Por Adriana Covarrubias

Rosario Santos Santos, desde hace 13 años, se ha convertido en madre de niños con síndrome de down, con alguna discapacidad y de adultos mayores, quienes están en situación de calle.

En la comunidad de Bajos del Ejido, perteneciente a este municipio y a 40 minutos de Acapulco, se ubica la casa hogar “Nueva Esperanza”, que alberga a 38 personas, entre ellos 32 adultos mayores y el resto jóvenes con discapacidad intelectual.

Rosario, de 56 años de edad, desde hace 13 años, está a cargo de está casa hogar que inició con tres niños con discapacidad intelectual que estaban deambulando por la calle al ser abandonados por sus padres que vivieron un divorcio.

Pedro de 6 años, Martha de 5 años y Sarita la mayor de 7 años, fueron los primeros niños con una discapacidad especial que llegaron a “Nueva Esperanza” y estaban en total abandono por sus padres.

“Ellos andaban deambulando por las calle en Bajos del Ejido y los rescatamos y aquí estuvieron, ya ahorita se reintegraron a la familia, ya estamos al pendiente que estén bien”, comentó Santos Santos.

Su madre encontró trabajo, rehizo su vida y los tres niños que llegaron aquí, y que ahora son adultos, ya están en su hogar.

Con estos tres hermanos, que estaban en total abandono en el poblado, fue el propósito para abrir la casa Hogar. Más tarde está población llegó a incrementarse a 28 niños, todos con un problema de discapacidad y Rosario les tendió la mano y un espacio en su corazón.

Rosario ha dejado de tener vida propia y se ha dedicado de lleno a cuidar a lo que ella llama sus hijos y adultos mayores que se han incrementado.

El no poder ser madre biológica por diagnosticarle matriz infantil, eso no fue obstáculo para dar un espacio a niños con discapacidad mental que fueron abandonados por sus padres.

Rosario dijo que ahora tiene hijos de corazón y a veces los planes de Dios son otros cuando no se puede ser madre biológica, pero recomienda nunca contradecir ni renegar.

"Era tanto mi deseo de ser madre, hay momentos que si se reniega porque ves a tantas personas con tantos hijos y no los puedes cuidar y a veces le reclama uno a Dios, pero Dios tiene otros planes y otros propósitos para uno... soy muy bendecida porque Dios me ha encomendado esa misión y lo estoy haciendo".

Señaló que la necesidad de enfocar su cariño a un niño, que desafortunadamente no pudo tener, la llevó a iniciar este proyecto altruista y ahora es madre de 38 personas.

Desde hace tres años, se han ido integrando poco a poco a esos niños que estaban en situación de calle y ahora en la casa hogar “Nueva Esperanza”, sólo quedan 8 jóvenes con una discapacidad mental y la pequeña Lucia.

Lucia, quien tiene síndrome de down, es una de las cuatro niñas que vive en la casa hogar, ella fue abandonada en la puerta cuando tenía cuatro años, ahora tiene 13 y se le festeja su cumpleaños el 28 de Septiembre.

A la pequeña Lucia le gusta tocar el pandero, jugar, ver los juguetes didácticos y le gusta bailar.

Los abuelos quieren mucho a lucia por ser la más pequeña de la casa hogar.

Rosario dice que sus actividades inician todos los días a partir de las 07:00 horas para preparar el desayuno a 38 personas.

Por las tardes, después de darles de comer, les pone una película, algunos abuelitos juegan dominó o les pone música para bailar.

Todos ayudan a mamá Rosario o Chayo, como algunos le dicen, y realizan algunas labores del hogar como lavar trastes, limpiar los cuartos, bañar a los abuelos.

La llegada de una abuelita, hace 7 años, cambio los planes y después de ayudar a niños abandonados, desde hace tres años se da un espacio a adultos mayores y a personas que no tienen familia.

“Al ver que no había un lugar para ella (la abuelita) nos quedamos con la población adulta que son 32 y de ahí siguen los jóvenes que tiene una cierta discapacidad”, añadió.

Rosario apuntó que siempre encontrarán en ella ayuda para aquellos que lo necesiten y sabe que eso significa dedicar toda su vida a los niños y los abuelitos.

“A veces hace falta salir porque no tienes vida propia, toda tu vida la tiene que dejar aquí enfocada al hogar y aquí estamos echándole las ganas y ayudando a quien la necesiten", aseguró.

El día de las madres a “mama Rosario” le cantan “Las Mañanitas” y le dan su abrazo y para ella eso es suficiente.

Rosario ha tocado muchas puertas para poder conseguir diariamente alimento para las 38 personas que están en casa hogar.

En ocasiones le han negado las cosas y relató que un día no tenía dinero para comprar alimento y acudió al mercado.

