La importancia  de rendir cuentas ha sido un elemento preponderante en el ejercicio de gobierno desde la antigüedad. El historiador clásico Heródoto, en su libro 3, narra la escena en la que Otanes, Megabizo y Darío discuten sobre la futura forma de gobierno en Persia; Megabizo defiende la aristocracia y Darío la monarquía. Otanes toma la defensa del gobierno popular que llama isonomía (igualdad frente a la ley) argumentando: “¿Cómo podría la monarquía ser algo perfecto si le es lícito hacer lo que quiera sin rendir cuentas? Es decir, Otanes concebía como la mejor forma de gobierno aquella que otorgaba igualdad de derechos a los ciudadanos y rendía cuentas de su actuar frente a ellos.

Megabizo y Darío reviraron a Otanes con el argumento de que “nada es más insolente y necio que una multitud incapaz” y se preguntaban “¿Cómo puede gobernar bien aquel que no ha recibido instrucción ni ha conocido nada bueno y conveniente, que trastorna los negocios públicos al entrometerse como un torrente desbordado?”. Megabizo y Darío no creían necesario que el pueblo supiera de los asuntos públicos y preferían que se trataran sólo por élites.

Esta vieja discusión persiste hasta nuestros días. Pocos gobernantes, lamentablemente cada vez más pocos, rinden cuentas de manera permanente ante los ciudadanos. Y muchos gobernantes hacen eco de la postura de Megabizo y Darío y prefieren que no haya intromisión de los ciudadanos en los asuntos públicos.

Otros, los más, simulan y asumen que rendir cuentas es presentar un informe público, en un acto político cuyos gastos no son públicos. Rendir cuentas, como se concibe en el mundo democrático actual,  incluye componentes principalísimos como la transparencia y la apertura de datos. Pero va más allá, implica justificar frente a la ciudadanía acciones, toma de decisiones y ejercicio presupuestal verificable.

Rendir cuentas pasa también por un sistema institucional confiable, capaz de fincar responsabilidades y sanciones a los gobernantes por sus actos y decisiones, un sistema en el que la legalidad sea la norma y la componenda política la excepción.

Pasa también por incluir espacios para la participación efectiva de los ciudadanos en asuntos públicos, de abrir los archivos al escrutinio ciudadano y fomentar la vigilancia social fomentando mayor responsabilidad con el ejercicio del poder. Estamos en época de campañas y hasta ahora, ningún candidato y candidata ha presentado un programa mínimo de rendición de cuentas ¿qué futuro nos ofrecen? Esa es la cuestión.