México.- La pasada fue una semana agitada. Hubo desmentidos a dos periodistas con gran audiencia, caravanas de víctimas de la violencia, caravanas migrantes en la frontera sur, todo mientras la rifa del avión presidencial aún no agotaba su fragor en las conversaciones entre mexicanos.

También hubo campañas contra el gobierno de AMLO. Desde todos los frentes se dejaron caer los tuits de aquellos que cuestionan las conferencias mañaneras. En realidad, les aterra lo que ahí pueda suceder, porque les guste o no, la fuerza de la mañanera radica en que son muchos los mexicanos que confían y escuchan de primera mano al presidente.

La caravana de víctimas de la violencia comandada por Javier Sicilia y los Lebarón dio el campanazo la tarde del domingo. Estuve atenta a los videos y noticias. Creo que a partir de hoy se van a despejar muchas dudas sobre el encontronazo entre éstos y los que la prensa insiste en llamar “agresores” y “simpatizantes de AMLO”.

Empezaré por decir que la petición de las víctimas para que el gobierno atienda la violencia, sus causas y los ciudadanos sean protegidos por los 3 órdenes de gobierno, para poder vivir en paz, es absolutamente legítima.

Los Lebarón y Sicilia son víctimas, sin dudas, sin peros.

Sin embargo, me parece un tanto ingenuo creer que sus motivos son llana y puramente los anteriores. Tanto Sicilia como Lebarón tienen su propias agendas, hay muchos intereses políticos y económicos que subyacen en sus posturas y apuntalan su lucha.

Es evidente. Quedó claro en el discurso de Sicilia. El suyo fue más cercano al discurso de un opositor político que al de una víctima.

También fue evidente el trato de la prensa. Del puño de plumas abiertamente opositoras delinearon una campaña de revictimización a la caravana y de abierto respaldo a las postura antigubernamentales de sus líderes; no sólo fueron criticadas las estrategias en temas de seguridad, también se criticaron las de comunicación (Las mañaneras), los mega proyectos (Tren Maya y etc) y migración (Las caravanas).

Vale la pena aclarar otro asunto que sin miramientos divulgó la prensa: el gobierno de AMLO no envió “contigentes” para confrontar y agredir a la caravana por la paz. Los ciudadanos estaban reunidos en el zócalo con el fin de recabar firma para enjuiciar a expresidentes, ellos han acudido libremente para apoyar esta iniciativa ciudadana cada fin de semana, en ese mismo lugar, desde el 11 de enero. Este hecho ha sido de dominio público y ha sido suficientemente documentado, la evidencia está en la RRSS.

El contingente rechazó reunirse con el Gabinete de Seguridad que AMLO instruyó para recibirlos en Palacio Nacional, antes de salir de gira por Nuevo León. Pero Lebarón aprovechó para declarar en tono poco conciliatorio: "Si me recibe o no (el presidente), la consecuencia de que me reciba o no, está por verse y quiero que México, al que amo mucho, enseñe cuál va a ser su conclusión"

Ya en el 2011, tras una larga caminata de 3 mil 400 kms. que los llevó hasta Ciudad Juárez, epicentro de la cruenta violencia que azotaba México, los distintos grupos sociales que se solidarizaron con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), también liderado por Sicilia, se preguntaban, por supuesto un tanto confundidos, por qué el poeta no estaba de acuerdo en que Calderón fuera llevando ante la justicia por delitos de lesa humanidad. O que -como sostiene Pedro Miguel- desconociera el operativo “Rápido y Furioso” que inundó de armas la frontera o que ignorara toda la información vertida en Wikileaks, que apuntaba que Genaro García Luna falseaba información sobre seguridad y crimen organizado.

Asimismo, muchos de los que se sumaron a la causa y participaron activa y propositivamente en las mesas de debate propiciadas por el MPJD, que incluían las demandas de TODAS las víctimas, tan legítimas como él y las suyas, se preguntaban entre la ofuscación y la inquietud, por qué de pronto el poeta convenido en líder rechazaba y ridiculizaba los acuerdos extraídos de ese diálogo ciudadano.

Después vinieron los besos y los abrazos, las fotos en las portadas de Sicilia con Calderón, el resquebrajamiento del MPJD.

Tal vez Sicilia, los Lebarón y la prensa le apuestan a la desmemoria colectiva, al tiempo. Pero es evidente que muchas de esas dudas genuinas, esas contradicciones tan insólitas han revertido la percepción de las actividades que dirige Sicilia. Nadie en su sano juicio duda que muchos de los caminantes tengan una denuncia legítima, un dolor profundo, una pérdida irreparable; nos solidarizamos con ellos, pero han elegido mal a su líder.

Tal vez, entre muchos otros motivos, subestimar a los mexicanos no fue una buena apuesta.