Acapulco, Guerrero.- Rubertina González tiene más de 50 años de vender batas, shores y mandiles de tela en el mercado central de Acapulco, pero desde hace cuatro meses, cuando comenzó la pandemia de Covid-19, interrumpió por primera vez en su vida esa labor, ahora ya no puede atender su puesto en el mercado por miedo al mortal virus, pues Rupertina tiene 79 años.

Su puesto en el mercado, ha sido el único sustento para esta mujer del grupo vulnerable al Covid por su avanzada edad.

Ella dice que tiene dos nietos: uno de 15 años, Ricardito y Rubí de 13, durante esta contingencia sanitaria dejaron de estudiar porque no hay dinero en casa. Ambos van a trabajar al mercado central para contribuir al sustento de la casa, pues su madre hace más de 10 años que sufrió parálisis de la mitad de su cuerpo y ya no puede trabajar. Hasta antes de la pandemia Rubertina era la única que podía sacar adelante a los "chamacos" como ella los llama.

"Desgraciadamente soy una mujer sola que poco a poco he ido sacando adelante a mi familia. Hace 20 años murió mi esposo, y hace tres años me mataron a mi hijo, él era el que más o menos me echaba la mano, pero ahora ya no, mis niños han tenido que dejar de estudiar para que podamos comer", dijo Rubertina con lágrimas en los ojos y desesperada porque quiere que toda esta pesadilla llamada coronavirus termine para salir a la calle y reiniciar otra vez su vida normal.

“Mira, ve ahora, aquí me tienen mis nietos sin poder salir ni a la calle, ni al mercado que porque dicen que si voy más rápido me voy a morir, que me puede dar el coronavirus", reniega Rubertina, mientras sus nietos dicen que hace días estuvo un poco enferma.

Hace quince días que Rupertina enfermó de temperatura y se le fue el hambre. Ella dice que tal vez fue por la impresión y el desespero de no saber si volverá a vender su mercancía que continúa guardada en su casa.

Estos cuatro meses de confinamiento dice que no han sido buenos porque se encuentra sin trabajo y a expensas de lo que puedan traer sus nietos.

Antes era distinto porque es una mujer trabajadora que solía madrugar para ir al mercado y regresaba a las dos o tres de la tarde para volver a coser batas y mandiles. Hoy nada de eso hace. Ahora solo se queda sentada en la sala de su casa esperando a que los días pasen y viendo noticias mientras aguarda el momento en que le digan que ya no hay peligro para ella y pueda volver al mercado.

Rupertina cuenta que ganaba al día más de 200 pesos por la venta de batas y mandiles que ella misma fabrica. Son batas con el estilo de Ahuacatitlán, en el municipio de Tlalixtaquilla de Maldonado, lugar donde nació hace 79 años.

Dice que por las malas condiciones en su pueblo, a la edad de 20 años decidió viajar a Acapulco para probar suerte junto con su esposo. Comenta que fueron los primeros en vender estas batas y mandiles en el puerto, cuando el mercado central no tenía mucho comerciante y la ciudad apenas iba creciendo.

Desde hace más de 50 años que llegó a radicar a Acapulco, Rupertina vive en una de las primeras colonias de la zona alta del puerto donde con su esposo formó su hogar y una buena familia dedicada al trabajo.

Ahora, tras cuatro meses de reclusión por la pandemia, lo único que más desea volver a ser esa mujer productiva que siempre ha sido. Dice que hasta el momento solo cuenta con el apoyo económico de adultos mayores "65 y más", un recurso otorgado por el gobierno federal, pero durante esta contingencia sanitaria no ha recibido ningún apoyo económico o alimentario de parte del gobierno municipal de Acapulco.

Esta pieza periodística fue posible gracias al apoyo de Google News Initiative Journalism.  Journalism Emergency Relief Fund. https://newsinitiative.withgoogle.com/journalism-emergency-relief-fund