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ONU reconoce a muralistas que plasmaron su arte en Central de Abasto

se reconoció la labor de los muralistas Héctor Peralta, Édgar Solórzano, Miguel Ángel Maese, Emanuel Silva, Francesco Orazzini, Bhupendra Jayantilal Jethwa, Leonardo Monzoy, Carlos Alberto Moreno Escobedo, Érick Sandoval Hofmann y Ariadna Galaz Vega, así como Jorge Peralta Galindo y Sofía Castellanos.

Por Redacción, 2018-07-11 16:24

México, Notimex.-Los artistas plásticos que participaron en la segunda etapa del Proyecto Central de Muros, programa que consiste en la realización de murales en la Central de Abasto (Ceda) de la Ciudad de México, fueron reconocidos este día por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en México.

Giancarlo Summa, director del Centro de Información de las Naciones Unidas (CINU) México, señaló que en el proyecto participaron más de 50 artistas, quienes trabajaron durante varios meses sus pinturas murales inspiradas en el desarrollo sostenible, el cuidado de la naturaleza y la alimentación a partir de lo que ofrece la Tierra.

“Esta es la primera vez que se hace algo de esta envergadura, utilizando de forma tan creativa el arte para provocar una reflexión sobre el tema del desarrollo sostenible”, dijo el funcionario al mencionar que la humanidad está ante su última gran oportunidad de salvar los ecosistemas y mantener la vida como se conoce hoy.

En el acto se reconoció la labor de los muralistas Héctor Peralta, Édgar Solórzano, Miguel Ángel Maese, Emanuel Silva, Francesco Orazzini, Bhupendra Jayantilal Jethwa, Leonardo Monzoy, Carlos Alberto Moreno Escobedo, Érick Sandoval Hofmann y Ariadna Galaz Vega, así como Jorge Peralta Galindo y Sofía Castellanos.

Cada uno de ellos recibió un diploma, una mochila y una cantidad simbólica en efectivo, al igual que Francesco Pinzón, Guillem Font, Karla Alvarez, Raul Zito, Adrián Rodríguez, Jonathan Misael Aviléz Villeda, Daniel Antonio Gómez Marroquín, Edith Hernández Salazar, Miriam Mabel Martínez y Gibran Turón, también artistas.

Summa recordó que en todo el planeta se combate el hambre, el analfabetismo, el cambio climático y la desigualdad de género, al tiempo que se procura una mejor educación para los pueblos que integran las Naciones Unidas. “Trabajamos por un mundo posible, y se está avanzando mucho a pesar de los problemas que se acumulan a diario”.

Sin embargo, se mostró optimista al señalar que el arte es un lenguaje universal y eso, subrayó, es una ganancia para combatir los problemas. “Los artistas produjeron obras en las que también plasmaron temas sobre paz y justicia universal, y ya son admiradas por las miles de personas que circulan ante ellas diariamente”. Se trata de un trabajo sin fronteras, porque en la elaboración de los murales participaron artistas de diversas nacionalidades, entre ellas japonesa, española y mexicana, lo que al mismo tiempo propició el diálogo directo entre las técnicas y modos de trabajar desde la perspectiva de diferentes culturas y tradiciones artísticas.

“Estoy seguro que este proyecto dará más frutos de los que ha dado hasta hoy, porque en su interior han florecido amistades que seguramente durarán a través de los años. Y aunque cada artista seguirá su carrera individual despertando emociones en el público, es probable que en algún momento se vuelvan a reunir en un trabajo colectivo”.

Consideró que México es un gran país en todos los sentidos, donde poco más de la mitad de la población tiene acceso a internet y consecuentemente a las redes sociales, lo que conduce al amplio conocimiento de estas obras vía electrónica. “El arte ahora sale de las galerías para llegar a espacios públicos como la Central de Abasto”, agregó.

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Jaime Nunó, un héroe de la historia mexicana, a 110 años de su muerte

El pueblo natal de Jaime Nunó, convertido en la segunda mitad del siglo XX en gran centro urbano de Ripollés, región con un extraordinario pasado cultural y un magnífico patrimonio arquitectónico.

Por Redacción, 2018-07-15 12:31

México, (Notimex).– El músico, compositor y director español Jaime Nunó, quien compuso la música del Himno Nacional Mexicano, el cual se interpretó por primera vez el 15 de septiembre de 1854, es considerado, a 110 años de su fallecimiento, un héroe de la historia mexicana.

Aunque ni nació ni falleció en México, este compositor español es recordado en este país especialmente como el creador de la música del Himno Nacional Mexicano. Sin embargo permaneció en diversas ocasiones en este país, y estuvo estrechamente vinculado a las figuras políticas nacionales y episodios decisivos para el curso de la historia mexicana.

