México.-Treinta años después de la unificación de sus antiguos Estados del Norte y del Sur, Yemen está a punto de volver a escindirse en medio de conflictos armados, reivindicaciones regionales e injerencias extranjeras.

El 22 de mayo de 1990, los dirigentes de la República de Yemen del Norte y de Yemen del Sur anunciaron en Saná, la capital, el nacimiento de un solo y único país, en medio de la euforia general.

Se trató de la consecución del "sueño de toda una generación de yemeníes", dice a la AFP el analista político Saleh al Baidhani.

Pero hoy ese sueño está roto, en un país sumido en conflictos interminables, con un mosaico de zonas rivales.

Saná y amplias zonas del norte están en manos de los rebeldes hutíes, mientras el gobierno controla la zona central de Marib y provincias del este.

Los enfrentamientos entre separatistas y fuerzas progubernamentales han abierto un frente en el seno mismo del campo de los antihutíes.

Todo ello ha conducido al fin del Yemen tal como fue concebido en 1990, según se admite en los círculos del poder, exilado en Riad.

Interrogado por la AFP, Ali al Sarari, consejero del primer ministro Main Abdelmalek Said, solo ve dos opciones para el futuro: "un Yemen fragmentado o un Yemen descentralizado y federal".

Pero esta última opción parece ilusoria: el conflicto en Yemen ha dejado desde 2014 miles de muertos, esencialmente civiles, según las organizaciones humanitarias, y el país se enfrenta a la peor crisis humanitaria del mundo, según la ONU.

"Malas bases"

Yemen fue unificado tras "revolucionarias transformaciones", recuerda Baidhani.

Tras un golpe de Estado por oficiales nacionalistas en 1962, la monarquía zaidita en el norte de Yemen se convierte en una república.

A su vez, el Sur se hace independiente en 1967, tras cuatro años de revuelta contra los colonos británicos. En 1970, se instaura ahí un régimen marxista, el único en el mundo árabe.

Dos ideología se oponen entonces: nacionalista en el Norte, socialista en el Sur. Pero ambas tienden a la unificación del país.

Pero el camino hacia un Yemen unido estará marcado por cruentos enfrentamientos, incidentes fronterizos, e interminables negociaciones.

En 1978, llega al poder en el Norte Ali Abdalá Saleh que sería luego el primer presidente el nuevo país, con el apoyo de antiguos dirigentes del Sur.

Pero muy rápidamente éstos se sienten excluidos del poder e intentan una secesión en 1994, sangrientamente reprimida por tropas venidas del Norte.

"La unidad del país estuvo fundada en malas bases, y tuvo toda la apariencia de una colonización del Sur por el Norte", explica Husein Hanachi, que dirige un centro de estudios en Adén.

El analista destaca así el desmantelamiento de empresas de Estado en el Sur en beneficio de empresarios del Norte, y la distribución de tierras a partidarios del presidente.

"Nueva realidad"

Además de la tentativa de secesión de 1994, el gobierno debe afrontar la amenaza de grupos yihadistas y grandes dificultades económicas.

En 2011, en la estela de la Primavera árabe, la revuelta en las calles obliga al presidente Saleh a dejar el país y se abre un período de transición difícil, en favor de su sucesor Abd Rabbo Mansur Hadi.

Los rebeldes hutíes, implantados en el Norte, aprovechan la situación y toman la capital en 2014.

La emergencia de los hutíes, apoyados por el Irán chiita, impulsó a su gran rival sunita Arabia Saudita, a apoyar al gobierno y formar una coalición militar, que interviene en la guerra yemení desde 2015.

Y con la proclamación el 26 de abril de la autonomía del Sur por separatistas --varios de sus elementos estaban formados por el aliado de Arabia Saudita, Emiratos árabes unidos-- la división de Yemen parece ya constatada.

"La unidad de Yemen en su estado actual ya no existe más", confirma Majed al Math, que dirige un centro de reflexión en Saná. "La guerra ha creado una nueva realidad", concluye.