México.- Cuando Eduardo Garza llegó en 2011 como director de la escuela primaria rural multigrado Aquiles Serdán, en Nuevo León, los alumnos de origen náhuatl, 32% de la comunidad escolar, no querían hablar en su lengua. Les daba pena. Tenían miedo de que sus compañeros los discriminaran,

La primaria está en la comunidad Hacienda El Mezcal, en Cadereyta de Jiménez, Nuevo León. A la zona llegan pobladores de San Luis Potosí. Migran buscando trabajo. Los alumnos náhuatl son de esas familias. Para integrarlos en la primaria Aquiles Serdán, el director decidió que no usaría la estrategia común: hacerlos olvidar su lengua, imponerles las costumbres de la mayoría. En esta primaria los niños migrantes reafirman su español, y el resto de sus compañeros aprende náhuatl.

Un profesor hablante de esa lengua del departamento de educación indígena de la SEP de Nuevo León va a la escuela, una vez al mes, a dar clase. “Él podría dar la lección solo a la población migrante para intentar preservar el náhuatl. Esa es la consigna en SEP. Nosotros preferimos que todos nuestros niños lo conozcan. Así que el 100% de los alumnos toma la clase”.

El ciclo pasado, cuenta el director, uno de los niños de San Luis participó en el parlamento infantil, un concurso a nivel estado, con el tema de los derechos de los pueblos indígenas. Parte de su discurso lo dio en náhuatl. “Sus papás y sus tíos participaron en la traducción. Mientras ensayaba su discurso, sus compañeros se acercaban y le decían” qué padre lo pronuncias, qué bien que sepas hablar náhuatl. Eso le dio mucha confianza”. El niño ganó a nivel zona escolar de Cadereyta y se fue como diputado por un día al congreso de Nuevo León.