México.- “Si tú fueras un agave azul −dice Rodrigo Medellín−, tendrías una única oportunidad de tener sexo en tu vida; así son los agaves, florecen una sola vez y después mueren; tú irías creciendo y, de repente, cuando ya te va a llegar el momento de tener tu actividad sexual, los humanos te cosecharían y te convertirían en tequila, negándote la única posibilidad de reproducción sexual que tenías”. Para acelerar la producción de tequila, los agricultores actuales han aprovechado una cualidad de las plantas: su capacidad de reproducirse asexualmente. Así, la gran mayoría de los 45 millones de agaves reportados por la industria tequilera a principios de 2017 son clones de una cuantas plantas madre; es decir, provienen de prácticas como el trasplante de hijuelos.

El problema con esta técnica es que tiene un doble impacto ambiental. Por un lado, fomenta la pérdida de diversidad genética entre las plantas, dejando los cultivos más susceptibles frente a diversas amenazas: “Esos enormes monocultivos, establecidos para saciar la sed de tequila a nivel mundial, son el sitio ideal para la dispersión de enfermedades [vegetales]”, destaca Rex Dalton.

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Por el otro lado, al impedir la floración, los agricultores despojan de su alimento a los murciélagos, quienes al buscar néctar en las flores de agave llevan a cabo la polinización cruzada, aumentando la diversidad genética de las semillas resultantes:

“Los agaves y los murciélagos tienen una relación de más de 11 millones de años, de interacción, de interdependencia; los murciélagos son los polinizadores más importantes de los agaves [plantas endémicas del continente Americano]”, comenta Rodrigo Medellín, experto en ecología y conservación de vertebrados terrestres.

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Además, el cambio climático también hizo de las suyas en los vulnerables cultivos. Por ejemplo, de acuerdo con un estudio publicado en la Journal of Arid Environments (en el que participaron investigadores de la UCLA, la UdG y el INIFAP), los cambios de temperatura afectaron a los estados productores de tequila ubicados en la costa suroeste del Pacífico: un ambiente más cálido y el aumento de la lluvia resultaron devastadores para las plantas, las cuales perecieron ante la bacteria Erwinia carotovora y el hongo Fusarium oxysporum.

Una misión para Batman

Pese a la negativa que recibió por parte del Consejo Regulador del Tequila en 1993, Rodrigo Medellín siguió dando la batalla. Decidido a salvar murciélagos −particularmente la especie Leptonycteris yerbabuenae o murciélago magueyero menor− y al tequila de paso, conformó un ejército de ecólogos cuya misión ha sido entender las implicaciones de las actividades humanas sobre los quirópteros.

“Con los primeros estudios, nosotros pudimos demostrar que, dada la cantidad de néctar que producían las flores del Agave tequilana, la concentración de ese néctar, la cantidad de flores que produce cada quiote de agave, se podían alimentar cada noche entre 100 y 90 murciélagos por hectárea [siempre y cuando se permitiera la floración del 5% de las plantas]”, explica quien en 2012 recibió de manos de la princesa Anna de Inglaterra el Whitley Gold Award por sus contribuciones a la conservación de la naturaleza.

Más tarde, en 2013, Medellín recibió la ayuda de un gran aliado. Se trata de David Suro, embajador gastronómico tapatío y fundador en Filadelfia (EEUU) de Los Catrines y Tequila’s Bar. “David Suro es la pieza que nos faltaba en el equipo de trabajo para poder incidir en la industria del tequila”, reconoce el también Presidente del Grupo de Especialistas en Murciélagos de la Unión Mundial para la Conservación. Medellín y Suro se hicieron co-presidentes del Consejo Directivo del programa Bat Friendly.

“Entonces nos reunimos con una serie de productores de tequila muy comprometidos, muy interesados en asegurar el futuro de la planta, en asegurar que el tequila se produzca de una manera sustentable y de muy buena calidad −relata Rodrigo Medellín−, y ellos fueron quienes aceptaron las condiciones que nosotros les planteábamos”.

Así, el Batman de México y su equipo de colaboradores echaron a andar nuevos estudios para probar que sus hipótesis eran certeras. Ahí observaron que los porcentajes funcionaban bien; que los murciélagos se estaban alimentado de esas plantas a las que se les había permitido florecer; que había una buena producción de semillas, y que la diversidad genética de esas semillas era mayor que la de las plantas madre. Una vez reunida la evidencia, el grupo de colaboradores está a punto de dejar la fase piloto para lanzar una convocatoria abierta en los próximos meses:

“Cualquier productor que cumpla con los lineamientos que tendremos disponibles en la Web podrá incorporarse al programa”.

La nueva era del Tequila y el mezcal

Con ello la industria del tequila está a punto de dar un giro de 180 grados: “Los productores de tequila, de mezcal y hasta de pulque quieren ganarse la etiqueta Bat Friendly (…) Pero los consumidores son quienes realmente tienen el poder de hacer de esto una práctica estándar en la industria; si ellos deciden que es una iniciativa adecuada, entonces vamos a tener éxito”, agrega el investigador. Por ello, Medellín y Suro se han dado a la tarea de reclutar bármanes, principalmente de Estados Unidos y México:

“Nosotros los llevamos a los campos −por ejemplo, a los de mezcal Don Mateo, en Michoacán− para que se enganchen y se incorporen al proyecto como socios (…) Esto quiere decir que en sus bares van a poner en el menú una página que explique en qué consiste ser un tequila o un mezcal Bat Friendly, y le dirán al cliente que por cada bebida que consuma de esa página el bar donará un dólar para la conservación de los agaves y el tequila”.

Rodrigo Medellín tiene la esperanza de que en los próximos tres años incluso las grandes marcas de tequila incluirán en sus productos el distintivo “amigable con los murciélagos”, y cada vez que alguien se tome un tequila podrá dedicarle un pensamiento a la maravilla que es México y un agradecimiento a los murciélagos.