México.- Mientras los flujos migratorios desde el sur al norte arrecian, sobre todo en el caso de la ola de centroamericanos que llegan a la frontera de Estados Unidos para pedir asilo y se registran casos dramáticos de separación de familias y detención de menores, otros movimientos de personas han tenido lugar, en sentido contrario, en los últimos años.

Y sus protagonistas son niños y adolescentes estadounidenses.

De acuerdo a un estudio de investigadores del Colegio de México, la Universidad de California Davis y la Universidad de Alberta, cerca de medio millón de menores de edad de ciudadanía estadounidense y nacidos en Estados Unidos viven en México de acuerdo a datos de 2015, la cantidad más alta de este tipo de personas que ha salido de Estados Unidos y se han mudado para vivir en México que se ha registrado.

Los investigadores señalan, en un artículo en The Conversation, que la gran recesión motivó a finales de la década de 2000 un retorno de gran cantidad de mexicanos que vivían a Estados Unidos y con ellos trajeron a sus hijos, nacidos en Estados Unidos. Y, en paralelo, las deportaciones de mexicanos también alcanzaron grandes cantidades y ellos, tras ser forzados a dejar Estados Unidos, también trajeron con ellos a sus hijos menores de edad, para no romper los núcleos familiares. pese a que tenían ciudadanía estadounidense.

Con todo, según el estudio, los menores de ciudadanía estadounidense que viven en México no siempre tienen una familia completa: un tercio de ellos viven en familias solo con su madre y un 10% solo con el padre. Una cantidad significativa vive con sus abuelos.

Y, de modo singular, esos menores estadounidenses viven en regiones mexicanas que no necesariamente coinciden con los lugares de mayor migración histórica de México a Estados Unidos, y muchos residen en estados fronterizos como Baja California y Chihuahua y en ciudades fronterizas como Tijuana y Juárez. Eso los mantiene cerca de Estados Unidos y muchos de ellos, incluso, cruzan cada día a ese país desde México para asistir a escuelas estadounidenses.

En ese sentido, estos niños y adolescentes estadounidenses enfrentan problemas diversos. En muchos casos no tienen un nivel de español acorde con el que tienen mexicanos de su edad, lo que dificulta su educación en escuelas mexicanas. Y el estudio identificó que 53% de los estadounidenses menores de 18 años que viven en México no tienen ciudadanía mexicana y por ello enfrentan problemas que van desde obstáculos para la inscripción en escuelas mexicanas como acceso limitado a servicios y beneficios, lo que potencialmente se agravará cuando lleguen a la edad adulta.

Estos menores son, en algunos sentidos, un grupo que se asemeja a los dreamers, jóvenes indocumentados que llegaron a vivir en Estados Unidos siendo niños y que, al no contar con ciudadanía estadounidense, sufren limitaciones e incertidumbres severas, incluida la de la deportación.

En el caso de los menores estadounidenses en México, al ser en su gran mayoría hijo de mexicanos, podrían acceder a la ciudadanía mexicana pero muchos, por diversas razones, no lo hacen y encaran, en uno u otro caso, problemas de integración social y de desarrollo económico, máxime cuando, es de suponer, las condiciones económicas de sus familias son con frecuencia difíciles y precarias.

¿Volverán a Estados Unidos desde México esos menores cuando lleguen a la mayoría de edad? Ciertamente tendrán la posibilidad de hacerlo pero muchos de ellos, en paralelo apartados de la sociedad estadounidense que dejaron de niños, posiblemente encararán nuevos retos.

Pero dado que sus familias tienen también en gran proporción estatus mixtos, con padres mexicanos, hijos estadounidenses y en algunos casos hermanos que nacieron en México y no tienen la nacionalidad de Estados Unidos, el retorno de estas personas al país de su nacimiento puede implicar nuevas rupturas de familias, si bien su movilidad y posibilidades, al ser estadounidenses, serían mayores que las que tuvieron sus padres cuando residían en Estados Unidos en calidad de indocumentados.

Y ello ha de contrastarse con el dato peculiar de que, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado, unos 900,000 estadounidenses viven en México de modo indocumentado, aunque, de acuerdo al periódico mexicano Excelsior, en general las autoridades mexicanas no deportan a los estadounidenses indocumentados.