Jaime Nunó nació el 8 de septiembre de 1824 en San Juan de las Abadesas, pueblo de la provincia de Gerona, Cataluña (España) y murió el 18 de julio de 1908 a los 84 años, en Bay Side, Nueva Jersey (Estados Unidos), siendo inicialmente sepultado en Buffalo, Nueva York.

Su nombre de pila en catalán era Jaume, y nació en una familia humilde. Fue el más pequeño de los siete hijos que tuvieron Francisco Nunó y Magdalena Roca. Tenían pocos ingresos, obtenidos de su trabajo en una fábrica de San Juan de las Abadesas. De niño recibió las bases de su formación musical de hermano Juan, organista de la iglesia local.

En 1854, durante una de sus estancias aquí, ganó el concurso para componer la música del Himno Nacional, que se interpretó por primera vez el 15 de septiembre de ese mismo año. Eso lo convirtió en héroe de la historia mexicana, por lo que en 1942 sus restos mortales fueron traídos a México y depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres.

De acuerdo con el sitio web www.biografiasyvidas.com, a pocos años de su nacimiento, Jaime empezó un triste período para la familia Nunó. El padre murió en un accidente, lo que obligó a la madre a emigrar a Barcelona, donde tenía algunos parientes, para intentar superar las penalidades económicas y labrarse un mejor futuro.

Magdalena Roca murió poco después, cuando Jaime Nunó contaba apenas nueve años, víctima de una terrible epidemia de cólera que causó una elevadísima mortandad. Nunó fue adoptado por su tío Bernardo, un comerciante de telas de seda de Barcelona, quien inmediatamente empezó a fomentar las grandes aptitudes musicales de su sobrino.

Los familiares no tardaron en lograr que aquel pequeño, extraordinariamente dotado para la música, fuera admitido en la catedral de Barcelona para cantar en el coro, del que pronto se convirtió en un virtuoso solista. Permaneció siete años en ese coro, donde aparte de cantar, tocaba el órgano. Cuando le cambió la voz, recibió una beca.

Fue para estudiar en Italia, donde asistió a clases de composición con el maestro Saverio Mercadante y tras terminar su formación, regresó a Barcelona decidido a ejercer su profesión, que prometía ser brillante, pues ya había compuesto un gran número de piezas de baile, especialmente valses, así como arias y también misas de gran calidad.

Aunque primero su vida profesional parecía que iba a transcurrir por cauces tranquilos, en una Barcelona cada día más próspera debido a los cambios económicos acaecidos a raíz de la revolución industrial, el futuro de Nunó había de seguir caminos muy distintos, como lo menciona la misma fuente en su bien documentada página en la Internet.

Tras su regreso a España, en 1851 fue nombrado por el gobierno Director de la Banda del Regimiento de la Reina, en Madrid. Empezaba para ese músico una nueva etapa intensa y agitada, repleta de cambios y viajes. Ese mismo año, el gobierno español le encomendó la misión de organizar las bandas militares regionales de Cuba, entonces posesión española.

Al llegar a Cuba, conoció al General mexicano Antonio López de Santa Anna, con quien habrían de unirle estrechos lazos de amistad. Cuando Santa Anna regresó a México para hacerse cargo por última vez de la presidencia del país, invitó a Nunó a que se uniera a él y en 1853 le nombró Director General de bandas militares, con un sueldo muy elevado.

La aceptación de dicho ofrecimiento significó para Nunó un cambio radical de vida, ya que no podía imaginar que la decisión de trasladarse junto con la comitiva de Santa Anna a México había de convertirlo años más tarde en prócer del país. Fue también en 1853 cuando el gobierno de Santa Anna hizo una llamada a los poetas y compositores del país.

El objetivo era escoger e instituir el Himno Nacional Mexicano. Miguel Lerdo de Tejada, oficial mayor del Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, convocó a un concurso para componer la música, cuya letra, seleccionada anteriormente, había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra. Nunó atendió esa convocatoria.

Para poder acceder al concurso, las partituras tenían que ejecutarse siguiendo las normas determinadas y ser entregadas máximo de 60 días. Su obra vibrante, emotiva y triunfante convenció definitivamente al jurado. El 12 de agosto de 1854 se dio a conocer al ganador; Nunó había firmado la partitura con sus iniciales y se le instó a que revelara su identidad.

