Mundo. Sociedad- Una de cada cinco mujeres tendrá problemas de salud mental durante el embarazo y el postparto. Sin embargo, solo una de cada cuatro se diagnostican, lo que significa que un 75% de las enfermedades mentales surgidas en este periodo pasan desapercibidas y sin tratamiento adecuado para las madres. El estigma social y la falta de detección precoz son algunas de las claves que ayudan a entender estos números

"Hay un estigma muy grande alrededor de las enfermedades mentales en general y en el periodo perinatal en particular. Es un momento en el que se supone que la mujer tiene que estar muy feliz, tiene que ser el mejor momento de su vida y ellas mismas se sienten muy culpables si no es así”, dice Elena Serrano, psiquiatra especialista y representante de la Sociedad Marcé Española para la Salud Mental Perinatal.

Para visibilizar el tema y aumentar la conciencia sobre los problemas de salud mental materna, se ha celebrado del 4 al 10 de mayo, la Semana Mundial de la Salud Mental Perinatal. Treinta y nueve países y 155 organizaciones se han unido en una campaña para declarar el 6 de mayo como el Día Mundial de la Salud Mental Materna y sensibilizar al conjunto de la sociedad para este tema.

“Las mujeres que sufren algún tipo de problema mental en el periodo perinatal tienen que saber que es algo muy frecuente, que no les pasa solo a ellas y que hay salida. Hay profesionales que pueden ayudarlas”, dice Alfonso Gil, psiquiatra y docente del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.

La depresión postparto es el trastorno más frecuente. Pero hay otros, como la ansiedad, la depresión durante el embarazo, el trastorno obsesivo compulsivo o el trastorno bipolar, y el más grave de todos, y el que se da con menor frecuencia también, la psicosis postparto. Los desencadenantes pueden ser variados. “El embarazo es un cambio importante, a nivel fisiológico, psicológico y de modo de vida, con lo que conlleva un cierto grado de estrés; están los factores hormonales; el insomnio que es muy importante en el equilibrio mental y la componente psicológica”, destaca Serrano.

Además de las consecuencias físicas y psicológicas para la madre, que se ve impedida de disfrutar de esta etapa de su vida, que vive con culpabilidad y una carga emocional difícil de soportar, de no tratarse, la enfermedad mental materna puede afectar directamente al feto y al recién nacido con impacto sobre su desarrollo físico, cognitivo y emocional.

La estabilidad mental con la que una se enfrenta a un embarazo depende de las vivencias que haya tenido anteriormente. "Si surge algún problema en el embarazo, o si se han tenido complicaciones en embarazos anteriores, que han llevado, incluso, a una pérdida perinatal, es normal que la mujer sienta miedo y mucha angustia en los primeros tres meses, por ejemplo", dice la psiquiatra. Sentimientos normales que, en el caso de persistir y ser difíciles de gestionar deberían hacer que la mujer pidiera ayuda profesional.

Pero la vergüenza y el estigma social hacen que las madres vivan estos sentimientos en soledad y no busquen ayuda especializada. Por eso, señalan los especialistas, sería importante que los profesionales de salud que más contacto tienen con la mujer en este periodo, estuviesen atentos y pudieran hacer un diagnóstico. “Lo ideal es que se incluyera como una parte más de las pruebas de rutina que se hacen a la embarazada en atención primaria y con las matronas”, insiste Gil. “Tal y como se hacen las pruebas de diabetes y demás enfermedades que pueden surgir con el embarazo, tendrían que hacerse lo mismo con la salud mental, con un cribado sencillo, de dos preguntas sobre su estado de ánimo. Y a partir de ahí, según las respuestas, hacerle seguimiento y derivarla a los especialistas si hiciera falta”, añade.

Se trata del test de Whooley, dos preguntas sencillas que ayudan a evaluar el estado anímico de las mujeres: si durante el último mes se han sentido bajas de ánimo, deprimidas o desesperanzadas; si han experimentado falta de interés o de placer en hacer las cosas. Las que contesten de forma positiva a una o a las dos preguntas necesitan un seguimiento más amplio para descartar posibles problemas de salud mental.

Gil llama la atención también para los casos en los que las mujeres ya padezcan algún tipo de trastorno, aunque sea leve, como la ansiedad: “El embarazo no es un factor protector, al revés. Puede desencadenar algún tipo de problema y, si han existido problemas de salud mental anteriormente lo más probable es que vuelvan”.

La familia y el entorno más cercano tiene también un papel determinante en la detección precoz. “Tienen que estar atentos porque, de normal, la mujer es muy reacia a pedir ayuda. Por eso es tan importante desmitificar estos temas, que el conjunto de la sociedad sepa identificar las señales para que puedan pedir ayuda”, dice Serrano. En general, el sentimiento de angustia, la preocupación constante con el embarazo y el insomnio son síntomas de que algo podría no ir bien a nivel de salud mental.

Cuando llegan a la consulta, la mayoría de las mujeres carga con un enorme sentimiento de culpabilidad y una etiqueta común rebotando en sus cabezas: “mala madre”. “La maternidad siempre se ha edulcorado. Y las mujeres tienen que saber que no hay una sola manera de vivirla, hay muchas, todas diferentes y que no son malas madres porque no se sientan del todo felices en esa época, o porque desarrollen un problema de salud mental”, recalca Gil. “No tiene nada que ver con su bebé, ni con que no lo quieran lo suficiente, pero muchas vienen con esa carga”, añade Serrano.

Por ello, algunos países han desarrollado, en paralelo a la campaña por la salud mental materna, otra iniciativa, con el nombre No Eres Mala Madre, contra el estigma y la culpabilización de las mujeres

Los especialistas insisten en la necesidad de normalizar una situación que es muy habitual – una de cada cinco mujeres la padecerán- y en la importancia de hacer ver a las madres que no están solas. “Es muy frecuente, es algo que no depende de su voluntad, ni de que hayan hecho algo mal y con ayuda profesional se puede tratar”.

En la situación actual de pandemia y con el aislamiento social obligatorio, los especialistas piden especial atención. Porque si ya es una situación que puede desencadenar cuadros de ansiedad en toda la población, un embarazo podría agudizar todos estos síntomas, al igual que el postparto.

Fuente: https://www.elespanol.com