El filósofo, sociólogo y crítico de arte Arnau Puig ha muerto este domingo en Barcelona a los 94 años a causa de una larga enfermedad, según ha informado la editorial Comanegra, que ha publicado cinco de sus libros.

Los artículos de Arnau Puig en ABC constituían preciosas miniaturas de Arte en formato periodístico. Contar con uno de los fundadores de Dau al Set, el grupo que engarzó la rebeldía vanguardista en el tiempo de silencio de posguerra, era todo un lujo.

La conciencia estética de Puig despertó el día en que cayó en sus manos el lujoso magazín «D’Ací d’Allà». Aquellas páginas de buen gramaje con pinturas de Joan Miró, conjugaban, según sus palabras, «un lenguaje culto y una profunda necesidad de conectar» con el público no especializado.

En 1947, Puig rubrica sus primeros artículos en la revista Algol, fundada por Joan Ponç y Joan Brossa; un año después impulsa Dau al Set con Joan Ponç, Antoni Tàpies, Modest Cuixart y J. J. Tharrats. En 1949 Juan Eduardo Cirlot se une al grupo.

En «Dau al Set, una filosofía de la existencia» (Flor del Viento, 2003), Puig contemplaba aquella constelación de espíritus tan diversos como una jugada imposible: «Sabíamos de dónde huíamos, pero no hacia dónde íbamos. Cada uno ha seguido su camino, pero con el tiempo se ha visto que el único Daualsetista auténtico fue Joan Ponç, mientras que Tàpies no, porque no es un subjetivista en sentido estricto».

Esa heterogeneidad de sensibilidades agranda la dimensión de Dau al Set como el movimiento más relevante de la modernidad estética en la España de los 50.

Memoria del pasado

La muerte de sus compañeros de grupo le dejó como el último superviviente, la memoria viva de Dau al Set. En 2012, el Instituto de Cultura del ayuntamiento barcelonés le dedicó una exposición que se explicaba como una «memoria del pasado, conciencia actual de la memoria». El recorrido biográfico y cronológico se completaba con una reflexión estética, filosófica y sociológica.

Biografía que se remonta a los años en que Puig trabaja de escribiente en Danone, recorre librerías de viejo y alterna la pasión surrealista con las teorías de Einstein y los poemas de Lorca. En 1948, su año decisivo, Puig viaja a Madrid para seguir un curso con Ortega y Gasset. La admiración por el filósofo le lleva a conocer a Julián Marías, el escultor Ángel Ferrant y el glosador Eugenio d’Ors.

Puig compensa el feliz desorden autodidacta con los estudios de Filosofía en la Universidad de Barcelona; gracias a una beca del Instituto Francés, en 1954 cursa Sociología del Arte y la Cultura en La Sorbona de París. En la capital francesa, donde residirá hasta 1962, vive los años del existencialismo y madura una cultura de alcance europeo: en 2017, el gobierno galo lo nombra Caballero de la Legión de Honor.

Profesor en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de la UB y la UAB, en 1968 dirige la cátedra de Estética de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB). Director de Instituto de Historia y Arqueología del CSIC en Roma, Puig se volcó en las colaboraciones periodísticas -ABC, «La Vanguardia», «El País», «Avui»- y el ensayismo: «Los pros y contras de la pintura abstracta» (1963), «Sociología de las formas» (1979), «Píndaro en el estadio» (1996), «De una filosofía de la itinerancia» (2011), «La filosofía de la inmediatez» (2015)…

Joan Sala, editor de sus últimos cinco libros en el sello Comanegra, recuerda las largas sobremesas en las que Puig hablaba de política, historia, viajes y, sobre todo, filosofía: «Aunque andaba muy delicado de salud, hizo vida social hasta el último día y ha conservado la mente clara hasta el último momento».