertir sus efectos en alguna corriente que se creía primaria. Hay tanta renovación en la poesía mexicana como en la de otros países. Y hay tanta mala poesía, también (cursi, pobre de significantes, unidireccional, de ínfulas transdisciplinarias fallidas) como en otras latitudes.

El futuro de la poesía, frente a la modernidad y la tecnología, es acompañar al ser humano en su andar por la vida. “Los soportes del poema han variado de la tablilla de arcilla y el papiro, de boca en boca, de mano en mano, a la aparición de la imprenta, a la multiplicación veloz, y mira ahora; tenemos un regreso al libro artesanal, de tipos móviles, tonsurados o en papeles magníficos (reciclados o no), pese al ebook, al ePub, a los tantos soportes digitales. El libro no es una extensión del cuerpo sino de las capacidades humanas, de su memoria y de su imaginación. Lo que hace es adaptarse, lo mismo que hace el ser humano, a su tiempo y espacio”.

Luis Armenta fue nombrado curador único del Festival Internacional de Literatura y Arte de Houston–San Antonio de la Casa Cultural de las Américas en 2019. También obtuvo el Premio Internacional de Literatura Ileana Espinel Espejo a la Trayectoria Editorial en Guayaquil, Ecuador. Fue primer finalista del Premio Letterario Internazionale Camaiore (Italia) por Chiamatemi Ismaele (Trad. de Alessio Brandolini, Fili d’Aquilone, 2019) y en 2018 el Nombramiento como Cavaler al Poezie Capitalei Marii Uniri Iasi durante el Festival International Poezia la Iasi, Rumania. En el ámbito nacional obtuvo el Caracol de Plata del Festival Letras en la Mar de Puerto Vallarta, Jalisco, organizado por la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega y la Universidad de Guadalajara en 2017. La Presea del 20 Encuentro Internacional de Poetas, Zamora, Michoacán en 2016 y en 2015 fue homenajeado en el Encuentro de Literatura de la Región de los Ríos, Palizada, Campeche, entre otros importantes reconocimientos internacionales y nacionales.

-¿Qué poetas o poemas mexicanos que lees son o han sido leídos con predilección por otros poetas mexicanos?

-La generación que me antecede, por ejemplo, veneraba a Octavio Paz, Alí Chumacero o a Rubén Bonifaz Nuño, por hablar de poetas mexicanos. Mi generación se volcó más por la posterior, así que prevalecen Francisco Hernández, Coral Bracho o Jorge Esquinca. La generación de los 70 se volvió más plural, lo mismo les gustaba Ricardo Castillo que Elsa Cross. Con la llegada de los poetas nacidos en los 80 es que la tradición mexicana pierde fuerza. Si bien desde siempre se ha volteado hacia la poesía francesa, italiana o inglesa, esta generación le dio énfasis a la poesía no escrita en español. Para ellos son mejores lecturas Rae Armantrout o Kenneth Koch que Los Contemporáneos. Y si bien, Sharon Olds es estupenda (sobre todo con El padre), no tiene que envidiarle poderío la obra de Olga Orozco. Las generaciones emergentes son inclasificables: lo mismo van de Mario Montalbetti y de Arturo Carrera al mexicano Sergio Loo y a los poemojis.

La rutina diaria que lleva Luis en esta cuarentena obligatoria, no difiere mucho de su vida normal. Trabaja en casa, por lo que tiene horarios establecidos. Sólo que, por ejemplo, en lugar de salir al gimnasio, hace ejercicio en casa; en lugar de salir a dar su taller, da asesorías virtuales; en vez de lecturas y presentaciones de libros, utiliza el streaming. Bebe café con amigos por medio de Zoom o por videollamada y hace cenas los fines de semana con su esposo: beben vino, escuchan música especial y decoran con flores. El encierro también le ha servido para leer mucho más, para estresarse menos con los viajes de trabajo, con las largas esperas en los aeropuertos y los traslados. “Tengo salud y trabajo, lo cual agradezco. Me la paso muy bien”, y eso, sus amigos y seguidores, lo agradecemos mucho. Larga vida a la poesía y sus editores.

Las fotos que acompañan esta entrevista fueron tomadas de la página de Facebook, del autor.