Chilpancingo, Guerrero.- El lugar donde ella colabora de manera temporal es un sitio frío y húmedo, con un potente olor a desinfectante que habitualmente relacionamos con las instalaciones de una clínica.

Su trabajo es ofrecer apoyo psicológico a personas que buscan a sus familiares desaparecidos en un Semefo, un trabajo inexistente, y que sólo es realizado por pasantes.

Ella dice que las personas que llegan buscando preguntas, tienen la esperanza de que sus seres queridos no estén ese lugar con olor a muerto, que estén perdidos en una sala de hospital, o en cualquier lado pero en el plano de la vida.

Las historias que ha conocido gracias a su trabajo son desgarradoras: la muerte y la miedo cubriéndolo todo; pero también, a pesar de todo, hay esperanza, perseverancia y optimismo, aún cuando son varios los años de no encontrar los familiares y se sepulta la posibilidad de un regreso a salvo.

Ni ella ni nadie tiene la fórmula para aminorar el sufrimiento de una pérdida, no hay charla de unos cuantos minutos que pueda acabar con la quebrazón del alma. A lo que más recurre ella es a la invitación de “soltar” a los familiares, llorar para desahogarse y sembrar en la mente la posibilidad de que no los vuelvan a hallar con vida.

Lo más difícil es despedirse de ellos, aún cuando no se tiene certeza de lo que realmente pasó, y seguir con la vida, y las costumbres familiares. Poner en práctica sus enseñanzas es la mejor manera de honrarlos y recordarlos, dice.

Hay dos casos que la han marcado. Dos mujeres que visitan el Semefo cada sábado. Una de ellas busca a su esposo, un hombre con hipertensión que fue secuestrado hace más de tres años. La búsqueda del hombre inició días después de la primera y última llamada que realizaron los captores para pedir dinero para su rescate.

La otra mujer busca a su hijo luego de que una noche no llegó a casa. A partir de ese día, mes con mes paga una misa para que el sacerdote y la asamblea pida por su regreso. La mujer le contó que en un sueño reciente su hijo le dijo que se iría de viaje pero que regresaría. Llevaba una maleta.

Los demás casos no son diferentes. Los días de mayor “visita” ocurren cuando la gente se entera que las autoridades realizan el hallazgo de fosas clandestinas, porque acrecienta la posibilidad de encontrar a sus familiares.

Lo lamentable es que después de años se pierde la fe para encontrarlos con vida y ahora se reforzando la necesidad de hallar un cuerpo para sepultarlo.

Son muchas las personas que llegan a preguntar y pocas las que obtienen respuestas. Señas particulares, cicatrices, perforaciones, lunares y tatuajes a través de fotografías, son una forma pésima de encontrar a alguien.