México.- El accidente nuclear de Chernobyl ocurrió el 26 de abril de 1986 y es uno de los desastres más impactantes de la época moderna. Pero las consecuencias de la radiactividad emitida por la central nuclear tuvo víctimas de las que casi nadie habla: niños mexicanos.

Hagamos un breve repaso de la historia, que comenzó con una prueba rutinaria de seguridad en la central nuclear de Chernobyl, en la antigua Unión Soviética. En un fatal instante se produjo una explosión en el reactor número 4. El incendio tardó diez días en extinguirse, pero el daño ya estaba hecho.

Se estima que la cantidad de radiactividad emitida por la central fue 200 veces superior a la producida por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki juntas. En 2006, Greenpeace estimó que la catástrofe había provocado cerca de 100 mil muertes.

Muchos fallecimientos se dieron después de la explosión, por los daños que la contaminación radioactiva provocó en la salud de la población. La nube tóxica alcanzó a cubrir parte de Inglaterra e Irlanda, lo que dio inicio a una nueva tragedia.

Desde los años setenta, México importaba leche en polvo desde Irlanda. Luego de la explosión en Chernobyl, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta para suspender la compra de alimentos a los países afectados por la contaminación radiactiva.

Ignorando esta medida, México adquirió de Irlanda 40,000 toneladas de leche en polvo y varios cargamentos de mantequilla. Estos productos fueron distribuidos entre 1987 y 1988 por la Comisión Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), que era la principal fuente de alimentos básicos para las clases populares del país.

El primer embarque de leche en polvo llegó en junio de 1986. El gobierno de aquella época no realizó ningún análisis para comprobar que los cargamentos estuvieran libres de residuos radiactivos.