Por ser una de las zonas que más buscan perfeccionar tanto hombres como mujeres, muchas son las creencias que giran a su alrededor. Si bien existen formas de endurecer la panza, varios mitos se adjudican tal efecto y son simplemente falsos. Sepa qué es cierto y qué no a la hora de lograr un vientre plano.

  1. “Para tener abdominales marcados es necesario seguir una dieta baja en carbohidratos”.

Falso. Tanto los carbohidratos como las proteínas deben estar presentes en cualquier dieta, en especial si se quieren desarrollar o definir los músculos. Los planes alimenticios efectivos son aquellos que ofrecen una combinación de todos los grupos de alimentos. Lo que sí hay que tener en cuenta son las calorías y las cantidades que consumimos. Además, los carbohidratos funcionan como fuente de energía y son necesarios para el correcto funcionamiento de muchos órganos.

  1. “Hacer abdominales ayuda a eliminar la panza”.

No es verdad. La grasa abdominal sólo puede reducirse a través de ejercicios aeróbicos (bicicleta, cinta, etc.) y una dieta baja en calorías. Los abdominales tonifican los músculos, pero no se deshacen de la adiposidad acumulada. De hecho, si no la eliminamos, por más que hayamos logrado una buena musculatura en el abdomen, esta última quedará oculta tras la pancita.

  1. “La mala postura contribuye a tener abdominales flácidos”.

Verdadero. Cuando mantenemos una postura inadecuada, ya sea al caminar, o estando parados o sentados, nos encontramos en estado de reposo. Esto provoca que no contraigamos los músculos abdominales y, en consecuencia, estos se debilitan y no desarrollan un buen tono muscular. Siempre debemos corroborar que nuestra columna esté derecha, con los hombros bajos y ligeramente hacia atrás, y no encorvada, ya que esto último hará que el abdomen se afloje y el vientre se abulte.

  1. “Para conseguir abdominales perfectos, es necesario realizar muchas series y repeticiones todos los días”.

No es cierto. Cantidad no es sinónimo de calidad. Realizar muchas repeticiones no tendrá ningún efecto si los ejercicios no son adecuados o no se realizan correctamente. Tanto el número de series como la velocidad no son tan importantes como la concentración dedicada a cada movimiento y contracción de los abdominales. El abdomen es un músculo más, y como tal debemos ejercitarlo lo justo y suficiente, evitando la sobreexigencia, y dejándolo descansar para que pueda recuperarse.

  1. “Si los abdominales no duelen, significa que no están trabajando”.

Erróneo. En ningún caso el dolor es señal de estar ejercitando un músculo. De hecho, una molestia puede ser una respuesta negativa o incluso el inicio de una lesión. Muchas veces, ya sea en la vida cotidiana o en el gimnasio (por ejemplo al hacer flexiones), no sentimos trabajar a los abdominales, y sin embargo lo están haciendo sin que siquiera nos demos cuenta.

  1. “El estrés y la falta de sueño pueden atentar contra el vientre plano”.

Es verdad. Dormir poco y estar estresado favorece el aumento de la hormona cortisol, la cual fomenta la acumulación de grasa en la zona abdominal. Un estudio realizado en la Universidad de Yale comprobó que, a causa del estrés, mujeres delgadas podían desarrollar un vientre abultado. Es por ello que combatir la tensión y dormir lo suficiente repercutirá favorablemente en nuestro cuerpo y nos ayudará a conseguir una panza chata.

  1. “Las cremas reductoras y los electroestimuladores abdominales son tan efectivos como el ejercicio”.

Completamente falso. Si bien ambos son buenos complementos para tonificar los músculos, sólo funcionan acompañados de un plan de entrenamiento y una buena alimentación. Las cremas reductoras son vasodilatadoras, es decir, facilitan la circulación sanguínea en la zona abdominal y, gracias a un aumento de temperatura, permiten la pérdida de líquido. Los electroestimuladores fueron diseñados originalmente para casos de rehabilitación, con el fin de evitar la atrofia en músculos inmovilizados. Funcionan manteniéndolos activos a través de una mínima estimulación, pero no queman grasas.

Información de Revista Buena Salud