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Narcoseries: ¿qué sería la televisión actual sin ellas?

Máscaras, armas largas, motocicletas, peligro, corrupción y muerte conforman la arquitectura del mundo narco.

Por Lucía Deblock, 2017-12-04 19:18

“No es buena señal cuando una telenovela en español supera las transmisiones de habla inglesa” fue lo que publicó la revista The Hollywood Reporter en el 2011, tras el estreno de “La reina del Sur”, protagonizada por la polémica Kate del Castillo y basada en la novela del escritor español Arturo Pérez-Reverte.

Desde entonces, se han suscitado casos similares con las teleseries “El señor de los cielos” y “El Chema”. El apetito voraz de las audiencias por este tipo de contenidos ha provocado tantos cambios que ahora vemos producciones enteramente norteamericanas sobre la famosa reina en “Queen ofthe South”, donde una frágil Alice Braga protagoniza uno de los primeros crossovers de narcos con Aurelio Casillas, personaje de Rafael Amaya en “El señor de los cielos” de la cadena hispana Telemundo.

Cada quien adapta las historias de vida según su idiosincrasia y presupuesto, en EU producen series y en América Latina telenovelas, pero es un hecho, el fenómeno del narcotráfico goza de una intertextualidad envidiable y el idioma que domina es un inglés salpicado de someros latinajos.

Para dejar el punto en claro, Netflix es la plataforma de streaming más popular del mundo y “Narcos” es la reina indiscutible (Parrots Analitycs, octubre 2017), por lo tanto, podemos decir que la vida de los capos colombianos Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela domina el mundo de los contenidos audiovisuales, seguidos no de muy lejos por la excepcional transformación de Walter White de “BreakingBad” y la letal precursora “Rosario Tijeras”, creación del escritor Jorge Franco, novela con la cual ganó el prestigioso premio Hammett en el año 2000.

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Las buenas costumbres

El documental, en su infinita sabiduría, también ha indagado en el fenómeno del narcotráfico a través de varias piezas destacadas, uno que llamó mi atención recientemente fue el trabajo de Clandestino sobre el cártel de Sinaloa, que presentó en primetime por Discovery Channel, en tres palpitantes episodios en los que se respira una tensión digna del más negro cine.

Sin embargo, hay tres documentales notables que merecen líneas adicionales: uno de ellos es “Narco cultura” (2014), del fotoreportero israelita Shaul Schwarz, quien trabajó durante tres años en una investigación sobre cómo el narcotráfico ha permeado lenta y profundamente en la franja fronteriza entre México y Estados Unidos, transformando las costumbres de sus pobladores, los hábitos de consumo, la estética y la moda, las creencias religiosas y de culto y la percepción social sobre la violencia inherente a la droga y sus señores; para tales efectos se sirve de una paradoja y sigue, por un lado, a una figura casi trágica, atrapada en el medio de la violencia y sin capacidad de escape, al perito criminólogo Richi Soto que levanta cadáveres por cientos y por miles los casquillos de armas largas en las calles de Ciudad Juárez, y por el otro, a Édgar Quintero, un chicano compositor de narcocorridos afincado en Los Ángeles que con aire festivo “recrea” la violencia al aparecer en el escenario con lanzagranadas al hombro mientras entona sus pegajosas rolas, a quien sus actividades empresariales le han dotado de un aire de legitimidad y sapiencia sobre el tema narco, aún sin conocer siquiera Sinaloa, violento lugar que inspiró el nombre de su banda, “Los bukanas de Culiacán”.

Sin lugar a dudas se trata un documental imprescindible, contrastante, de resultados asombrosos y visualmente muy potente.

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Capo de capos

El más conocido de los tres estuvo nominado al premio Óscar en la categoría de mejor documental largo, se trata de “Tierra de cárteles” (Cartel land, 2015), una muy honesta y profunda investigación periodística de Matthew Heineman quien da voz y pone en contexto a los líderes de los grupos de autodefensa de Michoacán y Arizona; el paralelismo comienza con la injusticia, con la indefensión de los ciudadanos comunes y corrientes, el eje rector es la relación insuficiente de sus respectivos gobiernos, a veces por omisión y otras por ausencia, la escandalosa corrupción y el fracaso en encarar la violencia emanada del crimen organizado; a pesar de los 2 mil 300 kilómetros que los separan, a veces pareciera un juego de espejos donde los argumentos y motivaciones de unos pasan a ser los del otro, motivándolos a tomar la justicia por propia mano.

