México.- La sangre esparcida, los casquillos, los guantes de látex tirados y la gorra de un militar olvidada certifican los 30 minutos de balazos que le provocaron la muerte a 14 presuntos criminales y a un soldado la tarde del martes en la calle principal de Tepochica, un pequeño poblado de Iguala.

El silencio es también una evidencia de ese momento de terror. Se escucha de manera profunda y sólo lo rompen los gritos de los niños o el paso del transporte público.

Las calles están casi vacías porque ayer no hubo clases, por la noche avisaron que los profesores no llegarían. Lo mismo pasó con los médicos y enfermeras de la pequeña casa de salud del poblado.

Muy pocos caminan por las calles y los que lo hacen pasan aprisa, no se detienen y cuando los reporteros preguntan por lo que pasó la tarde anterior, las respuestas son monosílabas, sí o no, y siguen su paso.

“Yo no le puedo decir cómo pasó porque no escuché los balazos, me enteré por las noticias", dice una mujer que vive a la vuelta de donde se dio el presunto enfrentamiento.

Los vecinos cercanos al lugar son escuetos en sus relatos, pero todos coinciden: fueron 30, hasta 40 minutos de balazos. La mayoría no vio cómo ocurrió, se escondieron.

"Eran como las 16:40 horas, yo estaba comiendo. Cuando escuché los balazos, lo que hice fue correr a meter a mis hijos, me encerré y no salí hasta que los soldados vinieron a tocar a la casa", cuenta una mujer.

Tepochica es un pueblo pequeño, de unos mil habitantes. Hay una calle principal rodeada de casas y callecitas de tierra, también un preescolar, la primaria, la secundaria y un bachillerato, una cacha multiusos, la comisaría y nada más.

Sobre la carretera federal Iguala-Chilpancingo está la funeraria Ángeles, que hace las funciones de Servicio Médico Forense. Ahí llegaron personas a preguntar por sus familiares.

Hasta anoche, según fuentes de la Fiscalía General del Estado (FGE), ya habían identificado a 10 de los 14 presuntos criminales abatidos.

En Iguala, desde hace un mes comenzó una nueva disputa entre organizaciones criminales.

Los vecinos cuentan que inició días después de que liberaron a un presunto líder del grupo Guerreros Unidos y a policías municipales de Iguala y Cocula, todos presos por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Buscan recuperar lo que perdieron hace cinco años, cuando el control quedó a cargo de un grupo llamado Los Números, que, supuestamente, se negó a someterse ante los antiguos líderes. Eso desató la confrontación.