Chilpancingo, Guerrero.- La pandemia por el virus SARS-CoV2 y la falta de apoyo institucional, dejaron sin recursos a Silvestre Fernández, que desde hace 22 años vende periódicos en el zócalo de Chilpancingo, para llevar alimento a sus dos hijos.

Voceador invidente, la vida de Silvestre se vio drásticamente cambiada cuando a inicios del mes de abril, el gobierno local decidió cerrar los accesos a la histórica plaza Primer Congreso de Anáhuac, donde en 1813, José María Morelos firmó los Sentimientos de la Nación.

El cierre fue la respuesta oficial de las autoridades del estado, para evitar la aglomeración de personas y los contagios de Covid-19, que en Chilpancingo ha dejado más de 100 muertes hasta el momento.

"Nos cerraron el zócalo y ya no podíamos vender aquí, las autoridades nos dieron permiso de irnos a calles aledañas pero por la misma falta de dinero ya no vendía casi nada", relata.

De vender entre 150 y 200 pesos diarios, Silvestre actualmente vende unos 30 o 40 pesos de periódicos, dinero que usa para llevar alimento a sus hijos; un niño de 10 años y una adolescente de 17.

Diariamente, este hombre baja de su domicilio, ubicado arriba de la colonia Plan de Ayala, al poniente de Chilpancingo, y se dirige a comprar sus periódicos desde las 6 de la mañana. Debido a su discapacidad, su hija lo apoya desde hace casi 10 años.

Narra que los primeros días de la pandemia fueron los más difíciles para él y su familia, debido a que el único apoyo que recibieron, por parte del gobierno local, fue una despensa con una lata de atún, un paquete de galletas, un rollo de papel higiénico, un kilo de arroz y uno de frijol, así como un paquete de galletas.

"Quería el gobierno que con eso mi familia y yo comiéramos durante la cuarentena (que en un principio se anunció que concluiría a mediados de abril)", detalla.

Fue gracias a la cooperación de otros comerciantes informales del zócalo, así como de integrantes de una organización de discapacitados que él dirige, que logró obtener alimentos para poder continuar con la cuarentena obligatoria, ya que no podía acudir a su centro de trabajo.

"Me traen algo de comida para mí y mi hija (quien lo acompaña), y así vamos saliendo poco a poco; porque si fuera por el gobierno nos hubiéramos muerto de hambre", afirma.

Silvestre cuenta que perdió la vista hace más de 20 años debido "a las malas amistades" que tenía en ese entonces. A partir de ese hecho, se ha dedicado a la venta de periódicos en un pequeño puesto improvisado, a unos metros de la catedral de la Asunción de María.

La pareja con la que tuvo a sus dos hijos lo abandonó -relata- hace algunos años, y desde entonces solo es el único sustento de su familia.

El pasado 9 de julio, luego de que la entidad guerrerense pasó a semáforo epidemiológico naranja, el zócalo de Chilpancingo fue abierto en un 30% y con ello -a pesar de que se le prohibió por parte de la Dirección de Gobernación-, Silvestre colocó su puesto de periódicos.

"Estamos sacando como 40 pesos al día, no nos alcanza, la gente tampoco está comprando por lo mismo que ellos no tienen dinero y otros porque aún no salen".

La burocracia del ayuntamiento de Chilpancingo, es uno de los principales consumidores de periódicos de circulación estatal y municipal, sin embargo, con la paralización de actividades, ese sector dejó de circular y el consumo de periódicos y revistas cayó.

Pese a todo lo que ha padecido Silvestre Fernández, un hombre invidente que trabaja todos los días, el ayuntamiento de Chilpancingo amenaza con volver a desalojar del zócalo a los comerciantes por rebrotes de contagio. Allí, varias personas como Silvestre buscan ganar el sustento de sus familias.

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