TESTIMONIO

México. - Estaba en la prepa 9 cuando conocí a José Peguero. Intercambiábamos libros de poesía y filosofía. Mi mamá no sabía que hacer conmigo, ya me habían mandado al psicólogo algunas veces y éste le sugirió que me apoyara en las cosas que me gustaban, entonces entré a los cursos de cuento y poesía de La Casa del Lago, que eran los más llamativos de esa época. Alejandro Aura era el maestro de poesía. Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro, alumnos del taller, quitaban los cuadernos a los de nuevo ingreso para ver qué escribían, quiénes eran. Entonces le quitaron el cuaderno a Pepe y dijeron: “¡oh!, tú sí puedes entrar”, y comenzaron a invitarlo a los eventos.

Todos los domingos se reunían a hablar y leer poesía joven latinoamericana, poesía joven francesa, inglesa y demás. En esa época empezaron a llegar Rubén Medina, Jorge Hernández (Piel Divina), juchiteco que hacía teatro y danza. Así le pusieron Mara Larrosa y Geles Lebrija. Había muchas mujeres y muchos hombres. Éramos como veinte en el taller, pero no a todos los invitaban a sus eventos.

El punto de reunión era El Café La Habana y algunas veces en casa de José Vicente Anaya, quien formaba parte de otro taller al que iba la mamá de Mara, Mario Santiago y los hermanos Méndez, Román y Cuauhtémoc, entonces ellos ya se conocían de antes de La Casa del Lago. Todos eran grandes lectores, una de las cosas que más nos unía era eso, intercambiar poemas, libros, la mayoría en fotocopias. No había internet, pero había bibliotecas.

Roberto tenía 19 años, yo tenía 17 y Juan Esteban tenía 15. El mayor era Anaya, pero no tenía nada qué ver con nosotros. En 1976 él ya trabajaba en el Departamento de Publicaciones del INAH y podía pagarse un departamento en la Roma, tener una biblioteca y estaba ya traduciendo Aullido, o sea, nos llevaba más de diez años. Era de una generación a la que no correspondían nuestros intereses ni nuestro modo de vida, ni nada. Pero su conocimiento de los Beats era tan basto como el de Mario Santiago. Nuestro acceso a la literatura norteamericana era en la biblioteca Franklin. Íbamos a las instituciones culturales porque no había de otra.

Círculos cerrados, la queja eterna

La historia de Mario Santiago Papasquiaro es más interesante porque él desde los 14 años era un buscador. Había, desde entonces, tratado de hacer una revista con José Antonio Suárez en 1974. En 1975 comenzaron a plantearse las ideas primigenias del Infrarrealismo: ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos? ¿Por qué los círculos son tan cerrados? ¿Por qué no quieren abrirse a nuevas ideas? Porque Paz y Monsiváis no tenían nada de vanguardistas, seguían escribiendo igual que siempre y en comparación con lo que se estaba escribiendo en América Latina, la suya era una literatura rancia. Y eran círculos muy cerrados, o les rendías pleitesía o no entrabas. El más abierto era José Revueltas, pero estaba marginado, y Efraín Huerta, quien nos abría su casa. Mario Santiago le decía “Infraín”.

David Huerta en ese tiempo no tenía una voz propia y se esforzaba mucho, como que quería ser poeta a fuerzas, y lo logró. Lo de nosotros era algo muy distinto porque, por ejemplo, para entrar al grupo de Octavio Paz, todo mundo escribía como Octavio Paz, y todos escribían lo mismo. Escribir como Mario Santiago era inusitado, era una poesía urbana; por ejemplo: “Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger”, este poema que escribió entre 1975 y 1976, es lo que va viviendo en la calle, los sentimientos que va teniendo de la gente y lo que se va preguntando; nadie estaba haciendo ese tipo de poesía, esas referencias cinematográficas, esa cosa tan visual; todos estaban tratando de imitar la otredad de Paz, el Yo, sentado en su habitación, encerrado, pensando en la inmortalidad y todo eso.

Entonces cuando estos jóvenes poetas comienzan a dejar la poesía intimista y se abren a la ciudad y comienzan a narrar lo que ven, es una absoluta ruptura con los cánones porque estaban más influidos por la poesía que se estaba haciendo en otras partes del mundo. Esa es la gran ruptura. Alejandro Aura, quien apoyó al grupo varios meses, aplaudía eso, y no es que Alejandro estuviera también escribiendo así, pero percibía que esto era una nueva literatura, que esto era una nueva forma de hacer poesía.

