México, AFP.-Miles de rumanos se congregaron este sábado delante del palacio real de Bucarest para rendir un último homenaje al rey Miguel I, obligado a abdicar por los comunistas y fallecido en Suiza la semana pasada a los 96 años.

El exmonarca debía ser enterrado por la tarde en Curtea de Arges, en el centro del país, tras una misa celebrada en la catedral de Bucarest en presencia de los representantes de varias familias reales de Europa, entre ellos los reyes eméritos de España, Juan Carlos y Sofía, y el príncipe Carlos de Inglaterra.

Portando flores o velas, personas de todas las edades, algunas acompañadas de niños, esperaron durante horas para poder inclinarse ante el féretro en la sala del trono, cubierto con la bandera real.

"Tomamos el tren esta mañana y vinimos con todo nuestro amor y de todo corazón para rendir un último homenaje" al rey, declaró a la AFP Mariana Bolches, originaria de Constanza, en el este del país, a unos 230 kilómetros de la capital.

"Viví toda mi infancia en un inmueble cerca del palacio real. Mi camino hacia el colegio pasaba por aquí y me crucé con el rey varias veces. Le quise tanto", relató con lágrimas en los ojos Teodor Banu.

Miguel I de Rumanía, tataranieto de la reina Victoria, reinó en dos periodos: de 1927 a 1930 y de 1940 a 1947.

Fue uno de los dos últimos supervivientes entre los jefes de Estado de la Segunda Guerra Mundial, junto al rey Simeón II de Bulgaria, que era un niño en aquella época.

Obligado a abdicar y a exiliarse a finales de 1947, no recuperó la ciudadanía rumana hasta 1997.

A principios de los años 2000, se instaló en Bucarest con su esposa, Ana de Borbón-Parma, fallecida el año pasado.

Desde la muerte de Miguel I el 5 de diciembre, el antiguo palacio, transformado en museo, se convirtió en un lugar de peregrinación para los nostálgicos de la monarquía, pero también para los que veían en el antiguo monarca un modelo en un contexto de gran desprestigio de la clase política rumana.

"Sobre todo aprecié su modestia, la nobleza de no responder a las humillaciones (...) y sobre todo su patriotismo extraordinario", confesó Andreea Ilena, de unos 50 años, con un gran ramo de flores blancas en los brazos.