Ella se acercó a un puesto donde vendían chiles y le pidió un poco a la dueña del negocio, pero le dijo que no se podía.

Mama Rosario sintió pena y a la vez desesperación porque necesitaba conseguir alimento para sus niños, se fue a una banca del parque que estaba cerca del mercado y se puso a llorar.

Dijo que posteriormente acudió a otro puesto y ahí no le negaron lo que necesitaba para sus niños y abuelitos y pudieran comer.

“He tocado muchas puertas pidiendo mucha ayuda y gracias a Dios la gente ha respondido mucho por eso estamos aquí hasta que Dios nos lo permita”, dijo.

Rosario comentó que le da gusto que algunos de sus 28 niños estén en casa de su familia, algunos tengan un trabajo fijo y se hayan casado.

Esos niños que ella le dio hogar, la vienen a visitar en Navidad o le llama por teléfono para felicitarla el día de las Madres.

Rosario antes también ayudaba a mujeres víctimas de violencia familiar y señaló que a la casa hogar le puso Nueva Esperanza porque siempre hay una nueva esperanza para compartir el cariño.

“Para ellos también hay una nueva esperanza de vida de salir en las calles eso es una nueva esperanza”, sostuvo.

En la pequeña sala de la casa de dos pisos, Rosario muestra las fotos de sus niños que llegaron al hogar Nueva Esperanza.

Se siente orgullosa de que algunos si terminaron sus estudios, y están con su familia y otros siguen aun con ella.

Ha sido difícil también incorporarlos al sistema educativo especial porque no tienen un acta de nacimiento, ni los abuelitos tampoco tienen documentos para poder brindarles un servicio de salud.

Ella muestra la foto de Mónica, una niña que nació en la casa hogar y terminó la primaria y después fue entregada a su familia.

También durante el recorrido de la casa, muestra su pequeña oficina que al mismo tiempo es su cama.

Dijo que se acomoda una colchoneta en el piso y ahí duerme para estar al pendiente de los adultos mayores cuando se enferman y se quejan por algún malestar o les tiene que dar el medicamento.

"Así estoy al pendiente de todos y aquí se escucha todo si están enfermos, se quejan, cualquier ruido, es mi cuarto, desde hace tres años".

En la cocina que está en el patio de la casa, Rosario nos muestra lo que ella preparó de comer como es arroz, huevo duro, sopa con pollo, sardina, tinga de pollo, moronga y de tomar se elaboró agua de limón con pepino.

El agua de pepino la hizo Arturo Martínez, un señor que llegó a la casa hogar desde hace un año y seis meses, luego de sufrir un accidente automovilístico y le amputaron la pierna.

Arturo dijo estar agradecido con Rosario, quien le brindó un espacio en la casa ya que él no tiene familia. Relató que le encanta ayudar mucho en la cocina y a veces preparar algunos alimentos y también las aguas frescas.

Rosario presentó a los 38 integrantes de Nueva Esperanza, que se ha convertido en su familia.

A algunos los nombra por su apodo o nombre, como los jóvenes y adultos que están sentados esperando comer y un poco desesperados por el fuerte calor.

Lamentó que a veces la familia ya no acepta a sus abuelitos y los deja abandonados en las calles.

Mama Rosario presenta a Marquina, una abuelita que llegó hace tres años con problemas de demencia senil.

Informó que Marquina deambulaba por la calle y una patrulla de la policía municipal la llevó a la casa hogar en un mal estado.

A pesar de que se localizó a los familiares, rechazaron tenerla en su casa y argumentaron que no tienen tiempo para cuidarla.

René llegó a la casa hogar desde los 10 años junto con su hermana Flor cuando tenía 8 años y ahora son los hijos de Mama Rosario. René ahora tiene 25 años y tiene una discapacidad intelectual.

“Son mis hijos prácticamente, me los trajeron porque estaban con el papá, el papá falleció de alcoholismo y no había con quien se quedarán y desde entonces están aquí, se portan bien aunque tienen sus ratos de rebeldía", añadió.

En la casa hogar, Leticia Crescencio de la Cruz es la regañona, ella le ayuda a su Mama Rosario a que todos se porten bien y hagan sus quehaceres.

“Le digo mama Chayo, es mi mama, sólo tengo una madre que ella me da un plato de comida, un vaso de agua y de todo lo que me da ella".

A cambio Leticia le ayuda a lavar los trastes y a limpiar parte de la casa a pesar de tener una discapacidad intelectual.

Mama Rosario, da gracias a Dios porque ha recibido apoyo, aunque poco, para seguir dándole de comer y curar a sus 38 huéspedes de la casa hogar Nueva Esperanza.

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