Aparte de esa nueva literatura, era la posición de jóvenes de 21, 22 años, que dijeron: “Vamos a cambiar esto que pasa en la literatura mexicana”. Políticamente, la mayoría había leído a Marx y estaban emparentados con los situacionistas. Las mujeres del grupo habíamos leído a Rosa Luxemburgo y seguíamos estos movimientos que estaban en el ambiente y que en México no se percibían mucho.

También estaba esa ola de feministas que tenían programas de radio y tal. La misma Rosario Castellanos, pero con esa literatura confesional; inclusive Pizarnik con su poesía surrealista, pero que finalmente era muy del Yo y de “lo que yo siento”. Y fuera de las cosas que escribió Renato Leduc hace como 80 años, no había nadie que describiera la calle. Por eso Aura apoyó las lecturas de los domingos. Paz publicaba a los surrealistas y no publicaba a las vanguardias.

Los infrasoles

Después de ocho meses juntos decidimos hacer un grupo. ¿Qué queremos hacer? “Romperle los sesos a la cultura oficial”, dice textual el manifiesto. “Ya no queremos estas mafias, queremos que la poesía se instale y forme parte del cambio de la sociedad”. Algunos querían implantar el marxismo, porque muchos de ellos, yo no, militaban con los trotskistas. Cuauhtémoc Méndez, a los 19 años, era líder sindical de una sección de la Secretaría de Salud y se estaba peleando con Joel Ayala, uno de los caciques sindicales más duros, quien ha sido acusado de represión, de asesinato y demás. Y Cuauhtémoc se paraba en los mítines y lo confrontaba.

Para ponerle el nombre al grupo fueron meses de discusión. Los manifiestos eran colectivos, porque en realidad eran producto de las ideas de todos. Mario y Roberto eran los más grandes y los más brillantes, ellos condensaron todo. Uno de los manifiestos (que no se llaman manifiestos porque no se atrevían a llamarlos así) de los que están publicados en Correspondencia Infra, está firmado por José Peguero y Rubén Medina y es una toma de posición de los que todavía estábamos en México, sobre cómo pararte en el mundo.

Las reuniones eran en casa de Bruno Montané, iban más de treinta personas, pero luego dejaron de ir, la mitad, más o menos, dijeron que no querían participar en esto y se fueron. En ese momento no éramos más de quince. “¿Cómo se atreven a hablar mal de Paz?”, se espantaron y se fueron.

Entonces Roberto se acordó de un libro de ciencia ficción que le acababa de prestar el papá de Bruno que tenía que ver con los infrasoles, esta cosa de ciencia ficción que era una sustancia que se sentía, pero no se veía y era la fuente de la energía. Estábamos en 1975 y el libro era de los 50s, entonces ahí quedó la idea de que éramos como los infrasoles: “Nosotros vamos a derrumbar el mundo, a imponer una nueva idea y sí, no nos van a ver, pero se va a sentir la energía”.

La idea era ir a todos los eventos de poesía. Gente que estuvo presente me contaba que llegaban los infras y se ponían a leer sus propios poemas en voz alta en talleres, presentaciones y lecturas; como diciendo: “Esto sí es poesía”, entonces les cerraban las puertas. Y también teníamos la bonita costumbre de llegar y robarnos los libros.

La primera vez que la cosa terminó en golpes fue en el taller de Martín Pescador en 1976, y fue la primera vez que Paz supo de nosotros, que yo recuerde. Siempre andábamos en grupo para todos lados, entonces, la compañera de Cuauhtémoc Méndez, Rosario Hernández, se atrevió a confrontar a Paz, pero su confrontación no tenía nada qué ver con la literatura, lo que hizo fue poner en entredicho la sexualidad de Octavio Paz. Nosotros estábamos ahí curioseando, bebiendo y comiendo, y Rosario se topó de frente con Paz, lo saludó y le dijo: “Mi muy querido y nunca bien cogido, Octavio Paz”. Él no le contestó, se fue. Y terminaron sacándonos a empujones y afuera estaban los jóvenes poetas seguidores de Paz y ahí se agarraron a golpes.

