México.-Viena solo debía ser una etapa en el exilio de Mahbud hacia Estados Unidos. Pero el sueño de este iraní se desvaneció desde que Washington endureciera su política migratoria, dejando al joven tirado en la capital austriaca.

Este aspirante a ingeniero de 26 años llegó en enero de 2017 desde Irán, junto con un centenar de compatriotas suyos que se beneficiaban del mismo programa de ayuda a los refugiados.

Miembros de minorías religiosas discriminadas en la República Islámica, todos debían obtener un visado para emigrar a Estados Unidos gracias a la asociación judía de ayuda a los migrantes HIAS (Hebrew Immigrant Aid Society).

Fundada en 1881 para ayudar a los judíos que huían de las persecuciones en Europa, HIAS amplió sus operaciones a otros públicos y asegura haber ayudado a 25.000 iraníes de minorías religiosas a huir del país desde principios de los años 2000.

Mahbud, que declinó ser identificado por su apellido, esperaba empezar una nueva vida en Estados Unidos, lejos del rechazo al que dice haber estado sometido en Irán desde su infancia.

"En cuanto dices que no eres musulmán, empiezan los problemas", explica el joven, miembro de la comunidad de los zoroastros.

En la fábrica de automóviles donde empezó a trabajar, rellenó "un formulario y, al ver mi religión, dijeron [...]: 'no puedes continuar aquí'".

Meses de angustia 

Como Teherán y Washington no mantienen relaciones diplomáticas, los refugiados a cargo de HIAS son tradicionalmente enviados a Estados Unidos a través de Austria, donde efectúan las últimas formalidades para las autoridades estadounidenses.

Cuando Mahbud llegó a Viena, Donald Trump acababa de ser investido presidente y, entre sus primeras medidas, firmó un decreto migratorio que cayó como una bomba, pues prohibía el acceso a Estados Unidos para los nacionalidades de varios países de mayoría musulmana, incluido Irán.

Mahbud esperó en vano el permiso de los servicios estadounidenses de inmigración.

Tuvo que pasar un mes de angustia hasta que por fin llegó la decisión: su dosier había sido rechazado.

"Te planificas tu vida, tienes todos esos sueños de vivir libremente y, en un momento, te dicen: 'no podemos hacer nada por ti'".

Sin ingresos, sin autorización de residencia en Austria, su futuro se perfilaba difícil. Lo avisaron de que podría ser expulsado en cualquier momento.

"Pensaba: 'de acuerdo, mi vida probablemente ha acabado, no puedo hacer nada'", admite.

 Libertad "incomparable"

Y, aunque el joven, soltero, vea el futuro muy oscuro, una red de solidaridad trata de ayudarle a él y al centenar de iraníes que corrieron su suerte.

La Iglesia católica austriaca se apiadó de su pobre situación financiera y moral y decidió organizar su alojamiento y lanzar pedidos de donaciones. El arzobispo de Viena, el cardenal Schönborn, se implicó personalmente en este caso.

Pero, como los interesados, la Iglesia austriaca tampoco pudo obtener ninguna explicación acerca de la decisión de las autoridades estadounidenses.

"Lo único que hemos recibido por respuesta es un 'sin comentarios'", explica Manuel Baghdi, asesor de la diócesis sobre cuestiones relacionadas con los refugiados.

Interpelado por la AFP, el departamento de Estado estadounidense negó ninguna relación con el polémico decreto migratorio de Donald Trump y aludió a cambios en el programa estadounidense de admisión de refugiados de 2016, antes de que Trump asumiera el cargo.

Pero Mahbud ya ha enterrado su sueño americano tras dos años de "tortura". "Estados Unidos se ha reído de nosotros", afirma.

Como la mayoría de sus compatriotas, presentó una solicitud de asilo en Austria, un país que acogió a un gran número de refugiados durante la ola migratoria de 2015 y que hoy está gobernado por una coalición de conservadores y de ultraderecha, que ha endurecido las condiciones de acogida.

"¡Gracias a Dios, estamos en este país y no en Estados Unidos!", señala no obstante Ahmed, que vive en el mismo edificio que Mahbud, con su mujer y sus tres hijos mayores. Más que otra cosa, teme volver a Irán.

"La libertad que mi mujer y mis hijas tienen aquí, la libertad personal, creo que no hay ningún país en el mundo que pueda compararse con Austria en este sentido", asegura.