Sin embargo, hay notables diferencias, mientras en México la violencia es palpable y con estadísticas de horror y queda claro que el enemigo es el crimen organizado, en Estados Unidos pasaron de perseguir migrantes a combatir narcotraficantes que invadían sus terrenos, más como un patriotismo con tintes xenofóbicos. La analogía del bien y el mal corre por toda la cinta, dejando claro la delgada línea que los separa y que la posibilidad de convertirse en aquello que se combate, es palpable. Es una cinta de gran belleza visual y conclusiones inquietantes.

Tal vez el menos conocido en México, por razones de censura, es el documental “El sicario, room 164” (2010), resultado de cinco días de entrevista del escritor y periodista Charles Bowden a un sicario mexicano obligado a hacer maletas tras dos días al hilo en el mismo sitio, en un intento por escapar del cártel de Juárez que lo persigue tras su deserción.

Usando una jerga de arquitectura eufemística pero con toque empresarial, el encapuchado, cuya cabeza dice tener un precio de 250 mil dólares, se confiesa ex comandante de la policía al servicio del cártel y detalla minuciosamente los métodos de reclutamiento del crimen organizado en los centros de formación de los cuerpos policiacos,

El documental abunda en macarrónicos detalles sobre las formas de tortura usados por el sicariato mexicano y muestra organigramas con las estructuras de la mafia y las instituciones corrompidas, todo relatado con una voz curtida en los 20 años de terror que terminaron por quebrarlo. Las conversaciones fueron registradas por el cineasta italiano Gianfranco Rosi, al interior de la habitación de un motel ubicado en algún lugar de la frontera norte de México; la cinta es a partes iguales controversial y conmovedora.

No quiero dejar de mencionar un documental de modesta factura que encontré en Youtube alrededor de 2010, pionero en su tipo y titulado “Confesiones de un sicario”, cuyo protagonista, Drago, da testimonio de cómo había sido utilizado por las agencias mexicanas de investigación contra el crimen organizado y tras años de encierro en casas de seguridad e interrogatorios exhaustivos, de los cuales, dice, obtuvieron información que reportó varias detenciones relevantes, le fue retirada la protección del Estado, quedando a merced del cártel.

Máscaras, armas largas, motocicletas, peligro, corrupción y muerte conforman los elementos más definidos del sórdido encanto arquitectónico del mundo narco.

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“Pedro Páramo”, joya inagotable a 63 años de su primera edición

La novela cuenta cómo el protagonista, Juan Preciado, va en busca de su padre, Pedro Páramo, hasta el pueblo mexicano de Comala, un lugar vacío, misterioso, sin vida.

Por Redacción, 2018-07-18 12:47

Bogotá, (Notimex).- La obra “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, que hoy cumple 63 años de su primera edición en el Fondo de Cultura Económica (FCE), es una joya inagotable de la narrativa hispanoamericana, que mantiene vigencia en el presente y futuro, aseguró la historiadora mexicana Luz de María Muñoz.

El FCE filial Colombia programó para este jueves en su librería en Bogotá una conferencia con Muñoz, titulada: “63 aniversario de Pedro Páramo: la novela inagotable”.

“Pedro Páramo” es una de las obras maestras de la literatura hispanoamericana. La novela cuenta cómo el protagonista, Juan Preciado, va en busca de su padre, Pedro Páramo, hasta el pueblo mexicano de Comala, un lugar vacío, misterioso, sin vida.

En Comala, el joven descubrirá que toda la gente del pueblo se llama Páramo, que muchos de ellos son sus propios hermanos, y que Pedro Páramo está muerto. Es una novela misteriosa y fantástica, cuya atmósfera envuelve al lector y lo transporta a un territorio mágico de sorprendentes ramificaciones.

En 1955 se publicó por primera vez la obra fundamental del escritor mexicano, en la que se “plasmaba una forma distinta de narrar al México profundo”.

La historiadora mexicana, en entrevista con Notimex, sostuvo que “Pedro Páramo” en sus 63 años de la primera edición es “todo un universo de sombras y significados que convirtió esta obra en un hito de la literatura mexicana y en el preludio del boom latinoamericano”.

“Es una novela corta, pero cada vez que uno la lee encuentra nuevos significados en cada momento de la historia. A través de Pedro Páramo podemos conocer el México profundo, de cómo era la idea de estos mexicanos en las zonas rurales, el arraigo con su tierra y sus ancestros”, comentó Muñoz.

A los 63 años de la primera edición, es una obra que es “muy importante para entender ese México trastocado por los conflictos por la Revolución, la guerra cristera”.