La ruptura con el mundo

Se estaban buscando nuevas formas de crear arte, pero en literatura estaban más cerrados, porque por lo menos en pintura, José Luis Cuevas estaba financiado por la CIA, con la idea de romper el nacionalismo en toda Latinoamérica, y no es que lo buscaran para que fuera un agente de la CIA, no, eso no pasaba, si no que decían: “Vamos a financiar a la gente que no quiere seguir con ese nacionalismo revolucionario, que no quiere seguir las ideas socialistas”. Pero casi todos tenían ideas socialistas. Cuba era el ídolo con el Che, y finalmente todos éramos hijos del 68.

El mundo estaba como en ruptura. Por ejemplo, Bruno y Juan Esteban eran de familias salidas del golpe de Chile. En casa de esos chilenos conocimos a Ángel Parra, hijo de Violeta, que había venido a tirar todo ese rollo de Latinoamérica. Esa era la época y nuestro grupo sólo condensaba todas esas ideas de ruptura. Finalmente, éramos fugitivos de las aulas académicas, pero había muchas ideas en toda la cultura mexicana que reflejaban lo que estaba pasando en Europa y Estados Unidos, esta cosa de “vamos a cambiar al mundo”.

Hora Zero fue un movimiento poético de principios de los 70s, nacido en Perú, cuyo principal manifiesto: “Palabras Urgentes”, también estaba en la posición de los poetas de terminar con las dictaduras, llevar la poesía al pueblo y transformar la sociedad para que fuera menos injusta y que el arte motivara a las personas.

Carmen Boullosa nunca nos soportó mucho porque ella sí quería ser parte de esa élite y lo logró. Boullosa dijo hace como 20 años que había orden de no publicar y no abrirles las puertas a los infras, “pero con eso les hicimos un favor, se hicieron famosos gracias a que los prohibimos”.

Bolaño se fue a Europa y nunca regresó. Mario Santiago se fue a finales del 77 y regresó en el 78. Estuvo en Suiza, Alemania, París e Israel. Ya sin Roberto se publicó “Correspondencia Infra”, dimos recitales y seguimos como si Roberto estuviera aquí. En España vivía de lo que podía, vendiendo la bisutería que hacían su mamá y su hermana, de cuidador de hoteles, trabajó de todo. Luego empezó a escribir una novela, ganó un premio y decidió vivir de eso. Roberto era muy disciplinado y siempre llevaba unas libretitas donde apuntaba todo lo que decían los demás. Era muy metódico. Algo que Mario nunca hizo, pero Mario era muy prolífico. Roberto no bebía y no se drogó nunca, nada más fumaba, tomaba café y Cocacola. Mario murió atropellado. Ya lo habían atropellado varias veces por ir leyendo, siempre estaba leyendo.

Mujeres infras

De las mujeres yo fui la primera que se fue de su casa, me fui a vivir con Peguero, me embaracé y tuve un hijo, y empezamos una vida más formal. Cuando tienes un hijo tienes que tratar de sobrevivir. José era más libre, todavía se iba a dar talleres fuera de la ciudad. Yo, como todas las mujeres de mi época, tenía que quedarme con mi hijo; me gustaba hacer de todo, pero mi prioridad era mi hijo, esa era la gran diferencia.

Ellos, los hombres del grupo, podían quedar de verse a las diez de la mañana y a las cuatro de la madrugada andar todavía vagando, se iban al café, a la cantina, a una lectura, al cabaret, y a nosotras ni siquiera nos dejaban entrar; además, la mayoría de las chicas tenían que llegar a dormir a sus casas.

Yo tenía que trabajar y llevar a la escuela al chamaco. Nadie tenía trabajo formal, no habíamos estudiado y nadie quería un trabajo de ocho horas. Agarraban algún trabajito de corrección de estilo y con eso la pasaban unos días. Todos terminaban por recurrir a sus familias. No podías llevar una vida así, de irte al café, al billar y pasarte ahí cinco horas y además tener un trabajo formal.

