México.-Al menos 52 reclusos murieron este lunes en un motín carcelario en la localidad de Altamira, en el estado brasileño de Pará (norte), informaron las autoridades locales. Indicaron que 16 de los fallecidos fueron decapitados.

“Fue un enfrentamiento entre bandas rivales. Dos guardias fueron tomados como rehenes, pero ya fueron liberados”, dijo el portavoz de la Superintendencia de Prisiones de Pará.

El portavoz añadió que los detenidos se rebelaron este lunes desde las 7:00 a. m., cuando los detenidos empezaron un duro enfrentamiento con armas artesanales, se encerraron en el salón y le prendieron fuego al local. Las llamas se propagaron por todo el pabellón y causaron la muerte por asfixia de otros presidiarios.

Equipos de la Policía Militarizada, de la Policía Civil y del juzgado de Pará se dirigieron al complejo penitenciario y contuvieron a los presos, así como negociaron la liberación de los rehenes.

La Superintendencia informó que todavía no ha identificado los nombres de los muertos ni tampoco de las organizaciones criminales involucradas, aunque señaló que se trataría de una facción que actúa a escala nacional y de otra, a escala regional.

“Estamos realizando una inspección y haciendo el recuento de los presos, por lo que el número de muertos y heridos aún puede crecer”, señaló la portavoz de la institución por teléfono.

Una vez controlada la situación, los reclusos involucrados en el ataque fueron trasladados a celdas individuales y se encuentran aislados de los demás. De acuerdo con la Superintendencia, no había informaciones o señales por parte de los servicios de Inteligencia que indicasen un posible conflicto en el presidio.

El Centro de Recuperación Regional de Altamira, situado a unos 850 kilómetros de la capital regional de Pará, Belém, tiene la capacidad para 200 presos, pero alberga actualmente a 311 personas.

Esta es la segunda mayor masacre en presidios brasileños en lo que va de 2019. En mayo, 55 reclusos fueron asesinados en menos de 48 horas en cuatro prisiones de la ciudad de Manaos, también en el norte de Brasil. Este incidente volvió a generar un fuerte debate sobre las condiciones de las cárceles en el país.