Villahermosa, Tabasco.-  José del Carmen Chablé Ruiz, director de Televisión Tabasqueña, televisora estatal, le dice en videollamada, el 20 de mayo, al conductor del noticiero radiofónico Telereportaje Emmanuel Sibilla Oropesa, que sorpresivamente fue llamado al hospital por contagio de coronavirus.

-Vamos a ganarle tiempo al tiempo –lo apresura el médico.

José Chablé, al abrir la entrevista describe el estado de su salud.

-Hoy estoy cumpliendo un mes de haber ingresado al Juan Graham Casasús, como a las seis de la tarde del 20 de abril. Salí el 29 de abril, afortunadamente, salí bien, con las secuelas del COVID; me falta otra valoración médica que están por hacerme, para confirmar que ya no soy portador del virus, que ya no soy un foco de infección. Estoy en espera de esa otra valoración médica para cumplir con el protocolo y poderme reintegrar a mi vida normal.

Aclara que tiene problema de sobrepeso y es hipertenso, “era lo que me preocupaba muchísimo”.

-Cuando estuve internado en el Juan Graham, algo que le pelee a los médicos fue mi medicamento para la presión arterial, porque, sí estaba angustiado, con pánico –expresa.

Ese fue su primer desconcierto, los doctores le dicen:

-Usted no necesita el medicamento para la presión arterial y si le damos ese medicamento le vamos a complicar su cuadro clínico.

Covid normaliza presión arterial

José Chablé no entendía eso porque pensaba en la situación inesperada que vivía. Tenía por norma el chequeo constante de todos sus signos vitales. Su angustia era por “mi presión arterial”.

-Déjame decirte que de esa fecha, a hoy 20 de mayo, no estoy usando medicamento para la presión arterial. Afortunadamente tengo en casa a mi hija que es médico y ella me monitorea en la mañana y en la noche, y el promedio es entre 120/70, 120/80 –le dice a su entrevistador, Emmanuel.

Sin la mínima pausa, dice que el médico Humberto Azuara, que es su  cardiólogo de toda la vida, le platicó que a pacientes con COVID se les normalizaba la presión arterial

-¿Cuánto tiempo?, desconozco -me dijo- porque es una situación que desconocemos, puede ser que te dure un mes, dos meses o nada más hoy, lo que sí te sugiero es que te monitorees constantemente.

-¿Tienes claridad de cómo te contagiaste de COVID? –ubica el conductor.

-Antes quiero dar un testimonio a los tabasqueños para que se cuiden. Quiero dar gracias a Dios, porque gracias a él estoy aquí de nuevo –pide José Chablé.

La fe lo sostiene

-Hubo un momento en que pensé que me moría, sentí morirme. Mi fe en Dios y del Divino Maestro Jesús es tan grande que cuando clamé a él, me escuchó, así como las oraciones de muchos amigos y gente que no me conocía, y gracias a él estoy aquí –urge Chablé para dejar esta constancia de la prueba que pasó.

“Indudablemente, mi fe inquebrantable en Dios hoy es más fuerte que nunca, me acordaba de lo que decía Santiago Apóstol: Que tu fe no sea como las olas del mar, en vaivén, que tu fe sea inquebrantable y mi fe en el divino maestro Jesús y Dios es, hoy más que nunca, inquebrantable.

“Estoy fortalecido, totalmente, espiritualmente. No soy un hombre perfecto, soy un ser humano con más imperfecciones, pero busco hacer el bien cada vez que me levanto. Nunca pienso hacer el mal a nadie, a pesar de que haya gente que me pueda hacer cosas malas no le guardo rencor, no le guardo resentimiento. No soy de esas personas rencorosas.

“Desde hace mucho tiempo puse mi vida en manos de Dios y el divino maestro Jesús para decir hasta dónde voy a llegar porque soy temeroso de Dios. No busco hacer cosas que pueden dañarme, a mis hijos, a mi familia porque dice el Segundo Mandamiento: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No busco hacer daño a nadie, porque hacer esto se revierte”, externa.

José Chablé dice que es abogado dedicado más a la comunicación.

-A veces, pienso que Diosito, Jesús, me mandó a reportear ese paso, para dar testimonio de que el Coronavirus no es un juguete.

“Muchos piensan de que no les va a tocar, que no les va a pasar, y a mí me pasó por más cuidados que puse. Yo llegaba a los cajeros, limpiaba teclados, tomé mis precauciones, pero desconozco en qué momento me tocó.

Después me enteré –relata- que una persona que trabaja en TVT, asistió a una fiesta, reunión familiar, en que tuvieron contagio sus abuelitos, sus familiares, incluso murieron tres o cuatro personas de ellos por ese convivio que realizaron en Jalpa.

-No estoy diciendo que por ella me haya contaminado, la verdad, desconozco el momento del contagio –aclara.