Yo nunca los dejé de ver. Trabajaba de modelo, de cuida niños, porque había que comprar la leche, los pañales, mientras Peguero trataba de publicar “Correspondencia Infra”. Mi familia nos ayudó durante los primeros diez años con el niño. Era como una mujer sola, pero era muy amiga de los Méndez y Mario Santiago, o sea, finalmente eran mis amigos, las únicas personas que yo tenía cerca. Mario Santiago me salvó de suicidarme. Era con los que yo hablaba, eran mi vida, yo nunca rompí con ellos.

Todos los que seguimos nunca quisimos dejar de ser Infras. Sabíamos que nunca nos iban a aceptar y decidimos publicar plaquettes, revistitas, pero como teníamos que pagar offset, era desgastante y era muy caro. Mario Santiago regresó con mucho impulso para mantener al grupo e hicimos recitales en Bellas Artes y en la cárcel de Cuernavaca, estuvimos ahí varios meses. Edgar Altamirano y José Peguero daban talleres en la calle y en la cárcel y exhibían películas en las colonias pobres.

Por debajo del sistema

Cuando se fue Mario Santiago, algunos decidieron migrar. Juan Esteban se fue a Europa, Piel Divina a París. Entonces hubo una especie de diáspora y los que nos quedamos éramos cinco o seis. Seguíamos haciendo cosas, pero ya más descentralizado. Había mucho movimiento, pero muy disperso. Cuando regresó Mario y vio que todo mundo se estaba yendo y era muy difícil aglomerar a la gente, llamó a gente nueva. Diez años después llegaron Mario Raúl Guzmán y Rafael Catana, pero muchos años después.

Todos hacíamos lo que podíamos, pero él único que sentía que tenía que seguir llamando gente era Mario Santiago. En los ochentas publicó “Aullido de Cisne”, que fue lo que él creyó que sería la inauguración de la editorial Infra y también le publicó a Ramón Méndez. Hizo algunas ediciones y hubo presentaciones muy divertidas, pero eran en la calle, no había apertura en otros espacios, no había lo de los cafés de ahora y las cantinas, todo era más callejero.

No había nada, dónde leer, dónde publicar, dónde dar un taller, nada, nada. Era como un desierto cultural, y lo poquito que había para la cultura estaba tomado por las élites. Seguimos haciendo lo que podíamos, escribiendo, dando lecturas, pero todo muy underground, muy fuera del sistema y eso nos convertía en marginales. Todo lo que hacíamos era por puro empeño y voluntad, por necedad, “¡¿cómo chingados no lo vamos a hacer?!”

El interés por los infras, no a nivel nacional, sino internacional, fue con la publicación de “Los Detectives Salvajes”, esa fue la apertura. A partir de lo que sí sucedió, Roberto hizo una gran ficción. Pero no puedes leer la novela como un documento periodístico o documental. Retrata muy bien toda la Ciudad de México, y las anécdotas como tal, son sacadas de la realidad, pero muy ficcionadas.

Hay anécdotas de gente que nunca participó en las reuniones y, por ejemplo, esos encuentros con Paz y Monsiváis nunca pasaron, en cambio lo que sí pasó no lo narra. Eso dio pie a que los que vivían fuera vinieran a México a organizar eventos, eso fue lo que logró “Los Detectives Salvajes”. Ya habían muerto Mario Santiago y Roberto Bolaño. El libro lo reescribió varias veces, hizo como tres versiones, hasta que le gustó y lo mandó al concurso. Ya tenía varios concursos ganados, ya estaba viviendo un poco de eso, ya se había casado y tenido un hijo, y después tuvo dos más y había que mantenerlos.

Mucha gente le quiso sacar provecho al nombre de Bolaño. Unos diez años después de que salió el libro hicieron un homenaje a Roberto y no invitaron a ningún infra. Los infras fuimos como los beatniks mexicanos. Volpi ha dicho de nosotros que éramos un grupo de analfabetos, alcohólicos y drogadictos.

Visión infra femenina

Estoy tratando de hacer un documental. Será la visión femenina de estos 45 años. Las mujeres infras no quieren saber nada, no quieren exponerse, no quieren estar desmintiendo nada. Mario Raúl ha publicado algunas respuestas de lo que se decía de nosotros, dando su versión. Seguimos siendo unos parias. Nunca nos perdonaron nuestra rebeldía.

