No han pasado ni 15 días desde que, cobijado por todo el gabinete de seguridad del presidente Enrique Peña Nieto, Héctor Astudillo Flores asumió como gobernador cuando en Guerrero ya han ocurrido dos masacres, enfrentamientos entre comunitarios y sicarios, además de decenas de matanzas, sin dejar de contar los asesinatos que todos los días suceden en Acapulco.

No han pasado ni 15 días cuando en Cuajinicuilapa, Costa Chica de Guerrero, este domingo un grupo de hombres armados llegó a un taller mecánico donde se desarrollaba una pelea de gallos y disparó a quemarropa contra los asistentes, matando a 12.

Y este lunes en Chilapa, un municipio disputado por dos bandas del narcotráfico: Los Ardillos y Los Rojos, un grupo armado entró al poblado de Tetitlán de las Limas y mató a seis pobladores, una niña y un niño entre ellos, cinco de los cuales eran familia del ex director de Seguridad Pública municipal, Silvestre Carreto González.

Desde el 27 de octubre, la fecha en que Astudillo con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunciaron una nueva estrategia de seguridad poniendo por delante a las fuerzas castrenses, en Acapulco los crímenes diarios no han bajado. Apenas este domingo hombres armados llegaron a una cancha de futbol en la colonia Izazaga donde se había desarrollado un partido y mató a tres hombres e hirió a dos más.

Acapulco no deja de generar información para la nota policial. En Acapulco no hay tregua entre bandas rivales. No hay tregua para que el odio se transforme en bala y la bala en muerte. Desde hace 15 días que Astudillo asumió como gobernador con la promesa de traer orden y paz a todos los rincones de Guerrero y en Acapulco ha habido 30 asesinatos violentos; es decir, dos cada día, según recuentos periodísticos.

También, en los pueblos de la sierra colindantes con Chilpancingo han asesinado a comisarios y la policía ciudadana de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) se enfrentó apenas este sábado con hombres armados que, de acuerdo con el dirigente Bruno Plácido Valerio, eran sicarios de un grupo delincuencial que opera en la zona.

Ocurrió en Polixtepec, municipio de Leonardo Bravo (Chichihualco) apenas a una hora de distancia de la capital del estado. Policías ciudadanos subieron al poblado para investigar el asesinato del comisario Joaquín Romero Ríos y su secretario Víctor González Luna, emboscados el miércoles 4 de noviembre.

Los policías llegaron a mediodía para dar con los asesinos y fueron recibidos a balazos. El enfrentamiento duraría varias horas. Al final hubo tres muertos de parte de los agresores y seis heridos de los miembros de la UPOEG. La información sería confirmada horas más tarde por Plácido Valerio.

Por la noche, los sicarios se trasladaron al hospital General Raymundo Abarca Alarcón, de Chilpancingo, a donde fueron llevados los heridos y dispararon contra la fachada, en respuesta al enfrentamiento y caída de los tres miembros de la delincuencia.

Las dos matanzas La noche del domingo en Cuijinicuilapa, un municipio de la Costa Chica de Guerrero colindante con Oaxaca, hombres armados llegaron a donde se desarrollaba una pelea de gallos, un taller mecánico ubicado en el centro de la cabecera municipal y dispararon contra los presentes. Las primeras versiones policiales hablaban de 10 muertos, pero más tarde se confirmó que habían sido 12, dos de ellos menores de edad, y cinco heridos.

El fiscal general del estado, Miguel Ángel Godínez Muñoz, dijo que la agresión se debió a que los hombres fueron por un capo local, cuyo nombre no mencionó. Mientras que este lunes, el alcalde Constantino García Cisneros ofreció una conferencia de prensa en el ayuntamiento para calificar de “barbarie” el acto y lo redujo “a un hecho aislado”.

Los muertos, al menos los 10 primeros que se dieron a conocer, son: Alejandro Vázquez Pérez de 27 años, José Marín Flores de 41, Isabel Santiago Melo de 40, Cristian Añorve Santiago de 12, Pedro Cano Alfaro de 26; Anuar Ávila Rentería de 32 años, César Infante Sandoval de 37, Jorge Andrés López Peláez de 37, Carlos Melo Carrillo de 53, y Jesús Rafael Cuevas Abarca.

No habían pasado ni 24 horas cuando en Chilapa de Álvarez, un municipio ubicado en los linderos de la región Centro y Montaña de Guerrero, hombres armados entraron al poblado de Tetitlán de las Limas y mataron a seis, entre ellos una niña y un niño, ambos de dos años, y una mujer.

Chilapa está en disputa por los grupos delincuenciales: Los Ardillos, que operan en el municipio colindante de Quecultenango, y Los Rojos cuya zona de influencia es Chilpancingo y sus alrededores. En mayo pasado, supuestos policías comunitarios entraron a la cabecera para detener a gente que trabajaba para Los Rojos, situación por lo que la población los puso del lado de Los Ardillos.

A partir de ese tiempo no paran lo asesinatos y detenciones arbitrarias. Son 14 los casos documentados de hombres que habrían sido detenidos-desaparecidos. Estos son: los hermanos Miguel, Víctor y Juan Carreto Cuevas; Crispino Carreto González y Samuel Carreto Vázquez, que son padre e hijo; además: Daniel Vázquez Romero, Sergio Deramona Abarca, Jaime Villanueva Altamirano, Jorge Jaime Abarca, Alexandro Nava Reyes, Sebastian Alonso Jaimes, Carlos Emanuel Maza Nava, Jorge Salmerón Hernández y Arturo Gutiérrez Jaimes.

En este contexto enrarecido por la violencia se dio la matanza de este lunes en Tetitlán de las Limas donde hombres armados mataron con rifles AK-47 a la familia del ex jefe policiaco de Chilapa, Silvestre Carreto González, cesado en 2014 por el Grupo Coordinación Guerrero, luego de una balacera en el centro de la ciudad y cuyo paradero se desconoce.

La familia asesinada está compuesta por María Guadalupe Carreto González, madre de los dos niños; Rubén Carreto Carreto y Antonio Godínez Cortés, además de otro hombre identificado como Moisés Calzada Rendón. Los cuerpos quedaron esparcidos en un radio de 50 metros. Una semana antes, el martes 3 de noviembre, un hijo del ex jefe policiaco desaparecido, Alejo Carreto Cuevas de 27 años, fue asesinado en Ahuihuiyuco, del mismo municipio.