México.- México tiene un problema de peso. De sobrepeso de hecho. Y el problema, como los médicos lo saben desde hace ya mucho tiempo, no es estético. El sobrepeso está directamente ligado al desarrollo de enfermedades crónicas las cuales, en términos económicos, representarán en el futuro una carga fiscal para el Estado que, en mi opinión, será el reto más complicado para la economía nacional de aquí a pocas décadas.

Las cifras globales son tan alarmantes que cuesta trabajo pensar que podamos evitar un impacto importante sobre las finanzas públicas en las próximas décadas: el 73 por ciento de los adultos, y el 35 por ciento de los niños y adolescentes se encuentran en condiciones de obesidad en México. De acuerdo con el Imco, esto representa una población de 60.6 millones de personas. Es decir, más que la población total de España.

La obesidad es la principal causa de enfermedades crónico-degenerativas, es decir, que deterioran gradual pero constantemente la salud del paciente, y para las cuales no existe una cura exitosa hasta el momento. Dos clases de enfermedades destacan en este cuadro: la diabetes y las enfermedades coronarias, las ligadas a la salud cardiaca.

En términos económicos estas dos enfermedades tienen un efecto crítico: disminuyen la capacidad laboral de la persona hasta el punto de incapacitarlo para el trabajo productivo; y el tratamiento de la misma es extremadamente caro, especialmente durante la fase en que el paciente ya no tiene capacidades laborales.

Dada la incidencia de estas enfermedades entre las capas de ingreso del mexicano (es más común en los deciles más bajos); y dada la baja cobertura de la seguridad social, el costo de estas enfermedades para quienes la sufren es enorme, y muchas veces el deterioro o el fallecimiento están asociadas a la incapacidad económica para sufragar el tratamiento.

Los números son dramáticos. Siguiendo siempre el estudio del Imco, existen en el país alrededor de 8.6 millones de diabéticos (equivalente a la población de Costa Rica y Panamá juntos, por ejemplo), de los cuales mueren más de 59 mil personas al año debido a este padecimiento, 45 por ciento de ellos en edad productiva.

Estas cifras apoyan el diagnóstico del párrafo anterior: la incidencia de la diabetes y padecimientos cardiacos son ya un factor muy importante en la dinámica del mercado laboral mexicano, y está ya incidiendo en la productividad laboral de un segmento extenso de la población económicamente activa. Es sin duda el principal factor no económico ni tecnológico que limita la productividad laboral del mexicano.

Por supuesto que este problema tiene efectos más allá de la incidencia económica, y los efectos a nivel personal, familiar y en la salud de los ciudadanos son arduos y críticos. Pero dada la naturaleza de este espacio, nos hemos centrado sobre los ya extensos, crecientes y difíciles de atacar aspectos económicos del sobrepeso de los mexicanos y sus consecuencias médicas.

¿Por qué es tan complicado el tratamiento médico-económico del sobrepeso y sus consecuencias? Porque tiene que ver con el concepto más importante de los economistas: la elección del consumidor.

Es imposible no aceptar que el sobrepeso y sus consecuencias, esto es, la diabetes y los padecimientos cardiacos, están ligados a la dieta, a los alimentos que el consumidor ingiere. La economía se basa en la elección libre del consumidor basada en el sistema de precios y en su presupuesto disponible. La mercadotecnia y las empresas saben que la decisión de los consumidores puede ser manipulada y dirigida.

Los cambios tectónicos que hemos visto en la dieta de los mexicanos en los últimos treinta años muy probablemente expliquen, al menos parcialmente, la pandemia de sobrepeso y sus enfermedades asociadas.

La dieta del mexicano, y es posible documentarlo con solidez, ha pasado de ser rica en granos, cereales, frutas y verduras y baja en proteína animal, grasas saturadas y azúcares como predominó hasta la década de 1980, a una dieta completamente opuesta actualmente.