México.- Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain para niños, es una edición conmemorativa por el 175 aniversario del nacimiento y el centenario luctuoso de Mark Twain, hecho por la Colección de biblioteca infantil y la Dirección general de bibliotecas en 2010, a través de un proyecto del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (Conaculta).

Esta historia sobre las vivencias de un niño de 12 años de edad se convirtió en uno de mis libros favoritos desde que llegó a mis manos a la edad de 13 años.

Con un centenar de ilustraciones hechas por niños de cinco a doce años de edad de todo el país. Este libro es visualmente un abrazo a la candidez y fiel representante gráfico de lo que Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido como Mark Twain, plasma con tanta pureza en sus relatos infantiles.

“Aunque mi libro ha sido concebido especialmente para solaz de niños y niñas, espero que sea leído también por hombres y mujeres, pues habido mi propósito al escribirlo recordar agradablemente a los adultos cómo fueron en su niñez”.

Sin lugar a dudas, Mark Twain es un ícono de la literatura mundial, por su fluidez narrativa, su comedia tomada naturalmente de la inocencia y su precisión para retratar el tipo de vida que él conocía: el oeste de Estados unidos en el siglo XIX, periodo donde se desató la guerra civil (que por cierto, el autor retrata en su libro con guiños bastante notables).

He decidido reseñar la versión infantil ilustrada por niños de toda la República mexicana porque es la que más me remonta a las anécdotas que solía escuchar cuando mis padres volteaban a ver su pasado con alegría. Porque cuando leo esta edición, no solo Tom Sawyer, con sus pies descalzos, me invita a tener una aventura en los prados de Mississippi, sino también me acompaña en la lectura, las vivencias de mis padres y los trazos de los niños que me transportan a cuando yo también dibujaba mis aventuras pueriles.

“Sacaron las espadas de palo, echaron por tierra el resto de los bártulos, se pusieron en guardia, un pie delante del otro, y empezaron un grave y metódico combate: ‘dos estocadas arriba, dos abajo’. Al cabo, Tom exclamó: -¡Cae, cae! ¿Por qué no te caes?

-¡No me da la gana! ¿Por qué no te caes tú? Eres el que va peor. -Pero eso no tiene nada que ver. Yo no puedo caer, así no está en el libro. El libro dice: ¨Entonces, con una estocada por la espalda mató al pobre Guy de Guisborne”.

No era posible resistirse a la autoridad y Joe se volvió y cayó por la tierra.”

Es imposible no descubrirnos sonriendo cuando leemos estos párrafos, que en parte  nos delatan el haber sido niños y jugar.

Claro que no toda la novela de Mark Twain se remota a juegos y creencias de la infancia, como que los viernes son de mala suerte o que los duendes habitan las casas encantadas; detrás de estos episodios de clara enjundia y hazañas triviales, la realidad de un pueblo pobre y, por consecuencia, la historia norteamericana racista se asoma en el texto para crear una trama envolvente y hasta cierto punto oscura, pues en la historia, Tom y su mejor amigo, Huckleberry Finn, llegan a verse en situaciones en donde adultos (como Joe “el indio” y otros personajes no blancos ni adinerados, cometen calamidades, robos y asesinatos.

Más allá de que el autor haya aclarado que su novela original es para lectura infantil, la edición que estoy reseñando es aún más estricta respecto al público al que va destinado, con versiones resumidas de todas las aventuras de nuestro protagonista y algunas restricciones sobre los hechos escalofriantes anteriormente mencionados.

Sin embargo, aun cuando sean versiones resumidas, el encanto y la tensión que hay en la historia sigue siendo igual de cautivadora.

Algo que siempre agradeceré y admiraré de Mark Twain, es el uso acertado al retratar la melancolía infantil: esa sensación creada por motivos justos, con futuros imaginarios, dramáticos y maravillosos:

“Tom, limpiándose las lágrimas con la manga, empezó a balbucear algo acerca de una resolución de escapar a los malos tratos y falta de cariño en su casa, lanzándose a errar por el mundo, para nunca volver, y acabó expresando su esperanza de que Joe no lo olvidara. Pero resultó que esta era la misma súplica que Joe iba a hacer en aquel momento a Tom […] hicieron un pacto, ayudarse mutuamente, ser como hermanos y  no separarse hasta que la muerte los librara de sus penas”.

Pienso, como colofón de esta reseña, que ser niño es un estado de resistencia a las tragedias de la vida y Las aventuras de Tom Sawyer, nos hacen recordar que en algún momento de nuestra vida, también nosotros resistimos.