El documental será desde el punto de vista femenino, porque, a fin de cuentas, la novela es el punto de vista de Roberto. Nadie habla de los infras que han publicado. Ya tengo más de 40 horas de grabación, de las presentaciones en El Chopo, en El Alicia, tengo el testimonio de Ramón Méndez, antes de que falleciera. También hay una película en la que salimos Pedro Damián, Mario Santiago y yo. Vamos a hacer una semana infra para que yo termine de grabar, con apoyo de la Coordinación Nacional de Literatura.

Después de 45 años, no todo ha cambiado, siguen otras mafias, como en el Fonde de Cultura Económica (FCE), pero finalmente ya no nos odian tanto. Lety Luna, por ejemplo, dice que su primera lectura fue con Max Rojas y Mario Santiago.

Juan Esteban Harrington se fue a Santiago, aunque pasa muchas temporadas aquí en México. Rubén Medina se fue desde el 78 y es profesor en Illinois y Bruno vive en Barcelona. Ana María Chagra estuvo poco, pero es la editora de los Infras en Barcelona. Piel Divina y su compañera, viven en un pueblo cerca de París y hacen artes plásticas. Geles Lebrija es la única que tiene ánimos de hablar desde una voz de mujer sobre su experiencia. Porque las otras no quieres saber nada. Me está costado mucho trabajo porque, ¿cómo no hacer que sea una respuesta puntual a “Los Detectives Salvajes”, sino hablar justo desde cómo yo lo viví sin tener que hacer un juicio de todos los demás? Y quiero mostrar tanto lo esplendorosos como lo decadentes que podemos ser.

Última petición y boicot

Juan Villoro se reencontró con Roberto en Europa en uno de esos encuentros de literatos y se perdonaron. Villoro, desde joven siempre ha tenido la cobija del padre, escribía y escribía, beca tras beca, ganando premios y premios, es un privilegiado. Se encontró con Roberto y más o menos fincaron una amistad que nunca habían tenido, y Roberto ya sabía que iba a fallecer, que era muy difícil vencer la disfunción del hígado que tenía desde muy joven, esa enfermedad la tuvo siempre, por eso era de los que menos bebía.

Sabía que estaba muy enfermo y le dijo a Juan que Mario Santiago tenía una gran obra y le pidió que cuando él muriera apoyara para que salieran a la luz las cosas de Mario Santiago, quien ya había fallecido. Y Villoro cumplió su palabra. La antología la hizo al final Mario Raúl con ayuda de Rebeca porque hubo que rehacer poemas de los libros y transcribir, sistematizar, fue un trabajo como de dos o tres años.

Y Juan se lo llevó a Consuelo Saizar, quien era la presidenta de Conaculta en ese momento y como el nombre de Villoro pesa, estuvo de acuerdo en publicarlo. Pasó por todos los comités, pero todo mundo se lo regresaba, “no, no, no, de ellos nada”. Entonces lo que hizo, por presión de Villoro, fue publicarlo por el FCE en la sede de España, porque en México no se pudo publicar. Y fueron algunos detalles, el libro llegó por partes en barco a España, y una vez publicado nunca estuvo en el catálogo, sí estaba en existencia, pero no podías buscarlo por catálogo. Y nunca hubo presentación oficial por miedo a los infras.

La tesis de doctorado de Rubén Medina es un libro que hace una inserción de la vida de Paz, pero no es tajantemente contra Paz, intenta ser muy mesurado en su crítica sin que deje de ser una crítica. Hicieron un tiraje en México, pero nunca circuló, prefirieron destruirlo.

De hecho, estaba lista ya la presentación del libro, uno de los presentadores era Evodio Escalante, que es de los que más nos quiso, de los que menos broncas tuvo. Rubén venía de Estados Unidos a presentar su libro, pero dijeron que cualquier libro que pusiera en entredicho a Paz no se presentaría. Y tampoco existe la tesis en los archivos del Colegio de México que fueron quienes lo publicaron. El libro está desaparecido. Y como eso, cada vez que hacemos algo nos han boicoteado. Entonces yo estoy muy contenta con el proyecto del documental, el cual tendrá, ahora sí, apoyo institucional. La semana infra será a mediados de julio de 2020. Esperemos que sea en los patios de Bellas Artes.

*Guadalupe “Pita” Ochoa es una poeta, editora e investigadora mexicana. Miembro fundadora del movimiento literario infrarrealista en México. Sus textos forman parte de antologías colectivas.