José Chablé, tranquilo, relata que en un principio sí era asintomático, que lo estaban tratando, primero, por infecciones de las vías urinarias, después que por infección de próstata.

-Había presentado calentura de 39 grados el jueves, viernes y sábado; el domingo se me quitó, el lunes 20 amanecí bien, aunque no tomé en cuenta que se me enrojecía la vista, haz de cuenta como que tenía conjuntivitis, y el otro detalle es que estaba perdiendo el sentido del gusto, no reparé en ello”.

Dice que fue hasta que la mañana del 20 de abril le hacen una tomografía que le pide el doctor César Calderón y platica su situación al doctor Manuel Pérez Lanz que le pide que vaya al Juan Graham para resolver el cuestionario del coronavirus. Le dan un texto y contesta lo que le pregunta la doctora. Al terminar le dice:

-Váyase usted a su casa cualquier cosa ya le vamos a avisar. Por el momento quédese en su casa y no salga.

Regresa a la casa y a los cinco o diez minutos le habla Manuel Pérez Lanz.

-Pepe ¿dónde estás?

-Estoy en casa.

-¡No, no, no! Regrésate por favor, porque te tienes que internar.

-Oye Manuel me dijeron que yo esté en la casa, que no tengo ningún problema.

-Regrésate, no me gusta nada tu tomografía, vamos a ganarle tiempo al tiempo.

La internación

José Chablé regresa al Juan Graham, donde ya lo estaban esperando para internarlo.

-Pensé que no iba a estar mucho tiempo, incluso, me acompaña nada más la persona que me ayuda a conducir el vehículo. Le aviso a mi hija que me iba a internar, a Christian Estrada, secretaria técnica en TVT, también le hablo. Le avisé al señor Gobernador que en ese momento me iba a hospitalizar en el Juan Graham. Llego al hospital, hacen todo el protocolo y me encaman en el Módulo 9.

Cuando José Chablé entra al hospital no tenía fatiga ni problemas de respiración, sólo preocupado por su salud, por lo que le estaba pasando.

-Ya el lunes en la noche, en mi internamiento, empiezo a ver a los otros enfermos, a mi lado izquierdo había un muchacho que se sentía bien, llevaba una semana; que una joven está tosiendo mucho, que hay una persona que está tosiendo fuerte y que los médicos como enjambre dicen: ¡Vamos a ayudarle, vamos a intubar!

Se ve en ese proceso, de lo que le va a pasar.

-Con esa impresión me entra el pánico, la angustia, el miedo. Eso me tumba porque me tumba. Es aterrador lo que veo, anímicamente, me caigo. Yo ya no era yo, y eso al virus lo fortalece. Después entro a una etapa como de inconsciencia, de estar imaginándome cosas que no eran –narra.

“El punto es que me estaba afectando el cerebro, la conciencia. Yo decía: me estoy volviendo loco. Esto no puede ser. Esto no puede ser mi realidad. Es ahí donde ya empiezo a tener problemas y dificultades para respirar”, recuerda.

Trémulo, asegura que eso no se lo desea a nadie, es algo que no puedes controlar.

-Me siento solo, totalmente solo, porque no puedes tener familia ahí. Los doctores me atienden, aunque estén las personas alrededor mío y estoy viendo a los demás, sólo veo sus ojos. Me siento solo y me derrumbo emocionalmente me caigo totalmente.

“La soledad sale de mi control, de mi voluntad, de mantener mi fe. Ese pánico me dice que me voy a morir.

Recalca que entra a un estado de inconsciencia, porque sí, me pega bastante. El virus estaba atacando.

-Además, estoy viendo que ya tengo problemas para respirar, aun cuando me esforzaba para respirar con profundidad. Me dolía mucho el pecho. Tengo que respirar profundo.

estudios Covid

estudios Covid

“Por mi estado de inconsciencia, puede ser lo que tú quieras y mandes, pero hubo un momento en que pensé en mi madre, me acordé mucho de lo que dijo Julio Javier Quero el día en que sepultó a su madre, allá en el Recinto Memorial: Nunca, nunca le di a mi madre el dolor de que me enterraran.

“Eso se me grabó, y pensé en mi mamá. Va a venir el 10 de mayo y es el dolor que le voy a causar a mi madre. Y pensé mucho en mis hijos. Como que entras a revisar lo que hiciste, qué no hiciste, lo que debes hacer y empiezas a sacar cuentas”, refiere.

José Chablé se sincera

-Es ahí donde empiezo a clamar a Dios, empiezo a pedirle que no me abandone, que no me oculte su rostro. Viene la angustia de muerte. Sí, me sentí morir en un momento; quizá, producto del miedo de la angustia y la soledad.

“Caminé en esa oscuridad, eso lo viví. No sé si era mi estado de conciencia, pero lo viví”, detalla.

