México.-En el mes de septiembre de 2018 me comuniqué telefónicamente con Pablo Larios para solicitarle una entrevista. En la foto de su WhatsApp aparecía una niña recién nacida con unos ojos muy grandes y un mameluco color rosa.

Después me enteraría, que se trataba de su última hija. En la ciudad de Puebla, donde quedamos de vernos para realizar la entrevista, tengo la impresión de que el ex portero titular del Mundial de México 86, luego de superar su fuerte adicción a la cocaína, se ha hecho un hombre distante, reservado, poco entusiasta a mostrar sus emociones.

Esa falta de confianza con las personas es como una trinchera que se hizo cada vez más profunda luego de sus numerosas pérdidas familiares, de sus reveses económicos y hasta políticos. Poco a poco ha podido sobrellevar de mejor manera esa ausencia de tabique nasal, que al principio lo obligaba a mantenerse dentro de su casa, oculto a la curiosidad y la mirada de la gente.

Justo a él, un guardameta al que le gustaba que lo ovacionaran en los estadios, que en sus mejores épocas deportivas era asediado por decenas de aficionados para solicitarle un autógrafo, que parecía divertirse al volar muy lejos de su portería.

Ahora está sentado juntado a mí, en un blanco sofá de la sala de su casa. Lo veo darle vueltas y vueltas a una cajetilla de cigarros que trae entre las manos como si fuera acaso una manía para contrarrestar los nervios. Hasta que por fin dice, en medio de una pequeña cortina de humo que le alcanza a cubrir parte de su rostro: “Llegué a la cima del éxito y después caí en el mundo de las drogas. Pero ha sido importante tener el valor de confesarlo”.

Hace tiempo que Pablo Larios confesó frente a las cámaras de televisión ese primer encuentro con las drogas, del que no pudo escapar sin salir lastimado. En su nariz los médicos realizaron casi 20 cirugías reconstructivas luego de haber adquirido una bacteria.

Incluso, llama la atención cómo el humo del cigarrillo sale de sus fosas nasales, que han sido modificadas de su posición natural de manera quirúrgica. El portero que en la temporada de 1981 impuso un récord del mayor número de minutos sin recibir un gol – casi ocho partidos-, insinúa que no es el único entre los futbolistas profesionales que han sentido la necesidad de inhalar la cocaína.

“Gracias a la fama, conocí a muchísima gente de todos los estratos sociales. Me resultaba muy fácil conseguir cualquier tipo de droga. Pero no me acabé mi dinero como muchos dicen ni estoy en la indigencia”, le oigo decir mientras continúa con ese darle vueltas y vueltas a su pequeño paquete de Marlboro rojos. Ya se ve que a Pablo Larios no le agrada tanto el tema de las drogas, que le emociona más hablar de los autos poco convencionales.


Fuente original Milenio: https://www.milenio.com/deportes/futbol/llegue-cima-cai-mundo-drogas-pablo-larios