El 15 de septiembre de ese año se interpretó por primera, en función especial organizada para conmemorar un aniversario más de la Independencia. El acto en el que se estrenó el Himno Nacional tuvo lugar en el Teatro Santa Anna. Fue interpretado de modo solemne por los italianos Claudina Florentini, soprano, y Lorenzo Salvi, tenor, acompañados por coros y orquesta de la Gran Compañía de Ópera Italiana, dirigida por el maestro Vitessiri.

Todo parecía indicar que Nunó, tras cosechar importantes éxitos en México, se asentaría aquí definitivamente, en especial después de ser nombrado, en abril de 1854, Director del Conservatorio Nacional de Música, así como de haber editado, con Vicente María Riesgo, el “Semanario Musical”. Sin embargo, sus proyectos se truncaron súbitamente.

La derrota de Santa Anna, su protector, propició su salida del país en octubre de 1856. Además, a raíz de los cambios políticos acaecidos, el solemne himno de Nunó dejó de interpretarse oficialmente y, en las pocas ocasiones en que fue ejecutado, se omitieron algunas estrofas que mencionaban y ensalzaban a Santa Anna y a Agustín de Iturbide.

Se dirigió primero a Cuba y posteriormente a Estados Unidos, donde organizó conciertos con su banda, con la cual actuó en numerosas ciudades. Vivió en Nueva York, donde trabajó como concertista de piano y director de orquesta, incorporándose a numerosas compañías de ópera. En 1862 Nunó fue contratado por una compañía de ópera italiana.

Con ella realizó una larga gira por Estados Unidos, Cuba y México. Fue así como, en 1864, Jaime Nunó pisó de nuevo suelo mexicano, después de largos años de ausencia. Tras esa larga gira, fijó definitivamente su residencia en Estados Unidos y fundó una escuela de música en Buffalo, lugar donde años más adelante habría de fallecer.

El himno de Nunó y González Bocanegra, caído en el olvido a lo largo de varias décadas, no volvió a interpretarse en público hasta 1901, durante el Porfiriato. Ese año, cuando ya era un anciano de 77 años y con motivo de la Exposición Panamericana en Buffalo, Nunó fue descubierto por un periodista mexicano, quien lo identificó como autor del Himno Nacional.

Los responsables del pabellón mexicano, al saber que Nunó vivía en esa ciudad, le dieron una fiesta. Porfirio Díaz, quien había oficializado el himno, le invitó a México para que recibiera el homenaje que aún no se le había ofrecido. Llegó a este país el 12 de septiembre de 1901, y después de recibir grandes homenajes, permaneció algunos meses.

Ésa no fue la última vez que visitó México. En 1904, el octogenario fue invitado de nuevo por el gobierno mexicano con motivo de la celebración del cincuentenario del Himno Nacional, aunque en esta ocasión la estancia en México fue breve debido a su edad avanzada, por lo que regreso a Estados Unidos donde desde antes había hecho su vida.

Pasó los últimos años de su vida junto a su hijo, llamado también Jaime, hasta que la muerte le sorprendió el 18 de julio de 1908. Su muerte fue el final de una trayectoria intensamente vivida y recompensada en el ocaso, con los merecidos honores.

El pueblo natal de Jaime Nunó, convertido en la segunda mitad del siglo XX en gran centro urbano de Ripollés, región con un extraordinario pasado cultural y un magnífico patrimonio arquitectónico, quiso también rendirle un entrañable homenaje, transformando la casa donde nació en un atractivo museo local, destinado a perpetuar su memoria.

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Roberto Bolaño, una leyenda de la literatura a 15 años de su muerte

Roberto Bolaño (1953-2003) ya se posicionaba como uno de los escritores más importantes de su época.

Por Redacción, 2018-07-15 11:37

México.-A quince años de su muerte, se le reconoce como uno de los autores más influyentes de la literatura en español y, en vida, tampoco le faltaron galardones y reconocimientos de grandes editoriales como Anagrama y de medios tan influyentes como The New York Times.

Roberto Bolaño (1953-2003) ya se posicionaba como uno de los escritores más importantes de su época -hacía apenas cinco años había resultado ganador del premio Herralde de Novela-, cuando en 1992 le diagnosticaron una insuficiencia hepática crónica que acabaría con su vida. Su obra terminaría por ser mucho más longeva que el propio autor, tal como lo demuestran los nuevos proyectos en torno a su figura, a 15 años de su muerte.

Para llevar el legado de Bolaño al cine, realizadores chilenos e internacionales trabajan actualmente en películas sobre su vida y obra. La directora nacional Alicia Scherson, por ejemplo, se encuentra desarrollando la cinta “1989”, basada en el libro “El Tercer Reich”. Cabe recordar que la cineasta ya había adaptado al cine “Una novelita lumpen”, bajo el título “Il Futuro”, en 2013.

