México.-Abrió una lata de atún convencional, y se encontró con una desagradable sorpresa. Ante el inesperado hallazgo, el colombiano Sebastián Heredia decidió este sábado compartir en la red social Twitter dos fotografías de la conserva que iba a comerse y pidió explicaciones públicamente a la empresa responsable de la marca.

Finalmente Atún Van Camps ha hecho frente a la alud de tuits sobre la marca y la pequeña “garrita” con una respuesta estandarizada y la petición de datos concretos a los presuntos afectados –que se han multiplicado en pocas horas–, como número de lote y fecha de caducidad. Una auténtica crisis de reputación digital.

“Hola Atún Van Camps, me salió esta garrita con 6 dedos, ¿gané algo?”, les espetó con ironía. Su queja se ha viralizado con más de 3.000 comparticiones en apenas 24 horas. Otros usuarios han tomado prestadas las imágenes para tuitear también la historia, en ocasiones como si fuera su propio hallazgo.

Los usuarios lo tomaron con humor, pero para la empresa significó una gran crisis.

El tuit original ha recibido cientos de respuestas, entre muestras de apoyo, exigencia de respuestas a la conservera, sospechas de montaje, memes y comentarios jocosos. Uno incluso ha aportado una pista relevante sobre la pequeña garra animal dentro de la lata: por su aspecto, número de dedos y uñas, podría tratarse de la extremidad de un pequeño topo.

El hallazgo significó un gran problema para la empresa, pero los usuarios lo tomaron con humor, incluso recordaron y compartieron otros objetos que se han encontrado en las latas de atún.

Pata de topo

Pata de topo.

La empresa ha respondido al usuario y a sus interlocutores con la promesa de “revisar” la información, “investigar a fondo la situación” y “aclararla lo más pronto posible”. Ante la insinuación de dudas sobre la veracidad del caso, Heredia replicó que las fotografías eran auténticas y no un “fake” y volvió a exigir a la marca “más control sobre sus productos”.

Finalmente Atún Van Camps ha hecho frente a la alud de tuits sobre la marca y la pequeña “garrita” con una respuesta estandarizada y la petición de datos concretos a los presuntos afectados –que se han multiplicado en pocas horas–, como número de lote y fecha de caducidad. Una auténtica crisis de reputación digital.