México.- Resulta extraño concluir que un director que ha dirigido un documental y película en torno a un mismo tema haya realizado dos productos tan diferentes entre sí, y con cargas morales tan contradictorias, lo anterior es lo que ocurre con la película “Ted Bundy: Durmiendo con el enemigo”, dirigida por Joe Berlinger y basada en las memorias de quien fuera pareja del infame feminicida, Elizabeth Kloepfer.

Berlinger que dirigió el documental “Conversaciones con un asesino”, para la plataforma Netflix, presentó en aquél primer acercamiento una historia que utiliza como puentes narrativos los testimonios de mujeres y hombres vinculados a la vida y crímenes de Ted Bundy, algo que, sin restar horror y repugnancia, permite al televidente conectarse con las muertes de mujeres que desde la visión de Bundy sólo eran objetos destinados a la más absoluta destrucción.

Si bien “Conversaciones con un asesino” sostiene permanentemente el punto de una tensión casi extrema, “Durmiendo con el enemigo”, también de Berlinger, carece no sólo de tensión, sino de ritmo, e incluso, de una narrativa eficiente que permita interpretar las consecuencias de los hechos, hechos de los que incluso el director prescinde.

Ted Bundy Cine 1054x402 Zac Efron

Aunque se entiende que el lenguaje y forma de esta película no buscaban replicar lo ya visto y escuchado en el documental de Nextflix, Berlinger no logra llenar los vacíos en un guión flojo y ambiguo que no permite al público no solo no comprender lo que ocurre frente a sus ojos, peor aún, no logra la empatía necesaria ante las mujeres asesinadas, algo que en cambio sí sucede con “Conversaciones con un asesino”. En este punto, Berlinger parece incluso fraternizar con la idea de Bundy de que las mujeres asesinadas son solo un renglón en esta historia, más no el punto de partida.

Zac Efron convence a ratos más por su caracterización que por su actuación más bien plana y reducida por un director que pretende crear una biopic pop y disociada. Si el real Ted Bundy desbordaba un carisma casi capaz de salvarle el pellejo, la película de Berlinger no encuentra forma alguna de irse directo al olvido. La romantización e higiene de "Ted Bundy:  Durmiendo con el enemigo”, no solo le restó fuerza a la historia, la hizo palomera y prescindible.

Quizá la única emotividad presente y capaz de dar solvencia actoral sea la presencia, rumbo al final de la película, de John Malkovich, un actor con el suficiente rigor actoral para olvidar las carencias argumentales de una película que no profundiza ni en el asesino ni en las víctimas e incluso ni siquiera en la memorias en las que se basa.