Villahermosa, Tabasco.- “Si existe un pueblo que debería quejarse de la construcción de la nueva refinería Dos Bocas, ese somos los ceibanos. Sí, las personas que vivimos a unos pasos de los terrenos donde se llevan a cabo los trabajos de construcción del proyecto insignia del gobierno de la 4T”, publica el periodista paraiseño Lester Wilson en redes sociales.

“A un año de iniciado el proyecto, los beneficios han sido magros para la población tabasqueña y/o paraiseña, ya no digamos para los ceibanos, quienes hemos padecido de perjuicios –aclaro que soy ceibano, a mucha honra– y nulos beneficios”, dice.

Escribe que los ceibanos mantienen la esperanza de que algún día no muy lejano, “podamos decir con satisfacción que la modernidad petrolera, junto a sus grandes bondades, por fin nos alcanzó. Quizá logremos un empleo o un espacio para instalar una taquería; no sé, la esperanza muere al final, dicen algunos entusiastas vecinos”.

Por lo pronto, señala, la devastación de cientos o quizá miles de palmeras en la zona, provocó el debilitamiento de la barrera natural que nos protegía de fuertes rachas de vientos en temporada de huracanes.

Dice que centenares de camiones volteos trabajaron durante meses en el área, cargados de material que repartieron por buena parte del municipio, “destrozando nuestras ya de por sí pésimas carreteras”.

“En algunas partes, la cinta asfáltica ya no existe, pero tenemos la promesa de que algún día serán reconstruidas. Mientras tanto, las suspensiones de nuestros vehículos sufren las consecuencias”, lamenta.

¿Qué pasó con la bolsa de trabajo?

Expone que la famosa Bolsa de Trabajo que debió ser manejada en el municipio, fue trasladada a la capital del estado, donde la gente autorizada por el señor gobernador, manejó a su antojo lo que por ley nos pertenecía.

“No hubo quien defendiera nuestros derechos, quedamos en estado de indefensión, y como es lógico suponer, nos volvieron a dejar a la vera del camino, suspirando por un empleo digno, marginados de los miles de empleos que presuntamente nos traería, a cambio de la contaminación ambiental, el magno proyecto del paisano que llevamos a la presidencia de México.

“Luego de la hecatombe de los volqueteros que se llenaron las bolsas, explotando de manera inmisericorde a sus choferes, mientras algunos pescadores vivales no desaprovecharon el río revuelto, comenzó el relleno de los terrenos mediante la extracción de miles de toneladas de arena de las costas paraiseñas, donde fueron cubriendo todo a su paso, principalmente los vasos reguladores que habían en la zona, incluyendo el antiguo panteón que existió en lo que fue la colonia Progreso, cuyos restos humanos se perdieron bajo las candentes arenas que algún día fueron marinas.

“Luego vino la compactación del terreno por medio de decenas de grúas que día y noche hacían temblar la tierra, enviando las ondas expansivas y destructivas, hacia las casas de los ceibanos que vimos cómo sus paredes se cuarteaban, amenazando algunas con venirse abajo, como cuando el lobo soplaba la casa de los tres cochinitos, con toda la ferocidad del desarrollo petrolífero, convirtiendo a Puerto Ceiba en un émulo de Dubai, con sus tolvaneras que llenan los ojos de arena y obstruyen la visibilidad, cada vez que nos azotan las rachas de viento marino, ahora sin las palmeras que nos abriguen”, describe el nuevo y agresivo ambiente .

Los daños

Menciona que empresas nacionales y extranjeras laboran en el proyecto, aunque por lo regular traen sus propios empleados.

“Para los paraiseños hay poco trabajo; en lo personal, realizo vuelos de drones y hago trabajos de edición de vídeos, pero la secretaria de Energía trae a sus empresas de chilangolandia para hacer ese tipo de trabajos, ejemplifica.

Dice que el corporativo constructor está muy cerrado a la población local; cuando vienen a hacer sus inspecciones, no permiten la entrada de la prensa tabasqueña, mucho menos la paraiseña, pues se manejan con mucha cautela, como si temieran las miradas indiscretas.

“Mención especial merecen los constantes apagones en las zonas aledañas a la nueva refinería. Comunidades como la colonia Lázaro Cárdenas del Río, Villa Puerto Ceiba, Carrizal, El Bellote, Chiltepec y algunas partes de la ciudad, sufren por las irregularidades en el suministro eléctrico, constantes cortes y apagones hasta por varias horas.

“Estos se dan por las noches, dejando poblaciones enteras sin energía eléctrica, padeciendo de intensos calores y nubes de mosquitos. Hasta el momento, la CFE no ha podido regularizar el servicio y no se compromete a hacerlo en las próximas semanas”, expresa.

Refiere que a pesar de las notas falsas que los detractores de la 4T divulgan todos los días en las plataformas digitales y redes sociales, los trabajos continúan en lo que será la nueva refinería, sin prestar mucha atención a los trabajadores que se quejan de algunas anomalías con las constructoras, prácticas desleales hacia los obreros y explotación laboral.

Incluso, indica, se señala a un dirigente sindical de haberse agenciado privilegios y canonjías, bajo la amenaza de desestabilizar los trabajos y crear escenarios de incertidumbre hacia el interior de la obra.

Resume que sea lo que sea, la mega obra de la refinería que requiere de una cuantiosa inversión por parte del gobierno federal, parece que aún no trae al pueblo paraiseño la cuantiosa derrama económica que se esperaba. Mucha gente que se registró en la bolsa de trabajo, continúa aguardando a que se le llame.

“Al parecer, los beneficios serán a largo plazo, aunque algunos prestadores de servicios, a pesar de la pandemia, han comenzado a cosechar frutos. Esperemos que los dividendos sean para el grueso de la población y no solo para un puñado de oportunistas, como a veces suele suceder”, plantea el periodista paraiseño Lester Wilson.