Guerrero.- “Lo trajeron arrastrando desnudo desde Atenango, cuando llegó aquí ya venía con sangre y cuando lo iban a fusilar en el puente, él pidió que lo matarán atrás de la capilla, por eso ahora ahí tenemos su nombre”, dice don Bulfrano Alcaraz de 85 años, quien creció con la historia contada por su tía la abuela Josefa.

Contrario a lo que dice la historia oficial, la abuela Josefa relata que fue en Tulimán, la comunidad en donde el ahora santo Margarito fue fusilado por Los Colorados, porque según estaba sublevando a los indígenas de la región contra el gobierno.

El 12 de noviembre de 1927, Los Colorados, un grupo paramilitar, detiene al joven sacerdote de 28 años para ser exhibido a través de tres poblados con el fin de ejercer miedo a los pueblos que apoyaban el movimiento de rebeldes armados.

Al concluir la Revolución, se desató una fuerte persecución contra sacerdotes, en la Montaña  y región Norte de Guerrero, por parte de este grupo paramilitar, de acuerdo a lo informado por los pobladores. Aunque esos hechos ocurrieron hace mucho tiempo, las atrocidades cometidas por este grupo armado, dejó una huella permanente en la memoria de este pueblo.

Iglesia de Tulimán Iglesia de Tulimán

En un último intento por salvar la vida del sacerdote, los pobladores de Tulimán ofrecieron costalillas de maíz y dinero al coronel Rosendo Manzo para evitar el fusilamiento de Margarito.

A pesar de la insistencia de hombres, mujeres y niños que trataban de proteger al sacerdote, la respuesta del coronel fue contundente y sus palabras aún resuenan en el pueblo.

“El general Manzo era alto, güero y fuerte, nos dijo que ya tenían línea de matarlo a él (Margarito), y a otros sacerdotes en Taxco, así que no nos aceptó nada y luego de que el padre dijo su oración, lo mataron”, recuerda Josefa.

El crimen de Margarito Flores García fue el de ser sacerdote al final de la Revolución Mexicana, y aunque los católicos consideran la muerte del párroco como parte de la llamada “persecución religiosa”, los testigos de los hechos y la reveladora presencia de Los Colorados dan una imagen distinta del fondo de la matanza a este sector.

Margarito Flores en 1926

“Después de que lo mataron se lo llevaron al panteón y ahí lo enterramos con el pueblo. Unos días después vienen sus familiares por los restos y nos llamó la atención de que aún había sangre en la tumba, como si no estuviera muerto”, relata la mujer de más de un siglo de existencia.

La oscura presencia de Los Colorados culmina un par de años después del asesinato del párroco y de un comisario que ocultó la ubicación de Margarito, sin embargo, en donde murió una figura, nació una creencia que actualmente alimenta a Tulimán, pueblo alfarero y mezcalero.

“El señor nos dio de bendición mucha agua en el pueblo, por eso seguía brotando sangre del padre cuando lo fueron a exhumar”, dice la abuela Josefa sobre el santo beatificado el 22 de noviembre del 2000 por Juan Pablo II.

Y en Tulimán una humilde cruz de madera grabada nos recuerda:

“Aquí falleció

El señor Cura Margarito Flores G.

El 12 de noviembre de 1927.

Pide un sudario.”