Morelos.- David, médico del Hospital de Alta Especialidad “Centenario de la Revolución Mexicana” del ISSSTE, en Emiliano Zapata, Morelos, habla del reto que implica atender a pacientes contagiados de COVID-19 y los motivos que tiene para enfrentarlo.

Ansiedad, mucha ansiedad y a veces depresión es lo que más ha sentido David durante la contingencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19.

La ansiedad, explica, es provocada por el riesgo de contagiarse del virus.

La depresión por ver, camino al hospital, a la gente en la calle sin medidas de seguridad.

“La verdad es que te genera mucha ansiedad y hasta en algunos casos, algunos días sí te causa cierta depresión. Te causa cierta ansiedad, cierta tristeza, sobre todo cuando te diriges al hospital y ves en ciertas áreas de aquí del estado que pues la gente sigue saliendo, la gente sigue estando sin cubrebocas”.

Una de las imágenes que más recuerda es la de un grupo de niños que en plena pandemia jugaban en la calle de una colonia en Cuernavaca, municipio que encabeza la lista de contagios en Morelos.

“Las escuelas están cerradas, se supone para que los niños no estén en contacto con otros niños y eso se vuelva un contagio, sin embargo en las calles se ven los niños jugando sin protección, tocándose, tocando toda la calle, cualquier cosa, creo que en eso estamos mal.

“La gente cree que quizá estando en su colonia no les va a pasar nada. La mayoría de los pacientes que nos han llegado ahí a Urgencias COVID no son personas que salieron a la calle, sino que sus familiares tuvieron que estar saliendo o salieron por equis cuestión y fueron ellos quienes los contagiaron, y eso es lo que mucha gente no ve, que probablemente a ellos no les pueda pasar nada, pero no saben si a sus familiares les pueda pegar y eso sí te pega en el ánimo, el ver que la gente no se cuida, no tanto por ellos, sino por sus seres queridos”, expresa.

En Cuernavaca, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud estatal, hasta el corte del domingo 24 de mayo se habían registrado 406 casos de COVID, de los cuales 68 concluyeron con la muerte del paciente.

Para David las imágenes de la gente en la calle sin medidas de protección y seguridad son las que provocan depresión en los trabajadores del sector salud

“Muchas veces esos familiares que fueron quienes los contagiaron, cuando acompañan al enfermo se portan muy agresivos de ‘¿por qué no me vas a dejar ver ya a mi familiar? Por qué todos los informes tienen que ser por teléfono?’

“Y es porque corres el riesgo de que si no eres tú el portador y es otro de tu familia, te puedes contagiar tú y a la vez contagiar a más personas. A lo mejor ya no lo hagas por la sociedad, hazlo por tu familia, por tu mamá, tu papá, tu hermano que quizá es asmático, tu hermano que es diabético, piensa en tus seres queridos si ya no quieres pensar en las demás personas”, pide.

A pesar de esas emociones, David, como cientos de trabajadores de la salud, acude todos los días al hospital a prestar sus servicios.

Durante por lo menos seis horas debe estar en el área aislada, con un traje y equipo de protección que no se debe retirar si quiere evitar contagiarse.

Dolor de cabeza por la mala visión que produce el usar lentes protectores, intoxicación por respirar CO2 con el uso del cubrebocas N95, calambres, deshidratación y hambre son parte de las consecuencias de trabajar en esa zona del hospital.

La mayoría de los contagios en el personal de salud, asegura, ocurren al momento de retirarse el equipo contaminado, por eso la capacitación se ha centrado en ese punto.

“Lo mínimo, lo mínimo que puedes estar ahí son seis horas, son seis horas con un equipo y te lo voy a describir: usas doble bota quirúrgica, botas para evitar contaminar tu calzado; usas un traje tyvek que es blanco, que ese funciona como si fuera un sauna adentro; tienes que usar un gorro quirúrgico, tienes que usar el gorro del tyvek y aparte nosotros usamos una bata desechable quirúrgica lo que te hace sudar como no tienes idea.