En esa situación anímica, en dos días que fueron su pesadilla, los doctores nunca le dijeron “su estado es éste”.

-Échele ganas, don Pepe, confíe en Dios, usted va a salir adelante –le respondían las doctoras-. Nunca me dijeron de mi estado de gravedad, nunca me dieron un diagnóstico.

Pasaban los minutos y los doctores no le decían si estaba grave o no, cuando la noche del 21 o del 22 –no especifica- entra en pánico al escuchar.

-Lo vamos a intubar -le dicen.

-Se me cae la respiración, me derrumbo totalmente y no sé qué cara vieron porque la verdad sí me dieron ganas de llorar –expresa-. Si me entuban, hasta aquí llegué.

Entonces escucha de la doctora:

-La única manera es que duerma boca abajo, le vamos a poner una mascarilla y usted duerma boca abajo durante 24 horas. Le vamos a poner todos los aparatos para ver los signos vitales; si duerme boca abajo, no habrá ningún problema.

Y José Chablé queda totalmente inmóvil, boca abajo Nada más con la mascarilla y pensando. En ese estado de inconsciencia, hace la revisión de su vida.

Es en ese momento de soledad, de angustia, pánico, en que José Chablé siente la muerte cerca.

-Dios me llevó ese día a ese riachuelo, a ese árbol frondoso. Vi esas aguas tranquilas.

“A mi papá, la última vez que lo vi fue el día en que lo sepultamos mis hermanos y yo en octubre 2011, y en ese momento lo volví a ver. No sé si fue mi papá a darme fuerzas espirituales o me estaba esperando para que yo lo acompañara.

“Estoy dando testimonio de lo que vi, de lo que sentí: había que cruzar una calle, o algo parecido, donde había mucha luz, mucha luz, y como que había otra persona, y entonces, en ese momento, nos miramos.

“Yo me despedí de él, me asintió con la cabeza y se empezó a reír. Se despidió de mí, se dio la vuelta y se fue.

“Te hablo de ese riachuelo, de ese árbol frondoso que me protegió; estaba a la sombra de ese árbol viendo ese paisaje bonito; no sé si fue de conciencia, pero es lo que vi”, recalca.

Así va a terminar mi vida...

Me sentía fatal, fatal –relata José Chablé-. En verdad que es algo inenarrable porque al final de cuentas también hice el ejercicio de conciencia: Así va a terminar mi vida, y lo digo claramente, como un perro. Porque estás ahí, en la cama. En donde no sabes nada de ti, no sabes, clínicamente, qué está pasando.

“Lo repito, aun cuando están los otros enfermos alrededor tuyo, aunque está el personal médico que entra y sale, va y te aplican el medicamento, te sientes sólo; sí tengo que decirlo y lo reiteró: todo el personal médico de ese módulo 9 me atendió, nos atendió a todos muy puntual; con el medicamento muy puntual, al estar viendo el suero, estar viendo los signos vitales”, describe.

José Chablé agradece las atenciones de Maribel Narváez, Marcelo Ramón, Marta Ester, Sandra Valencia, Evelyn Hernández, Josué Peña, Olivia Chan, Ana Gabriela y Michel Ojeda, del Módulo 9, que vienen de Macuspana, Comalcalco, Cárdenas, Huimanguillo, Centro, Tacotalpa. “Y no crean que ganan lo que debieran ganar, al arriesgar su vida”.

-Haz de cuenta que va un ejército monitoreando nuestra situación, preguntándonos cómo nos sentimos. Incluso, le comentaba a la doctora: algo está pasando en mí, porque estoy pensando cosas irreales”.

-Usted cálmense, por favor, usted tranquilícese, no entré en pánico, no entré en estado de ansiedad y angustia, haga, por favor, por controlar sus emociones –le recomendaba la doctora.

José Chablé reafirma que eso fue lo que vio, “quizá por mi estado emocional, eso es lo viví en estado de inconsciencia; y recuerdo claramente mi clamor a Dios”.

-¡Señor, no me abandones, levántame de esta cama de enfermedad, hazme renacer! ¡Señor tú escuchas y dirige tu mirada a los que te quieren, a los que te aman de verdad!

“Le pido que me levantara de esa cama de enfermedad para decirle a la gente: cuídese, para dar mi testimonio. No vale la pena exponerse hay que estar en la casa, hay que cuidar a la familia, hay que cuidar a los hijos, hay que cuidar a los abuelos, hay que cuidar a nuestros padres a uno mismo”, ruega.

Comenta que “uno va afuera porque cree que no va a pasar nada, cree que estar encerrado en la casa es un infierno, piensa que está viviendo una pesadilla porque están dentro de la casa”.