Pero también la novela “es importante porque reinventa la literatura y encuentra una nueva forma de narrar la realidad y eso es lo que hace Juan Rulfo. Este es el preludio del boom latinoamericano. El mismo Gabriel García Márquez quedó impacto cuando leyó ‘Pedro Páramo’”.

“Es una nueva forma de narrar la realidad mexicana y de entender esta nueva relación del mexicano profundo, con sus tradiciones, cómo es su relación con los muertos. Creo que a los 63 años de su primera edición sigue siendo una novela inagotable”, subrayó la historiadora.

En su opinión, “los mexicanos de hoy -que somos más urbanos, que no tenemos ese contacto con la tierra- seguimos encontrando en ‘Pedro Páramo’ nuestras respuestas de ese imaginario colectivo, de ese inconsciente colectivo, nos seguimos encontrando en la obra de Rulfo”.

“En esta novela está todo este mundo onírico, confuso, de los antepasados y esto sigue presente. Si bien no existe hoy un México rural como antaño, sí llegan a través de las familias todas estas imágenes y las seguimos teniendo presente de forma increíble”, comentó.

La relación que en la actualidad tienen los jóvenes mexicanos con la obra de Rulfo es “increíble, porque cada día se está releyendo más su obra. Estamos viviendo un nuevo auge, con nuevas biografías e investigaciones de sus dos obras, ‘El llano en llamas’ y ‘Pedro Páramo’”.

“Hoy podemos decir que están escarbando todas las facetas de Rulfo y eso es muy fascinante”, concluyó la historiadora invitada por el FCE-filial Colombia para celebrar el 63 aniversario de “Pedro Páramo”.

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Jaime Nunó, un héroe de la historia mexicana, a 110 años de su muerte

El pueblo natal de Jaime Nunó, convertido en la segunda mitad del siglo XX en gran centro urbano de Ripollés, región con un extraordinario pasado cultural y un magnífico patrimonio arquitectónico.

Por Redacción, 2018-07-15 12:31

México, (Notimex).– El músico, compositor y director español Jaime Nunó, quien compuso la música del Himno Nacional Mexicano, el cual se interpretó por primera vez el 15 de septiembre de 1854, es considerado, a 110 años de su fallecimiento, un héroe de la historia mexicana.

Aunque ni nació ni falleció en México, este compositor español es recordado en este país especialmente como el creador de la música del Himno Nacional Mexicano. Sin embargo permaneció en diversas ocasiones en este país, y estuvo estrechamente vinculado a las figuras políticas nacionales y episodios decisivos para el curso de la historia mexicana.

Jaime Nunó nació el 8 de septiembre de 1824 en San Juan de las Abadesas, pueblo de la provincia de Gerona, Cataluña (España) y murió el 18 de julio de 1908 a los 84 años, en Bay Side, Nueva Jersey (Estados Unidos), siendo inicialmente sepultado en Buffalo, Nueva York.

Su nombre de pila en catalán era Jaume, y nació en una familia humilde. Fue el más pequeño de los siete hijos que tuvieron Francisco Nunó y Magdalena Roca. Tenían pocos ingresos, obtenidos de su trabajo en una fábrica de San Juan de las Abadesas. De niño recibió las bases de su formación musical de hermano Juan, organista de la iglesia local.

En 1854, durante una de sus estancias aquí, ganó el concurso para componer la música del Himno Nacional, que se interpretó por primera vez el 15 de septiembre de ese mismo año. Eso lo convirtió en héroe de la historia mexicana, por lo que en 1942 sus restos mortales fueron traídos a México y depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres.

De acuerdo con el sitio web www.biografiasyvidas.com, a pocos años de su nacimiento, Jaime empezó un triste período para la familia Nunó. El padre murió en un accidente, lo que obligó a la madre a emigrar a Barcelona, donde tenía algunos parientes, para intentar superar las penalidades económicas y labrarse un mejor futuro.

Magdalena Roca murió poco después, cuando Jaime Nunó contaba apenas nueve años, víctima de una terrible epidemia de cólera que causó una elevadísima mortandad. Nunó fue adoptado por su tío Bernardo, un comerciante de telas de seda de Barcelona, quien inmediatamente empezó a fomentar las grandes aptitudes musicales de su sobrino.

Los familiares no tardaron en lograr que aquel pequeño, extraordinariamente dotado para la música, fuera admitido en la catedral de Barcelona para cantar en el coro, del que pronto se convirtió en un virtuoso solista. Permaneció siete años en ese coro, donde aparte de cantar, tocaba el órgano. Cuando le cambió la voz, recibió una beca.