“Sales deshidratado, sales con mucha hambre, sales cansado porque el perder líquidos no solamente te afecta en la hidratación, sino también a los músculos, a veces sales acalambrado, como tienes que usar goggles no ves bien, entones sales con ligero o fuerte dolor de cabeza, sales muy mareado porque hay estudios en donde se ha demostrado que el uso del N95 retienes CO2 y al retener CO2 eso hace que te cause cierta intoxicación, entonces sales con obnubilación, sales confundido y sí te pega, te afecta”, cuenta.

Al concluir su jornada, en ese hospital el personal es rociado con alcohol para disminuir la posibilidad de que el virus permanezca en su ropa.

Con es estado físico y emocional David regresa a su casa, donde vive con sus hermanos y sus papás, a quienes no pretende contagiar del virus.

“En los primeros días que me tocó estar en contacto con los pacientes de COVID, y esto te puedo decir que les pasó, si no a todos, a la gran mayoría del gremio, porque no hablo nada más de médicos, sino enfermeras y hasta los de limpieza y camilleros, los primeros días salías con sintomatología, a pesar de que no la tuvieras, decías ‘me duele la garganta, ya me está escurriendo la nariz, me duele la cabeza, tengo un poquito de tos’, por lo mismo del miedo a contagiarte y contagiar a tus seres queridos. Ya después conforme vas viendo y sintiendo lo útil que puedes ser estando sano, pues se te va quitando.

“El problema, el punto de salir y contagiar a tus seres queridos sí te pega. Yo vivo con mis papás y lo que he tratado de hacer es limitar mi contacto con ellos, no tanto porque yo esté contagiado, eso no lo sé, digo puedo ser portador asintomático, pero por lo mismo tomo mis precauciones: procuro no estar en contacto con ellos, si tengo que platicar con ellos tiene que ser a distancia. Mis trates los lavo con una fibra aparte, procuro que toda mi ropa no entre en contacto con la ropa de ellos”, explica.

A la tristeza y ansiedad se suma el sentimiento que provoca no poder abrazar y convivir de cerca con sus seres queridos.

“Sí, es feo, quizá que por las noches se reúnan a platicar, a jugar y que yo desafortunadamente no me les pueda acercar por el temor a contagiarlos, si es que ya lo tuviera yo”, asegura.

Sin embargo, a pesar del riesgo que implica y de las emociones que provoca, David asegura que su deseo por salvar vidas ha podido más que el temor.

“El saber que ese paciente que te llegó grave y que tú decidiste ingresarlo, que subió a piso o subió a terapia, salió de terapia y ya está dado de alta, por tu participación inicial, te hace decir ‘¿sabes qué? Pues más allá de que puede ser mortal, si haces bien, haces lo correcto y a tiempo, estás salvando vidas, ése es el principal motivo, el saber que puedes rescatar al que pudo haber sido tu papá, tu mamá, tu hermano, tu hijo… ése es el principal motor.

“Lo siguiente mi familia, el que ellos vean que uno no se rinde tan fácilmente ante la adversidad, y es algo que me han inculcado y me han enseñado, el no rendirme, toda la familia, mi novia, entonces el hacer las cosas bien, el hacer las cosas correctas, tanto para los pacientes, como para no contagiarme, es lo que me han enseñado y es lo que estoy tratando de hacer. Son muchas cosas las que me dan la fuerza para seguir”, expresa.

Y es que en Morelos, hasta el domingo 24 de mayo, 184 trabajadores del sector salud han sido contagiados de COVID-19, de los cuales 9 han perdido la vida, entre ellos cinco médicos y tres enfermeras.

“Aunque mi vida vaya de por medio… uno tiene la vocación para sacar adelante al paciente, creo que tenemos el conocimiento necesario para poder rescatar de la muerte a los pacientes y si lo tengo y lo puedo hacer, que mejor, a cambio quizá hasta de mi vida”, afirma David.