México.- Roman J. Israel, Esqesel nombre de un abogado muy particular. Es un hombre incómodo, obsesivo, desgarbado e intolerante, aficionado al jazz y a los emparedados de crema de cacahuate, con casi ninguna habilidad social, pero con una mente legal deslumbrante.

El socio de Roman siempre fue la parte visible del despacho legal donde se atendían principalmente casos de derechos civiles y de gente pobre, era también quien litigaba y atendía a los clientes. Roman J. Israel, Esq trabajaba a la sombra, detrás del escritorio, al fondo del despacho bajo la luz de una lámpara, armando casos y sustentando la base legal para ayudar a los pobres y desamparados de un sistema legal percibido como injusto. Cuando el socio muere, es Roman quien queda desprotegido.

Roman J. Israel, Esq, es un hombre desempleado y complicado y su mayor ambición es la de mantenerse idealistamente puro. Es un hombre que ante cualquier embate de la vida enarbola una ética sin fisuras, un estricto apego a la ley. Su ethos está forjado en los años 60 y su conocimiento técnico se detuvo en algún lugar de los 90, pero su fe en la justicia es atemporal. Roman J. Israel, Esqes un caballero, un verdadero creyente que defiende valores que la cultura periférica no comprende y por ende, es él quien queda a merced de las circunstancias, o tal vez, de la vida.

Por situaciones tan mundanas como las cuentas por pagar, Roman acepta trabajar con un abogado dueño de una gran firma en la ciudad de Los Ángeles. A él no le sienta el mundo donde la facturación de las horas laborables marca la pauta, sin embargo, trata de adaptarse. Es ahí donde debe decir si los valores éticos que defiende siguen vigentes y son capaces de adaptarse al mundo real. Entonces, es cuando se corrompe su rígido sistema de valores.

En muchos sentidos la película es el personaje. Denzel Washington confecciona un personaje excéntrico y cautivador, saludablemente cursi, con matices asombrosos, que justifica más allá de cualquier duda su nominación al Oscar como mejor actor.

La película, sin embargo, en algún lugar pierde cohesión. La jerga legal pesa en algunas secuencias. Cuando su primer trabajo como director fue una película tan buena como Nightcrawler, Dan Gilroy levanta muchas expectativas, pero en esta ocasión la tensión dramática no ha sido bien llevada a lo largo de la cinta, arrojando un resultado es un tanto irregular.

La trama de la película, sin embargo, es un laberinto bien diseñado, donde encuentran cabida los mejores escenarios para contrastar los polos de la idealización. Es una película con una profundidad notable, donde el relativismo moral lleva una responsabilidad importante

Creo que la actuación de Washington le valdrá el premio de la academia, hace mucho que no se veía en el cine un personaje con peso moral como el de Roman J. Israel, Esq.