México, AFP.-Polonia despedía este sábado al alcalde de Gdnask, Pawel Adamowicz, que murió tras ser apuñalado el domingo por un hombre en un acto público, algo que dejó al país preguntándose si el discurso de odio tan presente en la política influyó en el autor del crimen.

Miles de polacos se congregaron en la basílica de Gdansk para rendir un último homenaje al alcalde de la ciudad. Las ceremonias de despedida eran retransmitidas en directo por las principales cadenas de televisión nacionales.

"Es como si se hubiese ido un miembro de la familia", dijo a la AFP Rafal Jankowki, un habitante de Gdansk de unos treinta años, delante de la basílica de Nuestra Señora donde se celebraba la misa del funeral y último lugar de reposo de Pawel Adamowicz.

"Al principio fue una conmoción, no me lo creía, pensaba que no había ocurrido, que sólo había resultado herido y que se recuperaría. Pero luego nos dimos cuenta de que el alcalde estaba muerto. Fue la tristeza, el duelo", añadió el hombre.

Nadie lloraba entre los presentes, pero todos tenían un semblante triste y tenso, como Agnieszka Deja, una estudiante de Gdansk.

"Venía a menudo a nuestro colegio para dar premios, becas o inaugurar la pista de deportes", declaró. "Hizo mucho por nuestra escuela, por Gdansk. Era alguien honesto", recordó.

Se instalaron pantallas gigantes en torno al templo para que la multitud pueda seguir la ceremonia. Un equipo de seis psicólogos atenderá a los asistentes más afectados.

Se decretó un duelo nacional de 24 horas en todo el país a partir del viernes por la tarde y se pidió a los bomberos que activen sus sirenas este sábado a mediodía como homenaje al fallecido.

Además, la ciudad de Varsovia declaró a Adamowicz ciudadano ilustre, a título póstumo.

Unas 3.500 personas, incluyendo al presidente polaco, Andrzej Duda, el primer ministro, Mateusz Morawiecki y el expresidente polaco y premio Nobel de la Paz Lech Walesa, participan en las ceremonias de funerales en la basílica. No se prevé ningún discurso con acento político.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, amigo de Pawel Adamowicz, acudió al funeral desde el viernes por la noche, así como cientos de alcaldes de ciudades polacas y extranjeras.

Discurso de odio

Muy popular en Gdansk, Pawel Adamowicz, de 53 años, dirigía con éxito la ciudad desde hacía 20 años. En las últimas elecciones municipales, en otoño de 2018, obtuvo el apoyo de cerca del 65% de los habitantes.

Para muchos polacos, el verdadero responsable de su muerte no es el criminal que lo apuñaló (al parecer, un desequilibrado), que pasó un largo periodo en prisión, sino el discurso de odio que polariza a la clase política y a la sociedad polaca.

"Es el odio el que mató a Pawel, un odio loco, bien organizado, un odio dirigido contra un hombre que, con los miles de habitantes de Gdansk, construía esta ciudad grande, libre y orgullosa", declaró en un discurso en el parlamento Grzegorz Schetyna, presidente de la Plataforma Cívica (PO, oposición), por el que fue nombrado Adamowicz en el pasado.

Una hostilidad permanente entre el partido conservador en el poder Derecho y Justicia (PiS) y la oposición centrista, liderada por la PO, transformó en los últimos años el debate público en Polonia en un intercambio de acusaciones mutuas, invectivas, amenazas... que cobró fuerza en internet.

La pasividad del Estado frente al discurso de odio suele ser denunciada por los medios de comunicación.

Hay quien comparó el crimen de Gdansk con el asesinato, en 1922, de Gabriel Narutowcz, primer presidente de la República de Polonia, perpetrado por un nacionalista fanático en un contexto de odio.

Tras la muerte de Adamowicz, la policía arrestó a varios internautas que amenazaban de muerte a otras personalidades políticas, la mayoría, liberales.

Desde el jueves por la tarde, decenas de miles de personas visitaron el Centro Europeo de Solidaridad (ECS) para rendir un último homenaje a Adamowicz, fallecido el lunes en el hospital tras haber sido apuñalado en público la víspera durante una fiesta por la clausura de una obra de caridad.

Formando filas de entre dos y tres horas de espera, la gente marchaba en silencio, emocionada, delante de su féretro, cubierto con la bandera roja de Gdansk y rodeado de flores blancas, en el vestíbulo principal del ECS. Miles firmaron también en el libro de condolencias.