Chilpancingo, Guerrero.- Un carro de nieves es todo lo que necesita Isidro para no aburrirse. Tiene tan sólo 12 años y la pinta de todo un buen emprendedor, seguro de lo que quiere.

A su corta edad, el trabajo representa una forma de diversión, más que una condena.

Su punto de venta se encuentra en medio de los dos bancos que se localizan en el zócalo de Chilpancingo. No necesita más que un banco de herradura, ya oxidado, y la sombra de un árbol para colocar su triciclo de carga. Su jornada de trabajo comienza a las 11 horas.

En su escuela, la secundaria Raymundo Abarca Alarcón, no es el único niño que trabaja, otros de sus compañeros son meseros o trabajan en tiendas. No le avergüenza decir que vende nieves.

Las personas que compran algún cono de nieve le dan recomendaciones de cómo preparar la crema helada, aunque él les aclara que no prepara lo que vende. Su papá es quien hace todo y quien también desde otro extremo del centro ofrece chamoyadas y raspados.

Otros desconfían que pueda realizar cuentas de forma correcta o incluso de que pueda servir un buen cono.

Es un chico muy seguro, pero a la vez tímido con las personas que intentan sacarle una conversación. Viste una camisa color vino, con un pantalón de mezclilla, unos zapatos viejos enlodados y un chaleco de estambre color azul marino, que probablemente ocupaba en su anterior escuela o que alguien le heredó por caridad.

De su vida personal se sabe muy poco. Solo que tiene seis hermanos y una madre y un padre. Lo segundo es que en esta parte de su vida, no sueña con emprender su propio negocio de helados, él piensa en ser un maestro de escuela, pues tiene el anhelo de transmitir el conocimiento.

También, sabemos que le preocupa resolver un problema de ajustes con su celular. Ya que no halla la forma de cómo poder desbloquearlo con el uso de su huella digital.

Estudia de lunes a viernes y también se regala el tiempo para jugar xbox.