En tanto, el director chileno radicado en Francia, Nicolás Lasnibat, prontamente estrenará “La Biografía Inventada”, una apuesta de falso documental que fue seleccionada para exhibirse en la versión número 14 del Santiago Festival Internacional de Cine (Sanfic), en agosto.

“Quise hacer un retrato de Roberto Bolaño, a través de su alter ego Arturo Belano”, señaló Lasnibat recientemente a El Desconcierto. “Creo que Bolaño quiso inventar ese personaje para quedar en los libros. Los libros quedan, la gente pasa. En las películas pasa igual”, enfatizó.

También desde México, país que acogió a Bolaño y escenario de múltiples de sus fantasías, la cineasta Patty Godoy realiza el documental “Los desiertos de Sonora”, una producción donde explora la relación del autor con los desiertos mexicanos, en el que se mueven personajes de algunas de sus principales novelas como “Los Detectives Salvajes” y “2666”. Lo cierto es que Bolaño jamás estuvo en aquellas tierras y este es, precisamente, uno de los puntos de partida del filme.

Desde el mundo editorial tampoco faltan los homenajes. Sin ir más lejos, Alfaguara, que actualmente posee los derechos de la obra de Bolaño, está próxima a lanzar “Poesía reunida”. El ejemplar, que saldrá a la venta en septiembre, reúne toda la obra poética del autor e incluirá algunos textos inéditos.

Finalmente, es llamativo el interés que ha despertado la figura de Bolaño en los historietistas. Desde España, reciente se publicaron dos ejemplares inspirados en la obra del autor chileno. Por un lado está la adaptación gráfica de la novela “Estrella Distante”, en manos del guionista Javier Fernández y de la ilustradora Fanny Marín. Y por el otro, encontramos “Por el olvido”, cómic en homenaje al autor escrito por Aitor Saraiba y con dibujos de Paula Bonet. El libro es una mezcla de géneros, a veces es un diario y otras, una libreta de apuntes desordenados que evocan textos, fotos y recuerdos.

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INAH iniciará restauración de torre de reloj del Museo Cuauhnahuac

El arquitecto responsable de este proceso, Antonio Guerrero Arzaga, del INAH Morelos, explicó que la torre será desmontada y vuelta a montar piedra por piedra, labor que se desarrollará en aproximadamente mes y medio.

Por Redacción, 2018-07-13 12:24

Cuernavaca.- Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) desmontarán cada una de las piezas que integran la torre del Museo Cuauhnahuac, que resultó con afectaciones graves tras el sismo del 19 de septiembre de 2017, a fin de restaurarla desde sus cimientos, debido al desplazamiento de cerca de 30 centímetros de material.

Este emblemático elemento arquitectónico fue intervenido desde el pasado 13 de junio por un grupo de restauradores de una empresa seleccionada para esta labor, y personal del Centro INAH estatal, quienes pondrán manos a la obra debido a la complejidad de la tarea.

El arquitecto responsable de este proceso, Antonio Guerrero Arzaga, del INAH Morelos, explicó que la torre será desmontada y vuelta a montar piedra por piedra, labor que se desarrollará en aproximadamente mes y medio.

“Se hará con mucho cuidado ya que son varias toneladas de piedra las que se desarmarán, posteriormente con el mismo material se volverá a armar el torreón desde su base”, explicó.

La edificación fue construida con piedra y argamasa de cal y arena, tiene un diámetro de 280 centímetros, 6.50 metros de altura, y un peso aproximado de 40 toneladas. Actualmente, debido a la desviación que sufrió de su eje, se encuentra sujeta con una prótesis de metal al interior de la misma, que funciona como columna y que está asegurada con cintos metálicos.

La fuerza del movimiento sísmico ocasionó que a la altura de las carátulas del reloj, es decir, a la mitad del torreón, éste sufriera severas fracturas, cuyo resultante fue el desplazamiento o giro de poco más de 30 centímetros de desplome.

“Se reforzarán los espacios donde van las carátulas para evitar algún incidente. En cada espacio se pondrá una carátula sobrepuesta con un muro al que se le abrirá una pequeña incisión por donde pasará el eje de las flechas de las manecillas del reloj, con la intención de que éste siga funcionando”, detalló el arquitecto.

Guerrero Arzaga reiteró que la intervención se realizará con sumo cuidado, protegiendo a los transeúntes, asímismo informó que a pesar de que el reloj no sufrió daño alguno en su mecanismo, salvo en las flechas de las manecillas, se aprovechará para darle mantenimiento.