Fue para estudiar en Italia, donde asistió a clases de composición con el maestro Saverio Mercadante y tras terminar su formación, regresó a Barcelona decidido a ejercer su profesión, que prometía ser brillante, pues ya había compuesto un gran número de piezas de baile, especialmente valses, así como arias y también misas de gran calidad.

Aunque primero su vida profesional parecía que iba a transcurrir por cauces tranquilos, en una Barcelona cada día más próspera debido a los cambios económicos acaecidos a raíz de la revolución industrial, el futuro de Nunó había de seguir caminos muy distintos, como lo menciona la misma fuente en su bien documentada página en la Internet.

Tras su regreso a España, en 1851 fue nombrado por el gobierno Director de la Banda del Regimiento de la Reina, en Madrid. Empezaba para ese músico una nueva etapa intensa y agitada, repleta de cambios y viajes. Ese mismo año, el gobierno español le encomendó la misión de organizar las bandas militares regionales de Cuba, entonces posesión española.

Al llegar a Cuba, conoció al General mexicano Antonio López de Santa Anna, con quien habrían de unirle estrechos lazos de amistad. Cuando Santa Anna regresó a México para hacerse cargo por última vez de la presidencia del país, invitó a Nunó a que se uniera a él y en 1853 le nombró Director General de bandas militares, con un sueldo muy elevado.

La aceptación de dicho ofrecimiento significó para Nunó un cambio radical de vida, ya que no podía imaginar que la decisión de trasladarse junto con la comitiva de Santa Anna a México había de convertirlo años más tarde en prócer del país. Fue también en 1853 cuando el gobierno de Santa Anna hizo una llamada a los poetas y compositores del país.

El objetivo era escoger e instituir el Himno Nacional Mexicano. Miguel Lerdo de Tejada, oficial mayor del Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, convocó a un concurso para componer la música, cuya letra, seleccionada anteriormente, había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra. Nunó atendió esa convocatoria.

Para poder acceder al concurso, las partituras tenían que ejecutarse siguiendo las normas determinadas y ser entregadas máximo de 60 días. Su obra vibrante, emotiva y triunfante convenció definitivamente al jurado. El 12 de agosto de 1854 se dio a conocer al ganador; Nunó había firmado la partitura con sus iniciales y se le instó a que revelara su identidad.

El 15 de septiembre de ese año se interpretó por primera, en función especial organizada para conmemorar un aniversario más de la Independencia. El acto en el que se estrenó el Himno Nacional tuvo lugar en el Teatro Santa Anna. Fue interpretado de modo solemne por los italianos Claudina Florentini, soprano, y Lorenzo Salvi, tenor, acompañados por coros y orquesta de la Gran Compañía de Ópera Italiana, dirigida por el maestro Vitessiri.

Todo parecía indicar que Nunó, tras cosechar importantes éxitos en México, se asentaría aquí definitivamente, en especial después de ser nombrado, en abril de 1854, Director del Conservatorio Nacional de Música, así como de haber editado, con Vicente María Riesgo, el “Semanario Musical”. Sin embargo, sus proyectos se truncaron súbitamente.

La derrota de Santa Anna, su protector, propició su salida del país en octubre de 1856. Además, a raíz de los cambios políticos acaecidos, el solemne himno de Nunó dejó de interpretarse oficialmente y, en las pocas ocasiones en que fue ejecutado, se omitieron algunas estrofas que mencionaban y ensalzaban a Santa Anna y a Agustín de Iturbide.

Se dirigió primero a Cuba y posteriormente a Estados Unidos, donde organizó conciertos con su banda, con la cual actuó en numerosas ciudades. Vivió en Nueva York, donde trabajó como concertista de piano y director de orquesta, incorporándose a numerosas compañías de ópera. En 1862 Nunó fue contratado por una compañía de ópera italiana.

Con ella realizó una larga gira por Estados Unidos, Cuba y México. Fue así como, en 1864, Jaime Nunó pisó de nuevo suelo mexicano, después de largos años de ausencia. Tras esa larga gira, fijó definitivamente su residencia en Estados Unidos y fundó una escuela de música en Buffalo, lugar donde años más adelante habría de fallecer.

El himno de Nunó y González Bocanegra, caído en el olvido a lo largo de varias décadas, no volvió a interpretarse en público hasta 1901, durante el Porfiriato. Ese año, cuando ya era un anciano de 77 años y con motivo de la Exposición Panamericana en Buffalo, Nunó fue descubierto por un periodista mexicano, quien lo identificó como autor del Himno Nacional.

