LA COLUMNA DE OLVERA

México.- En medio de una polémica, verdaderamente a este reportero lo tiene sin cuidado si se es o no “servilleta” del presidente de la república o el “sucio trapeador” de Palacio Nacional.

El asunto de los ataques personales por parte de Carlos Marín me genera verdaderamente un halago, y además me ayuda a subir bonos en redes sociales y, por supuesto, en mi canal de YouTube.

El verdadero objetivo del columnista, a leguas se nota, es golpear al presidente y con ello sumarse a una guerra sucia en contra de la administración de Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué?

Muy sencillo: ya no reciben los pagos a modo. Los “reporteros genuinos”, que antes actúan como verdaderos mandaderos de los gobiernos en turno, están verdaderamente enojados, y lo que es peor, está dispuestos a impedir el desarrollo de México, mientras a la sociedad mexicana, de la cual forman parte, la llenan de mentiras.

Además del encono que se genera entre el gremio periodístico, los ataques de Marín intentan polarizar a la sociedad mexicana, porque según él y su clan, los reporteros que preguntamos con frecuencia al presidente de la república, los sacamos de sus agendas periodísticas.

Mañanera de López

Mañanera de López

Yo les pregunto: ¿cuál agenda periodística?, ¿las preguntas banqueteras?, ¿las preguntas sensacionalistas?, ¿las preguntas sobre los temas que manejan sus medios?

En fin, ellos sabrán cuál es su agenda, porque la verdadera agenda debería ser la vida del país, lo que nos concierne a todos y no sólo a un grupo o unos guetos de poder.

No se equivoquen, las reglas y las exigencias de estos “reporteros” quedaron para la historia, es decir, se les acabó el coto de poder que según ellos tenían, parecido a lo que estaba pasando con el modelo económico (neoliberalismo), que hasta antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, florecía con toda la impunidad del mundo.

Atropellos, robos, violación a los derechos humanos, saqueos, falta de atención a los más desprotegidos, un sinfín de injusticias que los gobierno de México, en complicidad con los “reporteros genuinos”, impulsaron para así llenarse los bolsillos de dólares.

Hoy, esos periodistas están dando patadas de ahogado porque se les acabó la impunidad con la que actuaban, y es entendible su proceder: necesitan llevar el pan a su casa, pero hay mil maneras de llevarlo.

Bajo el esquema de que ya no hay preferidos del presidente de la república, la prensa tiene la oportunidad de renovarse o morir, pero si muere, la democracia en el país también fenecería, porque sin libertad de expresión no hay democracia.