Regresó para dar testimonio

Precisa que en toda su vida he sido un hombre sano, que no he estado prácticamente hospitalizado, enfermo; por primera vez en su vida, a sus 57 años de vida, estaba en una cama de enfermedad, sólo, completamente solo, invadido por una enfermedad, por un virus desconocido que no se sabe cómo ataca.

-Conozco amigos médicos de mi hija o de otros amigos, a deportistas jóvenes, que han fallecido. Conozco amigos, ya adultos mayores, con insuficiencia renal, con hipertensión, y la han librado;  diabéticos que la han librado.

“Yo creo que regresé, porque Dios permite que dé testimonio de su grandeza, por eso invito a todos a que se queden en su casa: cuídense, por favor, hay que cuidar nuestros hijos, a nuestros adultos mayores, a uno mismo. Porque el hecho de que estemos encerrados, eso no es nada en comparación con lo que se vive ahí”, recomienda José Chablé.

Dice que después que empezó a superar la enfermedad, empezó a actuar como reportero platicando con cada uno de los empleados del Juan Graham, “pero la verdad no es nada fácil. No es nada halagador”.

-¿Cómo decirles a ustedes para que me entiendan, de que es preferible estar encerrado en la casa, estar encerrado en cuatro paredes, en dónde estás viendo la televisión y estás platicando con tus hijos a que estés en una cama donde nadie está junto a ti? ¿Que sientes que te estás muriendo y que te vas a morir como un perro sin que esté a tu lado ningún familiar porque los vas a contagiar? –advierte.

La angustia del hospital

Expone que ha escuchado comentarios de mucha gente que dice que es un invento del gobierno, porque el gobierno quiere controlar al estado; que es un invento de los medios de comunicación porque se quiere sembrar de miedo en la población, etcétera, etcétera.

“Esa gente se niega a estar en su casa, se niega estar en su cuarto, porque no sabe lo que va a vivir en el Juan Graham, o en cualquier otro hospital, porque tienen que estar aislados totalmente. No sabe del momento en que están faltando la respiración, de que levantarse de la cama al baño es un gran dolor.

“Estar en el hospital es una angustia porque sientes que se te va la vida, porque se te va el aire te sofocas. Afortunadamente, no fue tan agresivo el virus conmigo o no sé qué haya pasado, pero estoy dando testimonio de lo que me ha pasado.

-¿Qué sentiste al tocar la campana de la vida –pregunta Emmanuel.

-Gracias a Dios, no sabía que me iban a dar de alta. En la primera oportunidad que tuve le pido a Dios que me saque del hospital; lo primero que le pido a la familia es que me saqué de ahí, que me saque, que no quiero estar ahí, que me saqué. Me dicen “te tienes que quedar porque la única condición para que tú salgas y estés con nosotros. “Es que te tienes que quedar. Nunca dejé de clamar a Dios”.

José Chablé recuerda que tres o cuatro días antes un doctor le dice:

-¿Oye, porque estás aquí? Tú no deberías de estar aquí, tu problema es que traes ahí una secuela de que estuviste viviendo en una casa donde se consumía mucha leña, en un fogón.

Un ser renacido

Entonces, piensa José Chablé, “no tengo el coronavirus porque me está diciendo el doctor que el problema es porque viví en una casa que consumía mucha leña, mucho carbón; pero nunca viví en una casa donde se consumía mucha leña o que hubiera humo”.

-Lo que lo que sí aceptó es que conviví con muchos fumadores empedernidos, y, prácticamente, en cuarto cerrado, en oficinas cerradas. Fumaban muchísimo y todo ese humo lo aspiraba, entonces sí fui un fumador pasivo, pero no puede ser que ahora me está afectando eso o que tenga problemas por todo eso, ahora.

-Es que usted debe ser dado de alta ya, háganle otra tomografía, otra prueba del COVID para descartar que no es portador del coronavirus –ordena el médico.

José Chablé dice que es inesperado cuándo se entera de su salida, el jueves 29 de abril, porque le dijeron que iba a estar, mínimo, 14 días, y sólo estuvo 10 días.

-Está fue una experiencia dolorosa, pero necesaria, ¿Por qué necesaria? porque tuve que vivir todo esto, para renacer, para valorar lo que Dios me ha dado, sobre todo, mi familia, mis hijos, que, como uno solo todos ellos, se unieron y me ayudaron. Hoy en día mi hija, la mayor, está pendiente de mí. Me está atendiendo como médico, es algo que tengo que agradecerle a Dios porque me ha bendecido con ellos.

“Y tengo claro que hay que servir a la gente que menos tiene, a la gente necesitada y he tratado de ser gestor de alguna gente que padece COVID-19”, expresa.

Expone en la entrevista que al salir del hospital fue darle gracias a Dios por permitirle superar el coronavirus, “estoy agradecido con Dios y comprometiéndome con ser un mejor ser humano”.

-Siento que he renacido -testimonia José Chablé.