Los responsables del pabellón mexicano, al saber que Nunó vivía en esa ciudad, le dieron una fiesta. Porfirio Díaz, quien había oficializado el himno, le invitó a México para que recibiera el homenaje que aún no se le había ofrecido. Llegó a este país el 12 de septiembre de 1901, y después de recibir grandes homenajes, permaneció algunos meses.

Ésa no fue la última vez que visitó México. En 1904, el octogenario fue invitado de nuevo por el gobierno mexicano con motivo de la celebración del cincuentenario del Himno Nacional, aunque en esta ocasión la estancia en México fue breve debido a su edad avanzada, por lo que regreso a Estados Unidos donde desde antes había hecho su vida.

Pasó los últimos años de su vida junto a su hijo, llamado también Jaime, hasta que la muerte le sorprendió el 18 de julio de 1908. Su muerte fue el final de una trayectoria intensamente vivida y recompensada en el ocaso, con los merecidos honores.

El pueblo natal de Jaime Nunó, convertido en la segunda mitad del siglo XX en gran centro urbano de Ripollés, región con un extraordinario pasado cultural y un magnífico patrimonio arquitectónico, quiso también rendirle un entrañable homenaje, transformando la casa donde nació en un atractivo museo local, destinado a perpetuar su memoria.

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Roberto Bolaño, una leyenda de la literatura a 15 años de su muerte

Roberto Bolaño (1953-2003) ya se posicionaba como uno de los escritores más importantes de su época.

Por Redacción, 2018-07-15 11:37

México.-A quince años de su muerte, se le reconoce como uno de los autores más influyentes de la literatura en español y, en vida, tampoco le faltaron galardones y reconocimientos de grandes editoriales como Anagrama y de medios tan influyentes como The New York Times.

Roberto Bolaño (1953-2003) ya se posicionaba como uno de los escritores más importantes de su época -hacía apenas cinco años había resultado ganador del premio Herralde de Novela-, cuando en 1992 le diagnosticaron una insuficiencia hepática crónica que acabaría con su vida. Su obra terminaría por ser mucho más longeva que el propio autor, tal como lo demuestran los nuevos proyectos en torno a su figura, a 15 años de su muerte.

Para llevar el legado de Bolaño al cine, realizadores chilenos e internacionales trabajan actualmente en películas sobre su vida y obra. La directora nacional Alicia Scherson, por ejemplo, se encuentra desarrollando la cinta “1989”, basada en el libro “El Tercer Reich”. Cabe recordar que la cineasta ya había adaptado al cine “Una novelita lumpen”, bajo el título “Il Futuro”, en 2013.

En tanto, el director chileno radicado en Francia, Nicolás Lasnibat, prontamente estrenará “La Biografía Inventada”, una apuesta de falso documental que fue seleccionada para exhibirse en la versión número 14 del Santiago Festival Internacional de Cine (Sanfic), en agosto.

“Quise hacer un retrato de Roberto Bolaño, a través de su alter ego Arturo Belano”, señaló Lasnibat recientemente a El Desconcierto. “Creo que Bolaño quiso inventar ese personaje para quedar en los libros. Los libros quedan, la gente pasa. En las películas pasa igual”, enfatizó.

También desde México, país que acogió a Bolaño y escenario de múltiples de sus fantasías, la cineasta Patty Godoy realiza el documental “Los desiertos de Sonora”, una producción donde explora la relación del autor con los desiertos mexicanos, en el que se mueven personajes de algunas de sus principales novelas como “Los Detectives Salvajes” y “2666”. Lo cierto es que Bolaño jamás estuvo en aquellas tierras y este es, precisamente, uno de los puntos de partida del filme.

Desde el mundo editorial tampoco faltan los homenajes. Sin ir más lejos, Alfaguara, que actualmente posee los derechos de la obra de Bolaño, está próxima a lanzar “Poesía reunida”. El ejemplar, que saldrá a la venta en septiembre, reúne toda la obra poética del autor e incluirá algunos textos inéditos.

Finalmente, es llamativo el interés que ha despertado la figura de Bolaño en los historietistas. Desde España, reciente se publicaron dos ejemplares inspirados en la obra del autor chileno. Por un lado está la adaptación gráfica de la novela “Estrella Distante”, en manos del guionista Javier Fernández y de la ilustradora Fanny Marín. Y por el otro, encontramos “Por el olvido”, cómic en homenaje al autor escrito por Aitor Saraiba y con dibujos de Paula Bonet. El libro es una mezcla de géneros, a veces es un diario y otras, una libreta de apuntes desordenados que evocan textos, fotos y recuerdos.