Las pequeñas musarañas y sus parientes más cercanos son capaces de reducir su cerebro para economizar energía y nutrientes durante el invierno, señala un reciente estudio.

Cuando pensamos en un ser biológico, sobrentendemos que en caso de su desarrollo normal diferentes partes de su cuerpo solo pueden aumentar en volumen con el paso del tiempo. No obstante, las musarañas —unos pequeños mamíferos parecidos a los roedores— a menudo reducen el tamaño de su cavidad craneal hasta un 20% para recuperarla más tarde.

Según indica el estudio publicado en la revista científica Current Biology, este cambio se debe a las duras condiciones ambientales y la falta de comida que supone un largo invierno.

"Hemos constatado que todas las musarañas estudiadas sufren una considerable reducción de su cráneo entre verano e invierno. Después, en primavera, la cavidad craneal aumenta para alcanzar su volumen inicial en verano", explica Javier Lazaro, investigador del Instituto Max Planck de Alemania y uno de los principales autores del estudio.

La modificación que sufren las musarañas es conocida como el fenómeno de Delhnel y, según apuntan los investigadores, puede deberse al acelerado metabolismo de estos animales que deben adoptar estos cambios cuando las condiciones ambientales son más duras y el alimento más escaso. Muchos animales salvajes suelen perder peso durante el invierno, sin embargo, hasta ahora los científicos suponían que el cerebro era una excepción de esta regla: su tamaño y masa no se reducían bajo ninguna circunstancia.

Lo curioso de este descubrimiento es que en su estado normal el cerebro de las musarañas constituye cerca del 10% de toda su masa corporal. Esta relación de cerebro/cuerpo es la más alta de todos los animales conocidos hasta el momento.