Segunda parte

París, Francia.- En mi entrega anterior sostenía que lo que ocurre en Francia es el resultado acumulado del neoliberalismo salvaje que se ha instalado en el país en las últimas décadas. Evidentemente no es sólo una convicción personal: múltiples estudios y diversos analistas sugieren que, en efecto, las políticas públicas de, por lo menos, los últimos 30 años han llevado a una fuerte concentración de la riqueza en pocas manos y a un empobrecimiento  de las mayorías.

Los “Chalecos amarillos” son la Francia que come mal (por lo menos 2 millones); que pasa frío (15% de la población); que trabaja de sol a sol pero tiene que vivir en la calle porque no le alcanza para pagar una renta (24% de las personas en situación de calle).

El lunes pasado el presidente de la República salió apresuradamente a dar una breve conferencia ofreciendo, a regañadientes, disculpas por su arrogancia y prometiendo aumentar en 100 euros el salario mínimo (entre otras cosas como llamar a una gran consulta nacional). Desafortunadamente la Presidencia precisó poco después que el aumento no era más que la adecuación a la alza de una “prima de actividad” que sólo beneficia a una parte de la población y se supo que, casi al mismo tiempo de la conferencia, el Senado votaba otro apoyo fiscal para quienes más tienen.

Todo esto fué vivido como una gran tomadura de pelo. Las promesas presidenciales no lograron para nada calmar a los manifestantes. Pero además, durante la semana se vivió un atentado terrorista en Estrasburgo que sirvió de pretexto para una andanada mediática que buscó desalentar, culpabilizar y hasta criminalizar a los eventuales manifestantes. A pesar de ello, del frío y de las dificultades que la policía impuso, miles se movilizaron este sábado 15 en París en lo que se conoció como el Acto V del movimiento.  Si el número de manifestantes disminuyó en París y no hubieron disturbios, en otras ciudades como Burdeos se duplicó y la consigna principal empieza a ser la exigencia de implantar el Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC). Esto es, la posibilidad de que la ciudadanía se convoque a sí misma (a partir de 700 000 firmas)  a consulta o referéndum nacional para proponer leyes, derogarlas o revocar mandatos.

Lo que inició con la chispa de un gasolinazo se está convirtiendo entonces en un incendio que exige más democracia directa. Parece difícil que el gobierno francés pueda (apostándole a que el movimiento se desinfle y los ánimos caigan) darle la vuelta a las exigencias de la población. Ello incluso a pesar de la promesa de una gran consulta nacional, a partir de marzo.

Esta abarcaría 4 puntos: 

1. ¿Qué hacer para ayudar a los franceses a mejorar su vida cotidiana en temas de vivienda, movilidad, y acceso a la calefacción?;

2. ¿Cómo lograr una fiscalidad más justa , eficaz, competitiva y comprensible?;

3. ¿Cómo mejorar el ejercicio de la democracia  y de la ciudadanía?; y

4. ¿Cómo mejorar la organización del Estado y de los servicios públicos para hacerlos más humanos y eficaces?

Mientras tanto, el movimiento de los Chalecos Amarillos se reorganiza, se reconfigura, busca reinventarse y llama ya a un Acto VI esperando además que se de, al fin, la conjunción de todos los movimientos de descontento del país (bomberos, obreros, enfermeros, preparatorianos, estudiantes etc…), porque las causas estructurales del malestar francés siguen allí, intactas.

Esta historia continuará…